Irresistible. Así es a priori la barra de Nou Manolín, ese concurrido refugio hedonista concebido para comer, no para entregarse al mero aperitivo, que cautivó al mismísimo Joël Robuchon y donde se agolpan a diario tanto sinceros aficionados a la gastronomía llegados de uno y otro confín como meros influencers y gente que sencillamente quiere dejarse ver. Es lo que tienen los locales de éxito, y el fundado por Vicente Castelló y su mujer Vicentina Such en 1971 evidentemente lo es; en muchos casos, terminan convertidos en pasarelas del postureo donde coinciden la curiosidad de unos y el exhibicionismo de otros, el voy a inmortalizar este crustáceo con mi cámara y el voy a hacerme un selfi para que todos sepan que hoy me he dejado una pasta aquí.

Por lo visto y leído, la gamba roja figura entre los principales reclamos de la casa, tanto en barra como en comedor, junto a las delicias ibéricas de Joselito e incluso los arroces, que se preparan secos y melosos de langosta, rape y almejas, gamba blanca y seta de temporada, atún y gambas, pieles de bacalao, verduras y magro, conejo y caracoles, sepia y alcachofa… Pero otro punto a su favor es un servicio célere, familiar y atento que permite la constante rotación de personas y género en ese mítico y bullicioso mostrador con forma de enorme U donde se puede contemplar parte del producto (ostras, boquerones que sirven con patatas chip, ensaladilla rusa, quesos, embutidos, el llamado “pintxo Picasso” -banderilla que aúna pimiento verde frito relleno de queso y tocado con anchoa-…) ofrecido en una carta cuya imagen principal lleva la firma de Javier Mariscal.

Enseguida te reciben, te buscan un hueco y, si hay que esperar, te fijan en el lugar con alguna cortesía. En mi caso fue con un trocito de queso, una lonchita de caña de lomo y un “swarovski” de ensaladilla rusa y anchoa, un rico aperitivo sobre pan de cristal que reforzó el entusiasmo con que seguía las evoluciones de la camarera más cercana, un ejemplo de amabilidad, saber estar, conocimiento, prestancia y facturación. Un chollo para la empresa, vaya. Y qué gente más espléndida.

No obstante, los globos de la ilusión y la satisfacción se desinflaron un tanto al tiempo que, ya sentado en mi taburete, pasaban los minutos y los platos y platillos solicitados no terminaban de alcanzar la anhelada excelencia. Difícil poner un pero a las gambas rojas simplemente hervidas (330 €/kg.), pero no puedo decir lo mismo, por ejemplo, de las cañaillas, un tanto resecas y con arena residual en su interior.

Luces, sombras y ‘comos’ en Nou Manolín

Cuando te digan que Nou Manolín es un sitio caro no pongas cara de póker enmarcado entre ventanales, arcos y paredes de ladrillo cara vista, pues lo es a todas luces, como acredita el hecho de que cobren 10 € por cada erizo de mar, que nosotros decidimos comer crudos. Ciertamente intrascendentes, añadiré, para no alimentar sin fundamento la buena prensa del lugar; un trámite demasiado gravoso. Y siguieron dos preparaciones con abundante salsa: tres lomitos de salmonete de roca “de la lonja de Santa Pola” dispuestos sobre escabeche de zanahoria (37 €) y ocho colmenillas con huevo a baja temperatura bañadas en una salsa que rebosaba gusto a foie (35 €) y constituyen todo un clásico del lugar. En ambos casos las referidas salsas, intensas y empalagosas, terminaron por asumir un protagonismo absoluto. Qué quieres que te diga, mejor desnudos. Siempre.

De ese modo, simplemente fritos, hubiéramos apreciado en mayor medida la nobleza y delicadeza de un pescado que brilla con acompañamiento mínimo o inexistente. Como disfrutamos mismamente los pedacitos de alcachofa, simplemente fritos de manera impecable, para ser devorados cual pipas. Como cerramos la comanda compartiendo un milhojas de crema y salsa de caramelo (14 €). Como el Ayuntamiento de Alicante aprobó el pasado 2 de diciembre en Junta de Gobierno Local el cambio de denominación de la calle Villegas (en cuyo número 3 se encuentra Nou Manolín) por la de Restaurador Vicente Castelló. Como no ocultamos cierta estupefacción cuando descubrimos que el camarero de turno había anotado nueve (¡9!) cañas en lugar de cuatro (4), que eran las realmente solicitadas y consumidas. Y mayor indignación personal cuando lo resolvió con un campechano “no pasa nada. Se cambia y ya está”. Ni un simple “ups”. Ni un “disculpad”. Ni un “qué estaría yo pensando”. Como si viajeros y paracaidistas no supiéramos contar y nos diese igual arre que so. Como si solo hubiéramos ido a dejarnos ver. Como si, no pienses mal, en este pilar del grupo Gastronou (paraguas también de Piripi, Espacio Pópuli y Vadevins) quisieran compensar el convite inicial con esos 20 € de más.

web de Nou Manolín

ver ubicación

Villegas, 3; 03001 Alicante

+34 965 61 64 25

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Periodista y gastrósofo. Heliogábalo. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Director de Suite, el único foro gastronómico sin cocineros de este país.

igorcubillo.com