Camareros, el concepto de la excelencia en la atención de la mesa

Imagen de la tan extendida camarera zombie tomada de My Zombie Pinup.

Siempre recuerdo, por lo inolvidable, por el privilegio, por la irrealidad de la situación,  la comida que compartí con el añorado Manuel Vázquez Montalbán  y con el director del programa cultural en el que entonces trabajaba en ETB . Era un doce de febrero de hace muchos años y el escritor tímido y socarrón me dictó una frase que llevo desde entonces grabada a fuego. Una sentencia que viniendo de él, además de tener una soterrada carga de ironía venía revestida de magisterio, experiencia, sabiduría y Verdad. Ante la recia camarera duranguesa, para nada impresionada ante la  famosa figura, con un trato de  marcialidad revestida de cariño matriarcal que llevan a gala las buenas camareras vascas, Vázquez Montalbán nos confesó en voz muy queda (por si le oía la mencionada): “me gustan las camareras de los restaurantes vascos, puede que sean las más profesionales que conozco, las mejores del mundo, puede que sea porque me gusta que me riñan”.

Efectivamente, hemos tenido la suerte de nacer en el País Vasco y algunos, pocos y elegidos, además (rizo del rizo) hemos tenido el privilegio de ser de Bilbao.  Pese a nuestros viajes y experiencias siempre que hemos coincidido con una buena camarera vasca hemos desechado por incomparable (en el mal sentido de la palabra) al resto. El día que, por casualidad, fatum o causalidad o decisión propia (alejada del argos logos) nos tropezamos con una buena camarera vasca, como Begoña, es para nosotros un día de fiesta.

Si acaso se podría hacer una excepción y poner en el mismo grado de excelencia y trato a los buenos camareros asturianos, que sin darte coba, pueden hacerte sentir como en casa. Yo al menos, a un restaurante no voy a que me den el don, ni el trato de caballero. No tengo caballo y mis dones no acompañan a mi  apellido, que con el aristocrático “del”, que muchos impostan,  tengo más que suficiente.

Es una lástima que esa excelencia se pierda. En nuestra reciente visita al Basque Culinary Center a los alevines de jefes de sala les instruimos con un mal disimulado paternalismo para que fueran guardianes de las esencias. Reconozco que ese poderío y ese trato es algo que sólo da el haber estado atendiendo mesas muchos años. Es por eso complicado que los elementos foráneos que, con alborozo por parte de avispados empresarios que miran la pela, se incorporan ahora al servicio de las mesas se alcance la buena nota. Demos tiempo al tiempo.

Luego, en el grado más bajo de la clasificación están los camareros que hacen de la familiaridad su santo y seña. En zonas meridionales de Españistán hemos sufrido en nuestras carnes, en más ocasiones de las que hubiéramos deseado,  tratos de “qué pasa familia”, “iros acomodando por ahí” o “¿os importa esperar un poco?” y el poco se convierte en mucho y el mucho se hace eterno y la sopa se enfría, el carácter se agria y el vino se pica.

Podríamos seguir con ejemplos hasta el infinito pero esto es un blog y el umbral de atención a la lectura está cada vez más bajo, así que aquí lo dejo. Me gustaría, que en la parte de abajo, donde pone comentarios, hagan ustedes amigos y amigas sus aportaciones. ¿Cuál ha sido su peor experiencia con camareros? Les animamos a sorprendernos aunque estemos, a estas alturas, curados de espantos.

 Dicky

Ps

En próximas entregas hablaremos de horribles clientes que, puestos junto a tu mesa, convierten una comida en tragedia, una celebración en drama, un menú en una gran cagada, con perdón.

11 Comentarios

  1. xanti /

    Amigo Manolo:
    He leido tus comentarios primero sobre tu encuentro en AUTZAGANE, y ahora sobre los camareros/as y tu referencia a BEGOÑA.
    Estaria encantado en conocerte y convidadarte a probar unas delicias que pruebo cada vez que acudo por alli, como las manitas de ministro a la plancha.
    Si no fuera posible convidarte, no desaproveches como consejo , la siguiente vez que acudas por alli.
    Agradeciendote por tus lineas, , y esperando que sigas disfrutando de tus visitas.
    Un saludo

    • Don Manuel /

      Hola Xanti

      ahora que empieza el buen tiempo, es una de las visitas que tenemos pendientes, volver al Autzagane, y con las manitas de ministro, de las que somos devotos, nos pones los dientes largos. será cuestión de ir ajustando nuestras agendas.

      una abrazo

  2. ¿Y los camareros que buscan “un largarse” de su trabajo? que haberlos haylos, de personas encantadoras y dispuestas a todo lo contrario. En un lugar tranquilo y acogedor, el camarero con su sonrisa perpetua siempre nos comentaba la receta del pintxo en cuestión o nos recomendaba algún plato en concreto, un buen día una amiga con su hiaj pequeña y yo nos presentamos y como siempre pedimos 3 pintxos de tortilla, ¿por favor podrías calentar el pintxo un poquito en el microodas?, esque es para la cría. Respuesta “NO”, y se dió media vuelta, mi amiga simplemente alucinaba, puesto que era un cambio de actitud total. Se lo comentamos al encargado y nos enteramos que el mismo había tenido varias quejas, al final resultaba tan desagradable que cuando esta persona estaba en la barra, no entrabamos al bar. Por fin, después de un tira y afloja, el tío se largo, o le echaron. Batek daki!

  3. Pescador de Almas /

    Yo no puedo con el encargado del Gran Sol (Hondarribia). El grandullón que acostumbra ha estar, con aire chulesco, al fondo de la barra. No se si seguirá allí, pero trataba fatal a la gente, con una rrogancia imrpopia de quien se gana lavida cara al público.

  4. Me he estado riendo un buen rato con vuestros comentarios, y según iba leyendo uno tras otros, no paraba de venirme a la mente los camareros (sí, en mi caso no fue uno solo sino un grupo entero de incompetentes) que nos atendieron en Shibui: uno no sabia qué había en la carta, otro ni idea de las cantidades, una tercera me contestó del modo más desagradable que se le ocurrió…en fin, no sigo, que me caliento. Eso sí, me quedé tan a gusto desahogando en mi blog!

    Un beso Manueles! 🙂

  5. Kung Fu Fighter /

    Al peor camarero me lo encontré yo hace dos años en La Mejillonera de Donosti. Debía ser el más tonto del gremio. El más tonto de la especie humana, añadiría. Entramos un amigo y yo, nos acercamos a la barra y con exquisita educación le dijimos algo así: “Aúpa. Ponnos dos crianzas, dos cerveceras y dos de tigres, cuando puedas”. ¿Su respuesta? Estirarse, hacer aspavientos y gritar algún exabrupto similar a lo siguiente: “¡Qué os pensáis, que no hay nadie más en el bar!”. El pollo no sabía que mi acompañante y yo somos verdaderas máquinas de matar; le salvó que íbamos con nuestras parejas y nuestras descendencias, y no queríamos problemas… Era la primera vez que entraba y fue la última. Nos piramos sin prestarle mucha atención. Era su día de suerte.

  6. Don Manuel /

    Y tanto criticar a los pobres camareros y hoy, en la prensa (vía el correo.com) nos encontramos con esta terrible historia. Es increíble lo que hacen algunos con una merluza, digo, con un besugo…

    Una mujer de 65 años fue detenida el pasado domingo por el presunto delito de desobediciencia y resistencia a agentes de la Policía Local de Vitoria, que mediaron tras el intento de agresión que protagonizó contra un trabajador de un restaurante de la plaza del Machete, donde horas antes había estado comiendo.

    El empleado del restaurante de la capital alavesa ha relatado que una pareja fue a comer al restaurante y, cuando sirvieron el besugo que ambos habían pedido, la mujer, “que al parecer estaba ebria”, dijo que su pescado, a diferencia del de su acompañante, “no estaba bueno”, a lo que el camarero replicó que se trataba “del mismo besugo”. Cuando el profesional les entregó la cuenta, que incluía el precio de los dos platos de besugo servidos, los clientes se negaron a pagar y se dispusieron a abandonar el restaurante, lo que dio origen a una discusión entre el jefe del establecimiento y la pareja. La mujer, según la versión del empleado, insultó y dio algún empujón al responsable del restaurante y, cuando el cocinero trató de mediar en el altercado, la clienta le dio con un ramo de flores en la cara.

    Ante esta situación, el restaurante avisó a la Policía Local, cuyos agentes trataron de mediar en la discusión. Los policías intentaron mediar pero la clienta continuaba con insultos y amenazas al personal y a los patrulleros, por lo que se le identificó y se le conminó a salir del establecimiento. Cuando la patrulla procedía a abandonar el lugar la mujer, “fuera de sí”, se colocó frente al vehículo policial golpeándolo, a la vez que continuaba insultando y amenazando con una conducta cada vez más agresiva, con empujones y acometidas a los agentes, que procedieron a su detención y traslado a las dependencias policiales al objeto de ser puesta a disposición judicial, según se detalla en la nota policial.

  7. estando cenado en la terraza de un bar en ZARAUTZ , un amigo despues del cafe le pregunto con educación al camarero que nos atendia:
    Por favor , podria traerme un paquete de cigarrillos y l eextendi un billete de 10 € .
    A lo que el camarero le respondio tuteando:
    Oye la exclavitud se abolio en mil ochocientos ……..
    NOS QUEDAMOS DE PIEDRA. Por CIERTO EN AQUELLA FECHA TODAVIA SE PODÍA FUMAR DENTRO DE LOS BARES.

  8. Perro labrador /

    Apreciado Oscar, coincido

    Ostrás, que olvidadiza es la memoria. En el mesón de Aranda de Bilbao guardo yo una de mis peores experiencias con camareros y o encargados. Mi primera despedida de soltero fue a la tierna edad de 18 años. Uno de la cuadri tiro un penalti con bastante fortuna. Era un día entre semana y en el mesón estábamos una mesa de 12 muchachotes que era la primera vez que se gastaban una pasta en cenar fuera de casa y otra mesa con una rancia pareja. Cenamos cordero, ensalada y vino y a los postres comenzamos a cantar las típicas bilbainadas. De inmediato llego desaforado el jefe de sala y nos echo una brnoca del carajo de la vela y nos dijo que eramos unos gamberrros y que molestábamos al personal. Nos quedamos como cuises y no replicamos, nos tomamos el café y nos fuimos. A la vuelta de las copas y a eso de las cinco de la mañana usamos la puerta del establecimiento como urinario colectivo y, de manera curiosa y sin nuestra intervención, un ciprés con gran maceta que adornaba la puerta acabó un viaje sólo de ida en el tren de la renfe.

  9. En el Mesón Aranda, de la calle Egaña de Bilbao, hace años sufrí a mi peor camarero/encargado. El único del que guardo memoria. Fue la primera y última vez que me senté en el bonito y pétreo refectorio del Aranda. Contento acudí con la cuadrilla de amigos y me acuerdo de que la morcilla estaba muy bien (para algunos demasiado turrada por fuera, pero cumplía el canon), los asados carnívoros ni fu ni fa (son famosos los suyos, pero mi experiencia fue insípida) y de que el jamón no se podía comer. Era jamón ibérico, caro, claro, y nos sirvieron puntitas duras inmasticables y atocinadas y nervudas. Amablemente se lo señalamos al encargado y educado nos respondió el tío con toda la jeta de cemento que era así el jamón. No nos lo cambió y no hemos vuelto. Creo que no pedimos ni postres, ni cafés. Ni dejamos propina.

  10. Perro labrador /

    Si hablamos de mal servicio, siempre recordaremos al famoso camarero borde que había en una hamburguesería de Bilbao. Siempre esperábamos su comentario caustico y sus malas maneras. Era famoso en la zona. Se acabó convirtiendo en una tradición esperada sus cortes y rollos chungos que celebrábamos con alborozo. Cuando se dio cuenta que nos lo tomábamos a cachondeo cesó en su actitud. Eso, y que un amigo heavy de la cuadrilla, un armario ropero de dos por dos, le amenazó con sacarle los ojos con la cucharilla del postre la próxima vez que nos faltara al respeto. Ahí paz y después gloria.

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