Cocina para vagonetas: buey de mar cocido

Feb 17, 14 Cocina para vagonetas: buey de mar cocido

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Buey de mar, cara a cara (foto: Cuchillo)

Buey de mar, cara a cara (foto: Cuchillo)

Bien, yo les contaría cómo libo néctar digno de dioses y engullo ostras de Arcachon en el yate que tengo amarrado en La Rochelle, pero no quiero cansarles con el cuento de nunca acabar, porque es largo, es muy largo de contar. Otro día. Hoy me limitaré a dejar clara mi admiración por el buey de mar, ese acorazado que yo querría tener de mi lado si se lía una trifulca en Fondo de Bikini. Ese crustáceo cuyo sabor tanto me gusta y al que, paradójicamente, pese a su apolínea corpulencia, veo estirar la pata (las diez) lentamente en el fondo del puchero. Porque, sinceramente, y que quede entre usted y yo, apreciado lector, ir al supermercado y comprar un buey de mar ya cocido (o peor aún, cocido y congelado) es una tontá mayúscula. Que sí. Que cocer un buey es lo más fácil del mundo (si no contamos los guiones de algunos musicales producidos en España).

El buey, de perfil y ya cocido (foto: Cuchillo)

El buey, de perfil y ya cocido (foto: Cuchillo)

A no ser que seas un aprensivo superlativo, como la concursante de Masterchef que gritó “¡Oh, no! ¡¡Yo nunca he matado a nadie!!”, cuando le presentaron un bogavante para cocinar, es más sabroso, más reconfortante e incluso más barato comprar el bicho vivo y seguir esta sencilla receta: sumergirlo en agua bien salada (sin miedo) y fría, encender el fuego pertinente y dejar que se haga. Muerte lenta. A 800 gramos de bicho, le bastan 8 minutos de hervor. Tan sencillo. Un lujo al alcance de (casi) cualquier economía (en muchos supermercados tienen peceras donde los despachan a 5€ la pieza, ya ven) y habilidad (esto incluye a los vagonetas).

Ah, es muy importante no pasar por alto la palabra “vivo”. Aunque te ofrezcan el cadáver a mitad de precio, e insistan en que “hace un rato estaba corriendo por el mostrador”, mi recomendación es dejar el antojo para otra ocasión, o buscar en otro lugar. ¿Y si murió de desamor? ¿Y si el mal de amores es contagioso? ¿Eh?

(siempre compra marisco vivo, Igor Cubillo)

Despiece del buey, una vez cocido (foto: Cuchillo)

Despiece del buey, una vez cocido (foto: Cuchillo)

Perfil Igor CubilloIGOR CUBILLO Periodista especializado en música, ocio y cultura. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). En el medio de la vía, en el medio de la vida, si hay suerte, tal vez. Ha pasado la mayor parte de su existencia en el suroeste de Londres, donde hace más de 20 años empezó a teclear, en una Olivetti Studio 54 azul, artículos para Harlem R&R ‘Zine, Ruta 66, El País, Bilbao Eskultural, Ritmo & Blues, Getxo A Mano (GEYC), Efe Eme, Den Dena Magazine, Kmon, euskadinet y alguna otra trinchera. Prefiere los caracoles a las ostras. Qué tío. Anda que… Ah, tiene perfil en Facebook y en Twitter (@igorcubillo), ahora le ha dado por hacer #FollowBack, pero no #FF. Se le resisten ciertas palabras y acciones con efe. Él sabrá por qué…

3 Comentarios

  1. o peoooorrr!! se reencarna en tí ese desamor y te conviertes en un agujero negro de esos que lloriquean por las esquinas… bufff qué mal rollo, deja, deja, el cangrejito, mejor vivo, de esos que peleas cuando intentan salirse de la cazuela! 🙂

  2. Jo, me dan ganas de comprarme uno esta tarde de lunes en el súper… Guardo un chardonnay afrutado que imagino le iría de maravilla. Y hambre tengo también, tras las chuletillas de cordero con Viña Ardanza 04 del almuerzo doméstico. Grrrr…

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