Fideuá de mariscos Marinesca (Prescindible)

En mi último exilio-retiro vasco francés decidí malcomer. Debía dedicar mi tiempo a reflexionar y flagelarme, y no era plan de buscar la paz y tratar de encontrarme a mi mismo entre el humo de un cocido en  ebullición. Así pués, me entregué a las conocidas bondades de la industria conservera española. Craso error, sí.

Me jarté a latas de reducido precio y cuestionable calidad, pero reservé unos 6 euros para un paquete de fideuá de mariscos Marinesca con el que fantaseaba batir la sabrosura de las que cocina Jordi, nuestro apagafuegos de cabecera.

Con su banderita española y su cocinero de reparto, el envoltorio era un poco casposo, pero eso no me desanimó. Lo que me empezó a escamar fue el olor que salió de la lata que contiene el caldo y los tropiezos (calamar, pulpo, mejillón, zanahoria y guisante): me recordó a los vinagres baratos (escabeches, salsas americanas, etc) que embadurnan las conservas de baratillo. ¡Y eso que el vinagre no se cuenta entre sus ingredientes declarados! Pero resultó ser como una mezcla de esos gruesos fideos perforados empapados con las clásicas salsas de pota, mejillón y demás. Mediocre e impersonal.

Mejoró con mayonesa, pero eso tampoco es reseñable. Lo decía Maruja: «hasta la mie*** está rica con mayonesa». Cuanta sabiduría contenida en siete palabras».

(cuchillo)

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