Taberna Txapela (Igeldo). Huevos con todo, todo, todo.

Jun 25, 14 Taberna Txapela (Igeldo). Huevos con todo, todo, todo.

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Cargando…Los huevos con todo del Txapela son el bien. En un mundo de la restauración peridonostiarra donde hasta las tabernas de lo Viejo incluyen platos alambicados con descripciones enormes, largas y aburridas, estos huevos ilustrados son simplemente un plato para disfrutar. No hay trampa, lo que ves es lo que hay, producto de alta calidad, producto de proximidad, elementos que se realizan con cariño a dos metros del comensal.

Dentro de su simplicidad hay un elemento de novedad y de descaro. Y por eso gustan. Se puede decir que los “huevos con todo” son vascos en el sentido de la esencia y de las raíces o, para nosotros, que estamos acostumbrados a las tascas asturianas, un plato muy de Asturias, de los que encuentras en muchos chigres de aldea. Es decir, producto de calidad, con gran cantidad y un buen precio. No hay más secretos en la cosa.

Ni sólo hay huevos en el Txapela, también raciones, bokatas,  pizzas caseras y disfrutes varios

No sólo hay huevos en el Txapela, también raciones, bokatas, pizzas caseras y disfrutes varios

Lo reconozco, soy mitómano, me gusta ir a los sitios cuando hay una historia que me ha sorprendido, me ha llamado la atención o me ha intrigado. En el caso del Txapela, la historia estaba relatada, y sigue estando, en una excepcional página web llamada, cómo no, “huevos con todo”. Esta web fue creada por los admirados guerrilleros de lo Gastro de The Glutton Club y fue diseñada por uno de nuestros webers favoritos de la cosa, Iñaki Rodríguez. Un diseñador y amigo al que admiro aún más después de conocer de first hand su reciente enlace con la simpar Latitxa. Pues bien, ese razonado microsite explica el Génesis, la historia y la filosofía del Txapela resumida en un plato.

(Digresión)

Nuestra visita a Donostie tenía como excusa disfrutar de uno de nuestros grupos preferidos, nada menos que los grandes Pink Martini, así que de primeras la cosa pintaba muy bien. Esa mañana llegamos y nos alojamos en un hotel de Igeldo. Iba a  decir del barrio de Igeldo aunque, como veremos después, llamar barrio a esta entidad local es deslizarse en problemas identitarios. Así que llegamos, aspiramos el aire puro y, una vez que deshicimos la exigua maleta, nuestro destino fue la plaza del pueblo. No encontrábamos la taberna, así que miramos tras el frontón, miramos en los alrededores de la plaza y como aquello grande, lo que se dice grande, no es, al final desistimos y preguntamos. Una jatorra muchacha nos comentó que lo teníamos delante, sólo había que bajar las escaleras. Nos dijo, de paso, de propina, sin preguntar, que allí se comía muy bien, lo que reforzó nuestra determinación.

Huevos con todo, nada màs, nada menos

Huevos con todo, nada más, nada menos

El Txapela lo imaginábamos grande y resultó ser un pequeño comedor de no más de seis mesas, cercano a una barra con atención personalizada y cercana. Nos encontramos a la familia en plena comida y pensamos que el sitio estaba cerrado. Eran ya las tres pasadas y quizá nuestra llegada fuera intempestiva. No era acaso; en el mismo momento que dijimos que llegábamos de viaje sólo para probar la especialidad de la casa, se montó un pequeño batallón de combate y fuimos atendidos con celeridad y cortesía. En mi caso tenía claro que lo que quería era la estrella de la casa, mi chica se decidió por una versión light de la cosa y no tardamos en escanciar la sidra Calonge producida, cómo no, de manera local. En cinco minutos ya estaban encima de la mesa los dos platos combinados. Y he de decir que, sin duda, mereció la pena. Huevos con sabor, amarillos. Los urbanitas ya no saben a qué sabe un huevo, con perdón, pero los que tenemos vecinos con gallinas camperas conocemos la Vedad. Un huevo sabe, y mucho, de manera sutil pero apreciable.

Como dijo William Wallace: "nos podrán quitar la municipalidad pero jamás los huevos con todo"

Como dijo William Wallace: “nos podrán quitar la municipalidad pero jamás los huevos con todo”

Los huevos iban acompañados por longaniza, lomo y panceta, una slow food cercana y de confianza de la granja de Eguzkitza. Superó el cerdo la nota alta. Y las croquetas caseras, con leche de Igeldo, con la bechamel batida a mano. Muy bravas croquetas. Con patatas fritas de verdad y pimiento de Navarra en un mezclum generoso y delicioso. Un viva. Lo real frente a la pose y lo artificial.

Hubo tiempo para el postre, casero. Hubo tiempo para la charla, larga, con Iñaki y Ana que andaban celebrando, nos contaron, una onomástica. También tuvimos tiempo para charlar en la sobremesa del hecho diferencial igeldotarra, de las razones para querer vivir juntos, arrejuntados o separados. Y después de los huevos bajamos a la cercana urbe opresora e imperialista donostiarra donde nos esperaban China Forbes y Ari Saphiro con sus canciones. Get happy!

dicky, on the beach, bitch

dicky, on the beach, bitch

dicky del Hoyo Periodista, en red desde bastante antes de que existiera Internet. Le da a todos los palos del periodismo: cultura, política, nuevas tecnologías y bajo varios medios: prensa, radio, televisión e Internet. Desarrolla su profesión en labores de asesor de comunicación para empresas y entidades. Es del centro de Bilbao, pero su ciudadanía es el Mundo, lo que siendo de Bilbao no deja de ser una redundancia. En su inmodesta opinión lo importante en la vida es disfrutar. Y en eso se empeña, sólo o en compañía. Estar en @lqcdm y la comunicación gastronómica es sólo una excusa para pasárselo bien y dárselas de connosieur. @zuloko en twitter dicky@delhoyo.com

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