Bar Restaurante Picos de Europa (Llanes). Menú de combate

Los picos en cuestión.

Los picos en cuestión.

Por el ecuador de mis merecidas minivacaciones pre-Semana Santa La Txurri rechazó en Llanes que la invitara a una mariscada en un local que nos descubrió este blog pero yo, pragmático, me propuse que ese día papearía pollo. Merodeando por el soleado asfalto llanisco vimos menús del día sin glamour pero nos decidimos nada más toparnos con el cartelón del bar restaurante Picos de Europa (¡a 9 eurillos, impuestos incluidos!). Incluía pollo asado o al ajillo, a elegir, y me manifesté rotundo: «aquí». Ella se acojonó ante el garito: antañón, bastante sombrío, con parroquianos de la España rural profunda en la barra y currelas en las mesas protegidas con hules ajados, la tele encendida, un ventilador antiguo e inmóvil incrustado en la luna de la fachada, un banderín del Sporting en la pared de una temporada en la que yo igual ni había nacido y un baño que no visité (luego me informaron que el de mujeres tenía una fregona dentro y un anuncio institucional que certificaba su desratización y desinfección).

Entramos y el dueño del local nos atendió con cara de pasmo. Le preguntamos si se podía comer en la entreplanta, nos contestó que donde quisiéramos, y hala, sube y baja todo el rato por la escalera de madera para atendernos el dueño y la camarera, que era su hija (cocinaba La Manuela, esposa y madre respectivamente). Ahí arriba, al margen de la Humanidad circundante, había una ventanita con repisa donde unos quesines se oreaban. Los vio La Txurri y soltó de la misma: «¿Mangamos uno?» (no lo revelo como broma, sino para denunciar su comportamiento). Desde ahí arriba, igual que en una base avanzada estadounidense perdida en algún valle afgano, oteábamos el escaso movimiento del bar (ponían tapas, algunos clientes regresaban al poco rato…) y la tele emitía noticias de Gorliz: de casa, buena señal.

En el menú había fabada, pero pasé de ella, y pedí arroz con almejas. Me subieron una generosa bandeja alargada que colocaron a mi lado. Para dos personas había, pero apenas la compartí y la acabé como un currela de la construcción (que tengo saque, observó la camarera adolescente cuando me pilló a media tarea). Los granos arrancaron regular pero acabaron de rechupete y maridaban con el rosado que pedí y que me trajeron caliente de alguna lonja cercana; una botella de vino de mesa de Bodegas Los Santos. «Cuando el vino es malo, hay que pedir claro», sentenció La Txurri. Yo me limpiaba los morros con servilleta de papel y miraba a ella organizando su ensalada mixta, a la que expropié todos los espárragos y no pocos trozos de huevo cocido. Estaba riquísima en su campechanería, oigan.

Luego la chica volvió a escalar las escaleras para traer los segundos. Yo pollo asado: un jugoso trozo de pechuga guarnecido por patatas fritas ricas, pimientos reales y hasta champiñón alegre. ¡Ñam-ñam! Me puse como el quico y untaba la salsilla, levemente alicorada, me parece que con vino blanco tratada. Susana descartó el pollo al ajillo (no la pude convencer para así probarlo también), por supuesto ni se interesó por el bacalao, posó sus ojos verdes en los huevos con chorizo y patatas, y pidió albóndigas con patatas, salsa de verdad y licorcillo infiltrado. Esas pelotillas le daban mil vueltas a los albondigones prestigiosos de Casa Cofiño aquí ya comentados. Ese era un plato casero de verdad que hacía justicia a la primera parte de la promoción del bar Picos de Europa: cocina casera / menú diario / platos combinados.

Y de postre semejante menú de combate suministraba flan estupendo (para ella) y queso con membrillo (para el menda). La Txurri remató: «Me encanta estar aquí, en plan cutrín». Yo pedí un café solo y ascendió excelente y elegante en su servicio. Al acabar descendimos del altillo. Ya el bar estaba vacío de clientes y la madre, la hija y el padre nos observaban intrigados detrás de la barra. Pregunté qué se debía por los dos menús y el café, calculó la chica que 19 (nueve cada menú, uno el café riquísimo), le tendí un billete de veinte lereles y le dije que en paz (qué menos con tantas escaladas del servicio). Susana quiso repetir al día siguiente (había casi lo mismo escrito en su cartelón, con el añadido de jibiones encebollados) y me negué (en mala hora, por eso no lo cuento).

(Posdata: Ya en casa, buscando una foto del local, encontramos en el diario asturiano El Comercio el artículo ‘Las terrazas emergen en Llanes’. Nosotros sostenemos que han peatonalizado salvajemente el pueblo, pero los hosteleros andan contentos por ahora. Rezaba el párrafo de esta tasca casta: «María Manuela Llera, del Bar Picos de Europa, también ha hecho una inversión importante para la instalación de una pequeña terraza, en principio de cuatro mesas, que ha dado un aire nuevo a su negocio. ‘La terraza no sólo ayuda al negocio sino que los clientes están encantados porque les gusta sentarse en la calle incluso para comer. Tendremos que contratar gente’, apunta. El hecho de que, encima, no crucen coches por la vía, le parece fantástico. ‘Antes era hasta peligroso, pero ahora es un lujo’, opina»).

(Cayó bien a toda la familia Óscar Cubillo)

ver ubicación
Manuel Romano, 2; Llanes (Asturias)
609 854 613

1 Comentario

  1. elvecinu /

    Gran post que recoge la esencia paisajística y humana del Oriente astur. Asturias es así y por eso nos gusta, ¡que no cambie!

    ps

    y la próxima vez que pase vd. por llanes nos llama y le invitamos a una sidra en el prau

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