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Súbito, Copi’s, Txispintxo… La oferta de comida rápida en Portugalete es extensa. Cómo no. No obstante, pese a las apariencias, la de ningún local supera a la de La Terraza. No es casualidad que este refugio de rockeros se hiciese con el Premio Popular al Mejor Pintxo Tradicional en la última Ruta del Pintxo de la villa jarrillera. Su carta, ni corta ni excesivamente larga, ofrece raciones, fundidos y hamburguesas. Y el menda en su última visita, en deliciosa compañía, optó por una combinación que no duda en recomendar.

Resultó una elección donde el picante, redescubierto con los aceites de las pizzerías de Iparralde y el gusto por el mismo de mi ídolo de la democracia, obligaba a duplicar la satisfacción con reparadores tragos de Voll-Damm. Gran maridaje.

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Primero desfilaron ante nuestros ojos unas patatas mixtas (las ofrecen con queso y salsas alioli, brava y barbacoa) idóneas para abrir boca. Patatas fritas de verdad. Los pimientos verdes quizá pasaron algo desapercibidos, pero los fuegos de artificio comenzaron a sonar cuando el bueno de Iñaki puso sobre la mesa unos nachos Frank Sinatra siderales, guarnecidos con bacon, pepinillo, carne picada, pimiento rojo, queso, comino y salsa chimichurri. Enjundiosos y subrayados por un picor elegante, mas atrayente que disuasorio.

Aunque la niña bonita del local es la hamburguesa Mardi Gras, evocación de Nueva Orleans con picante salsa cajún, pepinillo y queso, decidimos jugárnosla con la llamada saltxiburguer. E hicimos pleno. La carne se moldea a modo de bastón o salchicha, para que se ajuste a una chapata delicada, crocante y templada que ensalza el gusto de las rodajas de tomate, la alegría que aporta el generoso pepinillo y la sabrosura de la salsa chimichurri. Amén de la contribución de cebolla, queso, albahaca, comino y aceite de oliva. Excelente sinfonía.

El fin de fiesta llegó con una botella de Gecko, gominola liquida a base de vodka y con gusto a caramelo que se bebe por chupitos como si fuera agua. Pero eso ya da para otro post… En su próxima visita a Portu acérquense a La Terraza y pidan de comer. Si no lo tienen claro, déjense asesorar, hagan como yo y allí, entre cuadros de Janis Joplin, The Blues Brothers y (Eric) Clapton is god, serán felices.

(aplacó su sed y sació su apetito de semidiós, Cuchillo)

General Castaños, 8; Portugalete
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escanear0002 (2)El autor: CUCHILLO

Es el pequeño de los Cubillo Brothers. Nació en 1991, en el mismo Bilbao, es más de salado que de dulce y acostumbra a disociar, con lo cual cambia de apariencia física con frecuencia. Como Robert de Niro antes de rodar Toro Salvaje, pero a lo tonto, por la cara. Él es más de toro tataki. Aprendió pronto que Dow Jones no es un cantante, le incomoda la fama de criticón, pues siempre ha sentido simpatía por el débil, y una máxima guía su proceder: «más vale que zozobre, que no que zofarte…». Católico practicante, que no celebrante, en su bautizo el párroco ofició vestido de Elvis, cantó himnos y salmos, y entonó el ‘Burning Love’. Vio la luz el día que se fotografió con Ferran Adrià y el de L’Hospitalet de Llobregat le puso una mano sobre el hombro al tiempo que decía: «Cuchillo, la gastronomía es el nuevo rock and roll». Amén.[/box]

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Periodista y gastrósofo. Heliogábalo. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Director de Suite, el único foro gastronómico sin cocineros de este país.

igorcubillo.com