Te voy a hacer una confesión: esta falsa lozanía fake de quien firma al pie no puede ocultar el paso de los años. Uno ya peina canas y en los cajones de su memoria atesora viejos recuerdos de toda índole, una colección de remembranzas que se remonta a esa infancia en la que acompañaba a mis aitas de ronda. A mí me arrimaban un mosto y salía del bar corriendo a seguir enredado con balones, raquetas, peonzas, catetos, iturris o el chorro morro pico tallo qué, pero el ratito que transcurría indoor me hizo conocer y familiarizarme con la jerga del txikitero y demás parroquia hostelera. Y es que no ha pasado tanto tiempo desde que aquí, en Bizkaia maitea, pedías directamente “un navarro” cuando querías un rosado.
Había alguna otra breve combinación de palabras que el camarero entendía a la primera, en su mayoría síntomas de riojitis galopante, pero el universo del vino y su comercialización ha dado un cambio enorme y ese tesauro es hoy poco más que una anécdota del pasado. El auge de las distintas denominaciones de origen y la expansión tanto del conocimiento como del cuñadismo hacen que ahora cartas, pizarras, reportajes y libros hayan terminado por sepultar ese afectuoso reduccionismo enológico bajo paladas de información referida a variedades de uva, suelos, climas, pluviosidades Y claro que es fantástico conocer mundo, aunque sea sin bajarse del taburete del bar del barrio, pero ese componente emocional señalado hace que yo continúe teniendo apego por los vinos navarros. Y que me haga especial ilusión la próxima celebración en Bilbao de unas jornadas de exaltación de los vinos de la D.O. Navarra. De la tierra que ha hecho de la garnacha su bandera.
La cita se enmarca en una iniciativa llamada Navarra On Tour, y la gira en cuestión incluye otras escalas escalas previas en Barcelona, Valencia y Málaga, pero a mí me tira la tierra, que por algo soy embajador de Bizkaia maitea, y estoy deseando plantarme el lunes 5 de octubre en la antigua alhóndiga bilbaína, en el Yandiola, para conocer qué está embotellando esa denominación. Porque el restaurante comandado por Ricardo Pérez acogerá una jornada con distintos reclamos para profesionales y disfrutones. Así, la mañana se dedicará a los primeros, a sumilleres, distribuidores, hosteleros y prensa especializada, y el pistoletazo de salida lo dará una cata titulada ‘Grandes hallazgos: Navarra inesperada’ (10:30 horas, aforo completo, pero puedes apuntarte a la lista de espera pinchando sobre estas mismas palabras). Le seguirá un showroom con participación de 11 bodegas: Alconde, Beramendi, Emilio Valerio, Finca La Cantera, Irache, Malón de Echaide, Marco Real, Pago de Cirsus, Pagos de Araiz, San Martín, UNSI Wines. Y los más afortunados disfrutarán al aire libre de un ‘Brunch en Rosa’, una oportunidad de ‘rosetear’ y descubrir la versatilidad de esos rosados a la hora de encontrar la debida armonía con distintos productos y recetas.
A la tarde se abrirán, al fin, las puertas a curiosos, aficionados y winelovers, que se dice ahora. ‘Tardeo con Origen’ (8 €, inscripciones pinchando sobre estas mismas palabras) es el nombre escogido para una popular sesión vespertina que, de 17:00 a 20:00 horas, amenizará con pintxos, pinchadiscos, juegos, sorteos y contacto directo con los productores una cata libre de las 11 bodegas referidas.
Mucho más que rosados
No obstante, las actividades del Yandiola serán únicamente la guinda a un desembarco que arrancará dos días antes, el sábado 3, en Baste Taberna, orgullo de Romo York (Getxo), el refugio donde los hermanos Cardoso fusionan a todo ritmo distintas disciplinas artísticas y reparten el protagonismo entre la música, la comida y el vino. Su carta cobija unas 300 referencias, pero esta vez el empeño será situar el foco sobre la frescura, equilibrio y personalidad de la comunidad vecina.
Al día siguiente, domingo, la actividad se trasladará al espacio Gastronomía Bilbao, que a las 13:00 horas acogerá una primera puesta en escena de ‘Grandes hallazgos: Navarra inesperada’ (35 €, inscripciones pinchando sobre estas mismas palabras); la masterclass, que incluye picoteo y degustación de 11 vinos, se plantea como “una oportunidad especial para descubrir de primera mano la enorme diversidad de una región que va mucho más allá de sus conocidos rosados y que hoy ofrece vinos de enorme personalidad, calidad y carácter’. Doy fe de ello, pues la cotizada contraetiqueta avala también, mismamente, tintos con diferentes tiempos de crianza, blancos fermentados en barrica y dulces naturales, no solo rosados elaborados con garnacha tinta recurriendo al tradicional método de sangrado.
Y, ojo, a modo de despedida, ya el martes 6 de octubre, la cata guiada se volverá a repetir a las 19:00 horas en Calcáreo (35 €, inscripciones pinchando sobre estas mismas palabras), bar de vinos convertido en referencia de Bilbao al trabajar más de 700 referencias.
Una D.O. constituida en 1933
Serán por tanto cuatro días a la mayor gloria de unos vinos amparados por una denominación origen constituida nada menos que en 1933 y cuyo manto abriga a un total de 76 bodegas que sacan el máximo partido a más de 8.000 hectáreas de viñedo repartidas en cinco zonas o terruños: Tierra Estella, Valdizarbe, Baja Montaña, Ribera Alta y Ribera Baja. Más de la mitad de esa superficie la copan dos variedades tintas, la emblemática garnacha y la tempranillo, pero en la D.O. están presentes siete uvas tintas más (cabernet-sauvignon, merlot, syrah, graciano, mazuelo, pinot noir y roya o garnacha gris) y otras tantas blancas (chardonnay, viura, sauvignon blanc, garnacha blanca, malvasía, oneca y moscatel de grano menudo).
Cada una encuentra su acomodo y ofrece distintos rendimientos y perfiles organolépticos plantada en una coordenada concreta de Navarra, una comunidad cuyos vinos cobran singularidad por la convergencia de tres influencias climáticas, atlántica, continental y mediterránea (así, conviven humedad y aridez) y por contar con algunos de los viñedos más septentrionales de la península. Todo en un plano dibujado por el curso de los ríos Ega y Arga y por las elevaciones que dan forma a las sierras de Urbasa, Andía, Moncayo y del Perdón. Todo en un ecosistema cambiante donde la vid convive con olivo, cereal, huertas y bosque bajo.
Su fruto será el verdadero protagonista de Navarra On Tour, un original escaparate de vinos, bodegas, gastronomía, música, catas y encuentros profesionales que busca procurar disfrute, conocimiento y sorpresa. De hecho, el objetivo manifiesto no es otro que “romper ideas preconcebidas, descubrir vinos que sorprenden y acercar la gran diversidad de los vinos D.O. Navarra tanto a quienes trabajan en el sector como a quienes simplemente disfrutan de beber buen vino”. En mi caso, también avivar la llama de las emociones, volver a ir de potes con aita y sentirme nuevamente un niño, aunque sea yo quien diga esta vez eso de “ponme un navarro”.
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UN POCO DE HISTORIA
- Los primeros testimonios documentados del cultivo de la vid y la elaboración de vino en Navarra proceden de la época de la dominación romana.
- La creación de los primeros monasterios, allá por los siglos IX y X, y el inicio del Camino de Santiago, supusieron sendos impulsos para el progreso de las viñas.
- En el S.XV la vid era el principal cultivo de los agricultores de Pamplona.
- Las primeras menciones documentadas sobre la garnacha en Navarra se remontan a 1746.
- En el siglo XIX la filoxera destruyó 48.500 de las 50.000 hectáreas de cultivo en Navarra.
- Hoy, las bodegas adscritas a la D.O. Navarra trabajan alrededor de 8.000 hectáreas de viñedo.

Periodista y gastrósofo. Heliogábalo. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Director de Suite, el único foro gastronómico sin cocineros de este país.
Tras firmar durante 15 años en el diario El País, entre 1997 y el ERE de 2012, Igor Cubillo ha logrado reinventarse y en la actualidad dirige la web Lo que Coma Don Manuel y escribe de comida y más cuestiones en las publicaciones Guía Repsol, GastroActitud, Gastronosfera, Kmon y BAO. Asimismo, vuelve a firmar en El País y es responsable de Comunicación de Ja! Bilbao, Festival Internacional de Literatura y Arte con Humor. También ha dirigido todas las ediciones del foro BBVA Bilbao Food Capital y fue responsable de la programación gastronómica de Bay of Biscay Festival.
Vagabundo con cartel, se dobla pero no se rompe, hace las cosas innecesariamente bien y ya han transcurrido más de 35 años desde que empezó a teclear, en una Olivetti Studio 54 azul, artículos para Ruta 66, Efe Eme, Ritmo & Blues, Harlem R&R ‘Zine, Bilbao Eskultural, Getxo A Mano (GEYC), DSS2016, Den Dena Magazine, euskadinet, ApuestasFree, eldiario.es, BI-FM, 7 Caníbales, Cocineros MX y alguna otra trinchera. Además, durante dos años colaboró con un programa de Radio Euskadi.
Como los Gallo Corneja, Igor es de una familia con fundamento que no perdonaría la cena aunque sonaran las trompetas del juicio final, si es que no han sonado ya. Sostiene que la gastronomía es el nuevo rock and roll y, si depende de él, seguiréis teniendo noticias de este hombre al que le gusta ver llover, vestirse con traje oscuro y contar historias de comida, amor y muerte que nadie puede entender. Eso sí, dadle un coche mirando al sol, una guitarra y una canción, una cerveza y rock and roll, y no le veréis el pelo más por aquí.
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