Abaroa Euskal Sena (Sondika). Animalada de alubiada

NOSÍ (+5 rating, 1 votes)
Cargando…

Alubias del Abaroa Euskal Sena (foto: Mr. Duck)

El Euskal Sena es uno de los restoranes populares de Bilbao, sito en la cima del monte Artxanda y perteneciente a la cadena Abaroa. Este enorme tinglado cuenta con un parking de 250 plazas y comedores para más de 600 comensales. Además, hay alguna barra para hacer tiempo, rincones para que jueguen los niños y hasta discoteca, pues tal enclave suele albergar bodas.

Sus rectores se definen especializados en pescados y carnes a la brasa, pero el caso es que recibí un bono descuento de Colectivia y, cuando Pato me confirmó que pondría el coche, lo compré pensando que por el vino ya merecía la pena. Rezaba así la oferta: «¡Menú Alubias en el Restaurante Abaroa Euskal Sena por 19,3 €! ¡Una opción gastronómica tradicional con productos de primera calidad!». Se supone que el precio normal es de 32,1 €, se incluían entrantes y postre, y se regaba con agua y Viña Pomal Crianza Centenario. O sea que caímos en la tentación.

Utilizamos los cupones un sábado nevoso. Ese día de febrero estaba casi lleno nuestro amplísimo y bullicioso comedor de la planta inferior, con decoración de caserío vasco (yuntas en las paredes, vigas de madera, alacenas…) y mesas ocupadas sobre todo por familias. A nuestra vera había una mesa redonda de unas nueve plazas que, oh casualidad, acogió a conocidos de Pato que también habían comprado los cupones de la alubiada. Y es que el empático Pato conoce a gente en todo el mundo.

Al poco nos trajeron el agua, Aquabona, perfecta, y el Viña Pomal, de Haro, de 13,5º, con aromas a grosella y mora, paladar astringente y muy rico. Y no tardaron los entrantes, presentados en un plato pintado con brochazos de dulce y guisantes. Se trataba de un aperitivo con dos croquetas de chipirón per cápita (perfectas también, en su punto, redondas, esponjosas, negras y con trozos de chipirón) más un chupito de crema templada de cigalita (otra estupenda delicatesen con olor al marisco y quizá mezclada con cebolla que aportaba sabor y consistencia). Ya risueños mirábamos cómo trasladaban a otras mesas una de las solicitadas especialidades de la casa: chuletones crepitantes, olorosos y tan humeantes que parecía había fuego en el comedor.

Y tampoco tardaron las alubias, que Pato fotografió (las firma Mr. Duck, no sé por qué). Arribaron en un perol grande y nos avisó irónica la camarera: «Si queréis más, tenemos más». Nos servimos los cazos de legumbres con trocitos de tocino blanco, abundantes anillos de chorizo y, ¡alerta!, nada de morcilla. Tampoco había guindillas: «Ha habido un error en el pedido», se excusó la encargada en la mesa contigua. Vaya, las guindillas habrían beneficiado al cremoso cocido, que no estaba de maravilla, sino sin más. Eran unas alubias incomparables con las que hacía dos días comí en mi casa y estaban cocinadas por mi madre. Si este fuera un post firmado por mi hermano Igor, alabaría las alubias maternas, elaboradas de diversas maneras y con sapiencia y experiencia de caserío de verdad: con vainas, con arroz, con y sin sacramentos, rojas y blancas…

Habaneras y jotas

Sacramentos (foto: Mr. Duck)

Pato planteó ante la falta de morcilla: «¿Se la pedimos a la camarera?». Y nada más acabar la frase llegó otra camarera y nos dejó sobre la mesa una tabla de madera redonda y caliente con todos los sacramentos dispuestos sobre una camita de berza un tanto sosa que Pato ni cató. Ahí estaban las rodajas de morcilla de arroz en su punto, o sea tostaditas por fuera; luengos cachos de chorizo a la brasa más sabrosos que los cocidos del perol; una costilla de cortar que se soltaba del hueso con suma facilidad; y hasta gruesas y crujientes lascas de panceta con mucha carne.

Esto lo cuento contento varias horas después, pues nada más llegar al plato de los sacramentos nos pegó un bajón: ¡no lo íbamos a poder terminar! Pero pasito a pasito se hace el camino. Pato se quitó el jersey y transpiró con su camiseta de manga corta («y yo que pensaba que si nos quedábamos con hambre pediríamos una chuleta», se reía) y yo en plena combustión también me quité el jersey, y eso que estábamos en el cénit de la ola de frío siberiano que dejó 300 muertos en Europa («ja, ja, ja, llevas camisa de vasquito», se carcajeó Pato ante mi camisa de cuadros, de batzoki casi, sí). Entonces, de fondo empezaron unas señoras a cantar jotas suletinas y a responder los hombres con habaneras, y casi se me salta la lágrima, que estoy muy sensible últimamente. Pato espetó ante tanto papeo: «Estos vascos son unos animales comiendo» (y lo dice él, un cántabro). Y luego yo, que me tragué un par de raciones de alubias y abundantes sacramentos, manifesté: «No puedo más», y crucé los cubiertos sobre el plato. Nos sobraron alubias, por supuesto, y sacramentos, aunque de estos solo un poco de chorizo, pero dicho sea en nuestro favor que había condumio para llenar la panza tres comensales.

Con el mapa de La Rioja dibujado en la cara pedimos los postres del menú: para Pato cuajada casera con azúcar, sin mucho sabor pero muy fresquita, lo que le vino bien para bajar el aluvión gastronómico, y yo sorbete de hierbabuena al ron, una suerte de mojito dulzón que desde el primer sorbo me recuperó, me puso contento y ya tenía ganas de todo.

Y mientras Pato visitaba el baño yo apunté esta conclusión acerca de una sentada tragaldabas de hora y media: todo acojonante excepto las alubias en sí, que no pasaban de correctas. Estuvieron muy bien el servicio (atento y sin agobiar; mereció una propina que no dejamos), los minientrantes, el postre, la bodega… y los sacramentos, no sé si calificarlos de ecuménicos o de mundiales.

(gozó, sufrió y al instante se recuperó, Óscar Cubillo)

web del restaurante

ver ubicación

Carretera Enekuri – Artxanda, 59; 48150 Sondika (Bizkaia)

94 446 21 11

DCF compatable JPEG ImgÓSCAR CUBILLO

Otro más de los licenciados en Ciencias Económicas que pueblan la nómina colaboradora de esta web. Cuando le da por ser comunicativo, manifiesta que publicó el mejor fanzine de rockabilly de España (el Good Rockin’, allá por los 80) y la mejor revista de blues de la Europa Continental (llamada ‘ritmo y blues’, editada de 1995 al 2000). Actualmente junta letras por dinero en el periódico El Correo, por comida en El Diario Vasco, por ego en Lo Que Coma Don Manuel y por contumacia en su propio blog, bautizado ‘Bilbao en Vivo’ y tratante, sobre todo, de conciertos en el Gran Bilbao, ese núcleo poblacional del que espera emigrar cuanto antes. Nunca ha hablado mucho. Hoy día, ni escucha. Hace años que ni lee. Pero de siempre lo que más le ha gustado es comer. Comer más que beber. Y también le agrada ir al cine porque piensa que ahí no hace nada y se está fresquito.

4 Comentarios

  1. Cómo me molan las luchas intestinas de Bochento…

  2. Arturo /

    Leida tu farragosa explicación concluiré que la rubia no te miraba a ti, eso seguro. seguro que la culpa era del sushi crudo

  3. Queridísimo Arturo. Como estoy contento y la vida me sonríe, evocaré gozoso ese sábado. No madrugué, o sea, como siempre, y el frío siberiano me venía bien porque me espabilaba como nunca. Desayuné, escribí raudo sobre dos bolos roqueros, me aseé y quedé con Pato en Las Arenas, adonde llegó él con su ranchera. En Costa Rica, o sea en Las Arenas, le invité a nuestro común amigo a una ronda de todos los pinchos que le apetecían y aboné 12,5 eurazos. Luego condujo Pato hasta Artxanda, llegamos a menos cinco y el generalmente tardón comentó ‘oh, qué bien calculas la hora’. Zampamos las alubias y conversamos y cada uno pagó 20 lereles de la cuenta, o sea que fuimos a pachas, a medias, con bote. Bajamos al centro mundial, a Bilbao, pues, en su carro y no nos importó tardar en aparcar en el congestionado centro debido al partido del Athlétic porque íbamos oyendo el magnífico CD de Danny & The Champions Of The World ‘Hearts & Arrows’ (Corazones y Flechas). Entramos en el Churchill, el pub que nomina mi único ídolo político (lucharemos en las playas y en los campos, en las calles y en las montañas, no nos rendiremos jamás), y ahí viendo el partido sin mucho interés pero cómodamente sentados en sofás de cuero, cada uno pilló una ronda de gin-tonics. Pato la primera, de London para él y de Hendricks cojonuda para mí. Yo pagué la segunda, que me costó 20 euros, con London para él y Mombasa celestial para mí. Espero no parecer presuntuoso si revelo que en el Churchill gusté a una rubia que acompañaba al que parecía su novio, el típico panoli futbolero. Cuando cayó en el descuento el 3-3 del partido, marchamos a ver a Amaral, concierto al que nos invitó el propio grupo. Y eso que te cuento (PD: por cierto, Arturo, ¿me has votado en este post?)

  4. Arturo /

    Yo al único que veo aportar algo en este condumio en forma de sacramentos es a Mr.Duck, usted qué puso, Ratatouille ¿el tocino?
    espero que encima no tuviera que pagar el tal Pato… ¿para cuándo un foie con su higado?

Trackbacks/Pingbacks

  1. Restaurante Euskal Sena (Sondika). El menú infantil « LO QUE COMA DON MANUEL - [...] de la ceremonia en una pequeña iglesia de Bilbao, nos dirigimos al Restaurante Euskal Sena, cuyas alubias ya han…
  2. LQCDM: Restaurante Abaroa Euskal Sena (Sondika). Animalada de alubiada « bilbaoenvivo - [...] Abaroa Euskal Sena (Sondika). Animalada de alubiada PINCHAR: http://loquecomadonmanuel.wordpress.com/2012/02/09/restaurante-abaroa-euskal-sena-sondika-animalada-...…

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *