Goxua. Averno gastronómico

A falta de cabaña en lo alto de un árbol, siendo urbanita, el trastero era mi refugio. Allí me recluía para ojear sin cesar fanzines, revistas especilizadas y cómics. Todo transcurría con normalidad, terminó convertido en una relajada costumbre más, hasta que un día, subiendo el último tramo de escaleras, imaginé que, tras la tambaleante puerta que separaba los camarotes de la pendiente que conducía serpenteante a los rellanos de los seis pisos de mi comunidad, me espera la absoluta oscuridad. Que al doblar la esquina, enfilando hacia la derecha el angosto pasillo que conducía a mi cubículo, por la izquierda iban a aparecer, por sorpresa, Jason Voorhees (no confundir con Borges), Leatherface, Freddy Krueger, Freddie Mercury, Damien, la niña del exorcista, el hombre lobo americano en Londres y el resto de monstruos que habían hecho más pavorosamente excitante mi adolescencia.

¡Basta ya!, me dije. Desde hoy, mi mente será hermética. Las historias espeluznantes que me seducen no dejarán rastro en mi subconsciente. Entrarán por la retina y el oído, y saldrán vaya a saber usted por dónde. Pero saldrán de mí. Y resultó.

Desde entonces, las historias de terror ya no dejaban huella en mi ser. Tampoco era capaz de hacer una derivada, ni de recordar dónde había aparcado el coche, pero eso ya es harina de otro costal. El caso es que perdí memoria, pero gané calidad de vida. Y, sobre todo, las pesadillas pasaron a ser un vago recuerdo del pasado. Hasta que, recientemente, tuve el valor de pronunciar la palabra goxua cuando las gentiles meseras que sirven el rancho de la empresa me preguntaron qué postre deseaba para cerrar la comida del día. Goxua, dije, salivando ante la inminente degustación del postre tradicional alavés. Y me trajeron un engendro fabricado por Lacteos de Trucios, supuestamente con crema, nata, bizcocho y azúcar caramelizado.

La primera cucharada ya me condujo a un averno gastronómico en el que no hay sabores atractivos, ni aromas seductores, ni texturas gratificantes. Todo, sabor, aroma y textura, estaba muerto. ¿”Calidad artesana”, indica la etiqueta? Sintético, se antoja más preciso. Artificioso. Y desde entonces, lo que es peor, las pesadillas han vuelto a agitar mis noches. No hay semana que no me levante sudoroso, haciendo aspavientos para no volver a probar este fútil Goxua de Lacteos de Trucios.

(aún le molesta la tripa a Igor)

Lacteos de Trucios S.L.; Barrio Agüera, S/N; 48880 Trucios

94 680 92 85

3 Comentarios

  1. Solomonkey /

    No has leido bien la etiqueta, pone «calidad artesanal» y segun el diccionario de la RAE, artesanal viene de artesano, que en su segunda acepción y cito textualmente dice «modernamente para referirse a quien hace por su cuenta objetos de uso doméstico imprimiéndoles un sello personal» , y en este caso el sello personal estaba perfectamente definido.

  2. hmmm… Freddy Mercury relamiéndose el bigote con semejante delicatessen chorreandole por las comisuras es una estampa que no recomendaría al peor de mis enemigos.

    Yo que tú me ponía en contacto urgentemente con el psiquiatra o en su defecto, con Flanes Dhul.

  3. el chvo del ocho /

    doy fe amigoooss, duelese la tripita con esa alimentisia

    tambien recuerodo para dar mis miedos a patomas, orzowey y sobre todo a Elvira Mistress of the Dark

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