Restaurante Quo Vadis (Barcelona). Homenaje a la buena cocina catalana en la Ruta Carvalho

Patatas y olivas, aperitivo del restaurante Quo Vadis (foto: Jon Iturbe)

En la parte Raval de las Ramblas de Barcelona encontramos, en la calle del Carme, este restaurante incluido en la Ruta Carvalho del que dice Vázquez Montalbán:

Carvalho tomó la iniciativa y llevó a Teresa hacia el restaurante Quo Vadis. Contestó los protocolarios saludos del clan rector, presidido por una enérgica madre que dirigía la vida del restaurante desde una silla anclada en la mismísima puerta. Al ver los precios, Teresa adelantó:
— Yo pediré un solo plato.
— ¿Estás mal de dinero?
— No. Pero me sabe mal gastar tanto dinero para comer. Conmigo cumplías llevándome a otro tipo de restaurante.
— Es que aún no he superado el respeto distante por la burguesía, y sigo creyendo que sabe vivir.
— ¿Quién lo niega?
— Un ochenta y nueve por ciento de la burguesía de esta ciudad cena espinacas rehogadas y una pescadilla que se muerde la cola.
— Es sano.
— Si tomaran las espinacas con pasas y piñones, y en lugar de la pescadilla una doradita con hierbas, envuelta en papel estaño y hecha al horno, sería una cena igualmente sana, no mucho más cara y más imaginativa.
— Y lo más curioso es que hablas en serio.
— Totalmente. El sexo y la gastronomía son las cosas más serias que hay”.

Tatuaje

Cubiertos del Quo Vadis.

Y damos fé de la enérgica mujer anclada en la puerta que nos impactó nada más entrar. La señora, de muy buen aspecto, está clavada a una silla en el primer pasillo que precede a los salones. E impresiona la estampa, la verdad. Por otra parte, los camareros son atentos y educados, al extremo de que apenas pasan cinco minutos sin escuchar un “gracias”, “¿está a gusto del señor?”, “gracias”, “no hay de qué”… Es un lugar un poco rancio, con solera y, como los lugares de la Ruta Carvalho, también tiene cierto aire decadente. Un gran espacio y decoración que recuerdan a tiempos pasados, seguramente de mucho éxito.

El motivo de la visita fue aprovechar el barcelona-restaurant-week-2012, ya que por 25 euros ofrecían un menú con dos platos a elegir. Y la experiencia, realmente, mereció la pena. Los platos resultaron exquisitos, y los acompañamos de un Viña Arana (cosecha 1998; 50cl; 18,50€), muy recomendable también.

Lo primero que nos sorprende, a parte de la señora que parece llevar en el mismo lugar desde la inauguración, es una cuidada cubertería de alpaca que es difícil encontrar incluso en casa de nuestros antepasados: cucharas con curvas profundas que sacian nuestro paladar, tenedores de largos y estilizados dientes…

Vieira del Quo Vadis.

Primeros: sobran las palabras para describir cualquiera de los manjares. Particularmente, la vieira gratinada la encontré exquisita, con tropiezos de langostinos y alguna seta (tal vez múrgulas); tenía una bechamel muy sabrosa.

Segundos: lo mismo podemos decir de los segundos. Una merluza fresca, y fantástica. O un steak tartar que preparan delante de nuestros ojos con una carne fresca aderezada con distintas salsas que podemos untar en unas crujientes tostadas.

Postres: mini-profiteroles con chocolate caliente servido al momento, bescuit glacé praliné con toffe al gusto…

En resumen, un buen homenaje a la buena cocina catalana tradicional y un lugar muy especial que se ha de visitar sin dudar. No obstante, nos queda la pena de ver cómo un sábado con este tipo de promociones las salas funcionaban a medio gas, con apenas cinco mesas ocupadas y los salones del piso superior vacíos. Esperamos que en el futuro aumente su demanda. Este sitio está pensado para una mayor actividad.

(Jon Iturbe)

web del restaurante

ver ubicación

C/ Carme, 7; 08001 Barcelona

93 302 40 72

* este post se publicó originalmente en el blog Gastronomía de la Mía *

Fachada del restaurante Quo Vadis (foto: Jon Iturbe)

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  1. Quo Vadis (Barcelona) Carvalho tomó la iniciativa y llevó a Teresa hacia el restaurante Quo Vadis. Contestó los protocolarios saludos del clan rector, presidido por una enérgica madre que dirigía la vida del restaurante desde una silla anclada en la mismísima puerta. Al ver los precios, Teresa adelantó: —Yo pediré un solo plato. —¿Estás mal de dinero? —No. Pero me sabe mal gastar tanto dinero para comer. Conmigo cumplías llevándome a otro tipo de restaurante. —Es que aún no he superado el respeto distante por la burguesía, y sigo creyendo que sabe vivir. —¿Quién lo niega? —Un ochenta y nueve por ciento de la burguesía de esta ciudad cena espinacas rehogadas y una pescadilla que se muerde la cola. —Es sano. —Si tomaran las espinacas con pasas y piñones y en lugar de la pescadilla una doradita con hierbas, envuelta en papel estaño y hecha al horno, sería una cena igualmente sana, no mucho más cara y más imaginativa. —Y lo más curioso es que hablas en serio. —Totalmente. El sexo y la gastronomía son las cosas más serias que hay.

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