Cabe celebrar que los callos son un producto que está muy extendido por España. En cada provincia, y quién sabe si en cada pueblo, tienen su particular manera de prepararlos. Por eso mismo tenemos que estar felices por contar con un alimento tan austero, tan humilde y tan popular como el estómago de vacuno que, a fin de cuentas, nos une y nos permite volcar en él las singularidades de cada cocina regional, de cada cultura.

Yo soy del mismo Bilbao y me chiflan con salsa vizcaína, elaborada básicamente con cebolla morada (a poder ser, de Zalla) y pimiento choricero. Bien cocinados, el resultado es manjaroso, de una suculencia extraordinaria. A mi entender, a la vista tienen que ser lustrosos, apetecibles, y el aroma debe reforzar esa atracción, ese ánimo de llevártelos a la boca, con fragancias limpias que remitan principalmente al animal pero sin llevarte a su cuadra; debe ser una evocación elegante. En consecuencia, su tamaño tiene que procurar una mordida agradable y apreciable, tierna y algo firme, sin resultar gomosa ni una papilla, por supuesto. Se agradecen, claro, el regusto picante y una preparación que ponga en valor organoléptico el componente gelatinoso de la buena materia prima.

Y a ti, ¿cómo te gustan los callos?

  • Estos dos párrafos recogen mi intervención en ‘El rincón del sibarita’ (6′ 30″) programa de Cadena Cope Asturias presentado por mi amigo David Fernández – Prada, a propósito de mi participación como jurado en la cuarta edición de La Callada por Respuesta, el Concurso Nacional de Callos de Lena.

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Periodista y gastrósofo. Heliogábalo. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Director de Suite, el único foro gastronómico sin cocineros de este país.

igorcubillo.com