Restaurante Amelibia (Laguardia). Notable carta, sobresaliente menú

Sep 02, 10 Restaurante Amelibia (Laguardia). Notable carta, sobresaliente menú

Me encanta Laguardia, en La Rioja Alavesa. La Txurri sospecha que tengo ancestros licantrópicos por esos viñedos, a mí me atrae la vampírica Sierra Cantabria y he llegado a pensar que soy un arquero medieval reencarnado. Aparte, es reconocido mi éxito entre las quinceañeras en la piscina, por qué callármelo. Me siento a gusto entre las callejuelas de Laguardia, me mola asomarme al crepúsculo desde la plazoleta de la puerta de Páganos, desde donde se ve el brillo del hotel Marqués de Riscal de Elciego (a la izquierda de la iglesia) y donde en cualquier momento se puede beber de su fresca fuente. Siento adicción a los potes en sus bares: crianza Viñasperi y pincho de oreja en el Velar (La Txurri zurito sin y taco de bonito), cerveza Keler en botellín y gildas con dos huevos de codorniz, dos aceitunas y una anchoa en el Hiruko (La Txurri cerveza sin alcohol y, a veces, si tiene apetito, se abalanza sobre los sandwiches enormes, envueltos en papel film y con mucha lechuga y mahonesa), etc.

Ya conocedores de los vericuetos de Laguardia, acudimos al restaurante Amelibia espoleados por un comentario del cocinero establecido en Páganos Héctor Oribe en el suplemento GPS, del periódico El Correo. Semejante profesional ponderaba, derritiéndose en la evocación, el cochinillo deshuesado. Y al Amelibia nos dirigimos animados.

El restaurante es amplio, con suelo de madera y colores cálidos en general. Además, dispone de tres ventanas que se abren a los viñedos que miran a Navarra en unas vistas que descargan e inspiran. En el Amelibia nos sentamos dos días seguidos en agosto. El primero, un miércoles, el local rozaba el lleno. ¡Menos mal que reservamos! A pesar de avisar de que llegaríamos a las tres y que yo quería cochinillo, debimos esperar sentados mientras yo libaba un Luis Cañas de 2007 por 13 euros (más IVA; me atrajo también un Jaun de Alzate por unos 12), con aroma a compota, sabor afrutado, a moras, pelín ácido, color algo violeta y escaso posgusto que creció después. Como aperitivo nos obsequiaron con unas piparras asadas: algunas picaban que te mataban, otras no y te deleitabas. Y La Txurri se entretuvo con el pan, un trozo duro cortado de una barra (a un euro cada porción).

La Txurri (en ocasiones la llamo Mister No) se negó a amenizar la espera compartiendo un ‘crep de morcilla y piñones con salsa de tomate y pimientos verdes fritos’ (copio de la carta), no sólo porque nos advirtiera la risueña sumiller que era grande. Así que esperé hasta el advenimiento de los primeros platos: ella menestra de verduras (9 euros), natural y verde, con zanahorias de ensueño, champiñones de campiña inglesa, trigueros rústicos, vainas de verdad, coliflor blanquísima… (¡no apartó nada!); y yo una de las especialidades de la casa, ‘carpaccio de bacalao sobre salsa fina de ali-oli’ (11), suave, delicado sobre su sustrato de ali-oli, un tanto frío y nada moruno.

Comedor de restaurante Amelibia (foto: facebook de Amelibia)

Comedor de restaurante Amelibia (foto: facebook de Amelibia)

144 centímetros cuadrados celestiales

Luego ella pidió ‘lubina al horno con crema de calabaza y aceite de trufa’ (18), advirtiendo a la sumiller y maitre que el puré de calabaza no se lo colocaran sobre el pescado y que no hubiera ni una gota de aceite, a poder ser. La ración, una cola, le encantó. Pero lo mío llegó a lo celestial: ‘cochinillo confitado al horno, deshuesado sobre manzana ácida’. Un cuadrado de 12 cm de lado, en total unos 144 centímetros de gozo puro. No te cansabas. El cerdo junior lo sirven deshuesado y la piel les queda tan tostada y brillante que parece la capa de una crema catalana. Estaba sabrosísimo, suavísimo, jugosísimo, apetitosísimo… Sin patatas ni ensalada, pues lo presentan sobre un consistente puré de manzana. Eso era una pasada que no cansaba, aunque al consumir el 25 % ya podía uno sentirse saciado. Y al de dos tercios de masticación sin esfuerzo el plato permanecía estéticamente impecable, la piel seguía crujiente y tentadora y el sabor no menguaba. Nada que ver con los asados al estilo castellano, que suelen decaer según les haces justicia y se tornan repetitivos.

Satisfechos, pero no a explotar, como aún me quedaba vino, de postre pedimos para compartir una ración de queso. 10 eurazos nos cobraron por unos trocitos de Idiazabal curado y ahumado, muy ricos, eso sí. Pero carísimos. Por ese detalle del sobreprecio y la demora que a La Tuxrri casi le saca de sus casillas (es tan impaciente…), no dejamos propina.

Y aunque no lo anuncia, el Amelibia entre semana ofrece unos ajustados e interesantísimos menús por 16,20 euros (IVA incluido). Repetimos al día siguiente y, como observó La Txurri, el menú se impuso a la carta: el pan estuvo mejor (más tierno el día del menú), el agua en botella de cristal era la misma (Solares, a 2,5 en la carta), el servicio casi igual (no te retiran los cubiertos con el primer plato), idéntico el aperitivo piporrudo y la ubicación de la mesa mejor (nos colocaron al lado de una de las ventanas, pues el comedor estaba poco solicitado ese jueves).

Alcachofas, en Amelibia (foto: gastroranking.es)

Alcachofas, en Amelibia (foto: gastroranking.es)

No encuentro las notas, pero recuerdo que el vino sabía floral y competente (de año, de Laguardia). De primero, La Txurri descartó la menestra de verduras que ingirió la víspera y, a pesar de mis súplicas, se negó a una ensalada fresquita veraniega con frutas (mango, melocotón… slurp). Se decantó por la pasta carbonara, correcta, sin más, según su experto paladar en pastas. Yo escogí sano y ligero: unos puerros a la vinagreta, suaves, untuosos, blandos, pequeños y dóciles que alineados decían cómenos, cómenos. De segundo, descartamos la merluza (se cantaba en la carta de ese día) y el bonito sobre pisto, yo me tiré a por un conejo guisado riquísimo, suavísimo, sabroso, con alcachofitas estupendísimas, y La Txurri por un estofado de jabalí contundente, al punto, montaraz… Le encantó a la muy carnívora. Y de postre, ella dos bolas de helado sin adornos de chocolate líquido ni trocitos de golosinas coloreadas, y yo unos canutillos de crema pastelera sobre un lago de fino chocolate que no olvidaré hasta que repita en la próxima ocasión y que se encuentran en la carta.

Si la comida de la víspera llegó al notable alto (83,50 euros), esta del menú, en su relación calidad-precio (33,90 con un café), alcanzó el sobresaliente y dejé propinilla. Ya tengo ganas de volver a Laguardia y al Amelibia a degustar las kokotxas que pondera generosamente el chef Oribe, o esas patas de cerdo con fuet al que los gourmets internautas califican como las mejores que han comido en su vida. Y a ver si convenzo a La Txurri para que escoja un ‘centro de chuleta a la brasa con Idiazabal’… Es que no me hace nada de caso.

(Contrastado por Oscar Cubillo)

ver ubicación

Cuesta de Barbacana, 14; Laguardia (Álava)

945 621 207


3 Comentarios

  1. Dandy /

    Fui al Amelibia un fin de semana y una chica diligente y simpática hacía de maître, sumiller y camarera, pese a lo cual el servicio no se resentía en absoluto. De entrantes pedimos para compartir el ‘Carpaccio de bacalao con salsa fina de ali oli’, que estaba bueno pero sin entusiasmar (quizás esperaba más porque había leído diferentes reseñas en el que se alababa este plato) y una menestra de verduras (9 E) estupenda y plena de sabor. Segundos también para compartir: rodaballo al horno que nos ofreció fuera de carta (22 E), francamente apetitoso, y manitas cerdo con foie y salsa de Pedro Ximenez, manitas presentadas deshuesadas en forma de timbal con el foie encima, bien. De postre: torrija flambeada caramelizada sobre crema inglesa -una especie de natillas- y acompañada de helado de canela (7 E), esponjosa, riquísima. Vino: Artuke Maceración Carbónica (8 E), que me gustó aunque tiene un sabor bastante diferente al clásico Rioja; es un vino fresco, joven, alegre y que te deja sensación como que tiene un poco de burbuja. Buen restaurante, para repetir sin duda. Buena relación calidad-precio: 43 euros pax.

  2. Estoy totalmente de acuerdo contigo con los canutillos de crema pastelera, son los mejores que he probado.

  3. Cuidado con los éxitos con las prepúberes que las carga el diablo. Y por cierto, de ser arquero seguro que serías Aquiles y que la flecha jamás llegaría a la tortuga. A conformarse entonces. A falta de tortugas buenos son los cochinillos.

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