Tomates rellenos fríos, por Uve (Recetas para una desescalada #94)

Jun 18, 20 Tomates rellenos fríos, por Uve (Recetas para una desescalada #94)

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Cuando dicen de servidora que parece una vaca, porque come hierba cada día (lechuga de todo tipo, lisa, rizada, hoja de roble, cogollos, oreja de burro; rúcula, berro, escarola, endivia y otras varietés), surge mi yo creativo.

Quienes me conocen pueden dar fe. Sí, me gustan las ensaladas. Muchísimo. En verano y en invierno, cuando hace frío o aprieta la caló. Y, si toca preparar comida o cena, no suelen faltar como parte de los entrantes. Pero, ¡caramba!, no quiero que me tilden de rumiante, ni que piensen que no me estiro con otro tipo de entremeses, que una es pobre pero honrada. Y sana, a la postre.

Así que, en ocasiones, tiro de recetas vagonetas y aprovecho una de lo más versátil: tomates rellenos. En este caso fríos, a sabiendas de que calentitos y gratinados dan mucho juego también. Pero éste no es momento, pues busco una forma no tan evidente de vender ensalada, de comer lo mismo pero con más gracia.

Los tomates, listos (foto: Uve)

Los tomates, listos (foto: Uve)

Confesaré que pensaba dármelas de entendida, citando el tipo de tomate más adecuado para

esta receta, pero, a la vista de semejante retahíla de variedades existentes, mejor cierro el pico, evitando que aflore mi gran desconocimiento; diré que para esta receta me gusta el tomate de ensalada y, además, comprarlo en el mercado. A poder ser, elijo piezas de tamaño similar, un poco maduras pero que, a la vez, parezcan tersas y brillantes, sin pinta arenosa. Concluiré que el raf no resulta fácil para esta presentación, el kumato pinta un poco friki, el pera no se sostiene ‘de pie’ y el tomate en rama lo reservo para salsas y gazpacho, cuando mi casero (el que me regala perejil) no me vende el de su huerta a buen precio porque “empieza a perder alegría”. Así dice.

Si el tomate es rico per se, algo harto complicado últimamente, yo lo preparo con su piel. Pero, si intuimos que la piel va a quedarse entre los dientes de nuestros comensales, o queremos ser más elegantes que nadie, podemos optar por escaldar las piezas y presentarlas peladas. Opción menos vaga, pero igualmente sencilla.

Tomates vaciados (foto: Uve)

Tomates vaciados (foto: Uve)

Volviendo a la receta, el continente, ningún misterio: lavar bien el tomate; cortar la parte superior, a modo de sombrero; y, con una cucharilla, sacabolas, sacabocados, vaciador de melón o cuchara parisina (parisienne scoop o melon baller, para cuando me haga la chulita), vaciar la carne de cada pieza, con cuidado de no romper las paredes. Las dejaremos boca abajo, sobre papel absorbente, para que suelten el agüilla mientras preparamos el relleno.

El contenido: admite, prácticamente, de todo. A mí me gusta de bonito, guindilla, cebolleta y anchoa, todo muy picadito y ligado con un poco de suave mahonesa:; mis ayudantas los preparan con la pulpa del tomate, maíz, bonito y trocitos de aceituna, según existencias. O simplemente con atún y huevo cocido (y mahonesa, again). O con esa ensaladilla rusa que nos sobró ayer.

Salamos ligeramente los tomates y procedemos al relleno. Para terminar, los podemos cubrir con su tapa, si están de buen ver, o emplatarlos abiertos, con un toque de cebollino, una tira de pimiento o una simple oliva. Tal cual.

(en ocasiones se hace la chulita, Uve)

Tomates rellenos por Uve y sus ayudantas (foto: Uve)

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