Neones, colores alegres, más luces quedonas, soul, alma y rock and roll clásico. Sin evidencias ni pastiches, el espacio parece preparado para la irrupción de émulos de Elvis, Marilyn Monroe, Danny Zuko y las Shangri-las, pero si se dejaran caer por aquí no lo harían para comer hamburguesas, lasañas o sándwiches de plátano, bacon y mantequilla de cacahuete, pedirían bikini de rabo y croquetas. Pese a las reminiscencias estéticas de diner o hamburguesería yanki, esas son dos de las especialidades de Lucky Baster, un establecimiento con cocina vista al que el cocinero catalán Lluís Auguet y su chica (y sus socios Jon Abad y Víctor Braña) han dotado de personalidad e interés gastronómico, donde la informalidad y la compartición abrazan la enjundia. Su comida es vistosa y divertida, pero no es ninguna broma.

Cualquiera se toma a chiste esas setas de temporada (a mi paso, cantharellus), ligeramente salteadas, que tan buenas migas hacen con parmentier de hongo, jugo de carne y huevo frito. O el tomate que aquí se emplata con salmorejo, nectarina pasada por la brasa, bonito marinado por ellos, aceite de albahaca y sal de aceituna negra

No obstante, la gran diva del lugar, la propuesta que no retiran de la carta por evitar disgustos y prevenir disturbios, es el referido sándwich de rabo desmigado animado con mahonesa de trufa, crème frâiche, brotes y cebolla roja encurtida. Ésta se encuentra también, junto a alcaparra, pepinillo, mostaza y yema de huevo curada, en el aderezo de un infalible steak tartar sobre tuétano a la parrilla que se arrima con un cuenco de patata paja, en curiosa sustitución de las tradicionales tostas de pan.

Son así de modernos, les gusta el serrín en el suelo pero también el tomate osmotizado. Todo entre comillas. “Seguimos teniendo patatas bravas, pero son las bravas del Tickets (añorado despacho de tapas imposibles de Albert Adrià). También un bocata de calamares, que sigue siendo de aquella manera, una ensaladilla rusa y una tortilla de patata que hacemos a la brasa. No quiero que todo eso se vaya. ¡Me flipan los callos!”, exclama Auguet mientras apuro un postre bien resultón que aúna crema de calabaza, helado de pistacho y pipas de calabaza garrapiñadas.

Lucky Baster, el hermano polivalente del Baster

Con dicho repertorio, Lucky Baster, localizado un paso más allá del mero picoteo, se antoja un buen lugar para ir con la cuadrilla, lo mismo que con la chavalería o esa persona a la que quieres conquistar; de tan amable, sabroso, colorista y original, resulta así de socorrido y versátil este restaurante sin barra ni recepción que abrió sus puertas en octubre de 2022 para enriquecer la ya de por sí interesantísima oferta de la calle Barrainkua, donde comparte acera con Coppola y Solomonk. Enfrente, Residence.

Otra cosa: se da la circunstancia de que Lluís, un profesional que encontró en la cocina su tabla de salvación, es también corresponsable de Baster, vermutería un tanto hípster del Casco Viejo de Bilbao. Allí lo suyo es tomar asiento y solicitar al menos un vermú preparado y buscar armonía, por ejemplo, con ensaladilla bolchevique o su tortilla de patata individual, generosa, poco cuajada, de gusto agradable, hecha al momento y servida en plato de cristal, detalle vintage. Ojo, porque figura en más de una selección de las mejores de Bilbao.

instagram de Lucky Baster (& Baster)

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Barrainkua, 4; 48005 Bilbao (Bizkaia maitea)

 

 

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Periodista y gastrósofo. Heliogábalo. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Director de Suite, el único foro gastronómico sin cocineros de este país.

igorcubillo.com