Restaurant du Lac (Saint Pée-sur-Nivelle). La guinda de un buen plan

Muchas veces habíamos comido, por sólo 42,70 euros, cuatro vascos en la terraza de un restaurante asomado a un bello lago pero, hasta recalar en este Restaurant du Lac, cuando me disponía a pagar siempre sonaba el despertador o directamente me caía de la cama. Esta vez la experiencia fue real, aunque  el entorno del lago Aintzira también tenga mucho de onírico. Desprovisto del bullicio turístico veraniego, del olor a protector solar y a sangría que tiene pinta de predominar en verano, este paseo es algo parecido si no al paraíso, sí al limbo. Yo, que soy un buen chaval, espero que el edén que me espera sea algo así como ese paseo circular en el que imponente robles brotan en mitad del arenal para solaz de los bañistas, orondos cerdos de raza autóctona se permiten pasear por los jardines, distintos palmípedos saludan al peatón, la chavalería puede trotar entre abuelitos o dientes de león, grandes peces saltan ante la entretenida mirada de los curiosos, mesas salpican las campas, no faltan máquinas para hacer diferentes ejercicios, puentes y tirolinas invitan a subirse a los árboles… Y, para qué seguir. No queremos vender uno de los muchos chalets que bordean el recorrido; se trata de hablar de lo bien que comimos.

Después del paseo, nos sentamos en la referida terraza y, aunque vimos que los cocineros, adalides de la plancha, ofrecían chuletas de vaca, que una clienta se atragantaba con grandes cigalas y que una pizarra anunciaba dorade sauvage (dorada salvaje, vamos) para dos personas por 36 euros, dado que el comportamiento de los niños es impredecible, preferimos ir a lo más sencillo, a las ensaladas, las pizzas y el menú infantil. Y dimos en mitad de la diana.

La carta llegó acompañada por una gran botella de agua, se supone que de grifo (no va a ser Perrier), cortesía de la casa. Reseñable y importable costumbre francesa, que permite calmar la sed y ahorrarse conflictos y desembolsos extemporáneos a la hora de escoger con qué regar una comida. Al menos, las raciones de los críos. Así empezaron a caernos bien. Y se hicieron definitivamente con un hueco en nuestro corazoncito cuando posaron sobre la mesa su grande salade (ensalada descomunal), que incluye hasta un par de medallones de queso de cabra planchados y colocados sobre pan tostado, para comer como pintxos individuales, y una pieza de foie, también a la plancha, sobre una montaña de pato, churrasco, lechugas, picatostes, tomate, espárragos, maíz dulce y una rica salsa a modo de aderezo. Terrible (de buena).

Las pizzas superaban ampliamente el diámetro del plato, contaban con masa bien fina y hay que descubrirse ante la combinación de suaves láminas arrancadas a los corazones de alcachofas, champiñones a modo de crudité, jamón, cebolla y olivas negras de su 4 saisons. Y también hay que decir que un menú Pinocchio que conste de dos filetones de lomo, un buen puñado de patatas deluxe y un bolón de Carte d’Or de chocolate, adornado con el exotismo de un pequeño pay pay, es una magnífica opción para una bebita de cuatro años. Más si sólo cuesta 6,50 euros.

Total, que nos pusimos las botas (sobró pizza, que gentilmente se ofrecieron a empaquetar para dar cuenta de ella en casa, o donde fuera; y tomamos un par de cafés), disfrutamos las vistas, el sol y apuntamos esa casa de comidas como ineludible guinda a nuestra próxima visita al lago Aintzira. Planazo, oiga.

(disfrutado, en plan we are a happy family, por Igor)

Ver ubicación

9 rue Charles Cami – Lac de Saint Pée; Saint Pée-sur-Nivelle (Francia)

05.59.54.12.22

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