Receta: galletas de anacardo (¡dígalo con anacardos!)

Oct 08, 14 Receta: galletas de anacardo (¡dígalo con anacardos!)

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Una receta sencilla con un resultado espectacular. Una lata aparente y un poco de azúcar glasé, por encima, contribuyen a que el anacardo transmita todo su amor y buenos deseos dejando una honda satisfacción por el mínimo y gratificante esfuerzo.

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Cocina para vagonetas: hummus

Ago 13, 14 Cocina para vagonetas: hummus

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Garbanzos, limón, ajo, tahina, AOVE, agua y pimentón. Uve indica cómo hacer hummus, esa pasta de garbanzos tan práctica, buen entrante para una cena en la que se esperan unos cuantos comensales.

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Cocina para vagonetas: mamia (aka cuajada)

May 02, 14 Cocina para vagonetas: mamia (aka cuajada)

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(+24 rating, 5 votes) Cargando… Una de las muchísimas cosas buenas que tiene ir a comer a casa de mis padres es que siempre vuelvo con las manos llenas. Las malas lenguas dicen que tengo algo de bruja (pirujha), porque en mis visitas me presento con una selección de tuppers de distintos tamaños, vacíos, limpios y relucientes, que regresará llena de restos del menú degustado. Seguro. En mi defensa diré que soy mujer previsora. Y agradecida, claro que sí, ya que, con la mejor de mis sonrisas, nunca digo que no a aprovisionar mi despensa con otros deleites que prepara aquélla que dice no acostumbrarse a cocinar sólo para dos. Es que no quiere hacerlo, que se sepa. Este Jueves Santo, además de espárragos naturales, boquerones en aceite, morros y callos, y dos tarros de mermelada de fresa, me vine con un extra: ese termómetro de cocina que llevaba tiempo diciendo que tenía que comprar. Rechulo. En la mesa las más jóvenes se refirieron a él como el arma con que Gwyneth Paltrow acaba con la vida del que pretendía asesinarla por encargo de su marido (Michael Douglas) en el remake del clásico ‘Crimen perfecto’, de Alfred Hitchcock. Mi padre, algo desconcertado, recordó a la bella Grace Kelly y las tijeras asesinas, y, como respuesta, escuchó un “tienes que modernizarte”. A lo que iba: con el paso del tiempo, me he dado cuenta de que tengo esa manía de cocinar con la premisa del ‘a ojo’, y eso no me hace digna de escribir en esta weg. Así que estrenaré mi flamante medidor de temperatura para preparar cuajada de leche de oveja (mamia o gatxato), casera y deliciosa. Y de preparación tan tremendamente sencilla que entraríamos en el Top Ten de los vagos si acudimos al lineal del súper a comprar un vasito de barro de este delicioso postre. Avisados quedan. Me viene de lejos. Recuerdo a mi ama comprando leche a aquel casero (Pío, de nombre), que recuperaba el cazo medidor metiendo toda...

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Cocina para vagonetas: montonera

Abr 10, 14 Cocina para vagonetas: montonera

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(+15 rating, 3 votes) Cargando… Hace unos meses, un reportero del programa de televisión ‘Fabricado. Made in Spain’, le propuso un reto a un cocinero profesional: armar una ensalada en 30 segundos, valiéndose de un sobre de lechugas preparado y habiendo limpiado y picado previamente los ingredientes pertinentes; repartidos en distintos cuencos, listos para emplatar. Chupao, vamos. No fue capaz. El colega abrió el sobre y esparció su contenido, pero le dio un ataque de I+D, añadió bastoncillos de manzana, tomatitos, nueces peladas y queso, se recreó con el aliño y… oh, se fue a los 40 segundos. Una pena. Error no forzado. Ante el reto, yo hubiera compuesto la clásica montonera. Rápida, sabrosa y dispuesta en capas, cual elegante milhoja, nada de antiestéticos revoltijos (qué ordinariez). Apta lo mismo para un aperitivo de domingo que para una cena relámpago. Vierto lomos de bonito en aceite (de bote bueno), sumo cebolleta previamente picada y corono todo con piquillos de Lodosa. Merece la pena el empleo de material de calidad, para que el teleósteo no esté seco, sin necesidad de utilizar ventresca; para que el bulbo no pique; y para que el pimiento aporte no sólo sabor, también melosidad y terneza.  Eso sí, en medio minuto no te dará tiempo a retirar las pepitas, si no lo has hecho antes, como el chef navarro del primer párrafo; si además de vagoneta eres desenvuelto sobre la encimera de la cocina, un titán, justo justo podrás regarlo con aceite de oliva virgen extra y sal. Fácil, sana, disociada y totalmente idónea la montonera, ahora que se acercan las ensaladas, pues la primavera la sangre altera. Un chollo. No, no me de las gracias, es mi trabajo… (Igor Cubillo) IGOR CUBILLO Periodista especializado en música, ocio y cultura. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). En el medio de la vía, en el medio de la vida, si hay suerte, tal vez. Ha pasado la mayor parte de su existencia en el suroeste de Londres, donde hace más de 20 años empezó...

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Cocina para vagonetas: sardinas viejas

Mar 25, 14 Cocina para vagonetas: sardinas viejas

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(+32 rating, 7 votes) Cargando… Me encantan la filosofía y la obra de Ángel León, alguien capaz de erigir una arquitectura culinaria propia y fascinante a partir de descartes, con aquello que el resto rechaza entre las existencias de la inmensa despensa marina. Por esa determinación en perseguir una fantasía y no resignarse a transitar caminos ya desbrozados por sus predecesores, admiro y procuro seguir su trabajo. Aunque sea a través de libros como ‘CDM. Chef del mar’, ese sobresaliente volumen editado por Montagud donde explica que el ostión es uno de sus moluscos preferidos. El cocinero gaditano siempre escuchaba que su sabor se quedaba corto ante el de una ostra, y se propuso magnificarlo sirviéndose de la microalga isochrysis, causante de la alcalinidad de la ostra. Ese reto no se le hubiera planteado con la sardina vieja, un pescado amarillento y de acusado carácter, tras haber madurado en salazón, que deja en el paladar el mismo rastro que la lengua del Vesubio. Su olor, agreste, salino, primitivo. Su sabor, indomable, marino, abiertamente salado, más incluso que yodado, capaz de montar la tercera guerra mundial en tu organismo, en alianza con el ajo. Otro tío duro. Otro viejo conocido. Recuerden, si no, a Julio Camba, cuando decía eso de que la cocina española está llena de ajo y de preocupaciones religiosas. El caso es que, con toda su bravura, es un producto entrañable que me retrotrae a mi infancia, cuando me llamaba la atención que se exhibiera en tabales (hoy muchos supermercados las ofrecen en asépticas bolsas al vacío) y se limpiaba con papel de estraza, muchas veces contra el quicio de las puertas. Ya entonces me gustaban, y no he podido resistir la tentación de zambullirme en el mar de recuerdos, de los personales y de ese país hambriento que yo no conocí, preparando unas con el simple aderezo de aceite de oliva virgen extra y ajo bien picado. Las sardinas viejas, o gallegas, no precisan más. A la hora de preparar estas...

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Cocina para vagonetas: tomates rellenos fríos

Mar 11, 14 Cocina para vagonetas: tomates rellenos fríos

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(+25 rating, 5 votes) Cargando… Cuando dicen de servidora que parece una vaca, porque come hierba cada día (lechuga de todo tipo, lisa, rizada, hoja de roble, cogollos, oreja de burro; rúcula, berro, escarola, endivia y otras varietés), surge mi yo creativo. Quienes me conocen pueden dar fe. Sí, me gustan las ensaladas. Muchísimo. En verano y en invierno, cuando hace frío o aprieta la caló. Y, si toca preparar comida o cena, no suelen faltar como parte de los entrantes. Pero, ¡caramba!, no quiero que me tilden de rumiante, ni que piensen que no me estiro con otro tipo de entremeses, que una es pobre pero honrada. Y sana, a la postre. Así que, en ocasiones, tiro de recetas vagonetas y aprovecho una de lo más versátil: tomates rellenos. En este caso fríos, a sabiendas de que calentitos y gratinados dan mucho juego también. Pero éste no es momento, pues busco una forma no tan evidente de vender ensalada, de comer lo mismo pero con más gracia. Confesaré que pensaba dármelas de entendida, citando el tipo de tomate más adecuado para esta receta, pero, a la vista de semejante retahíla de variedades existentes, mejor cierro el pico, evitando que aflore mi gran desconocimiento; diré que para esta receta me gusta el tomate de ensalada y, además, comprarlo en el mercado. A poder ser, elijo piezas de tamaño similar, un poco maduras pero que, a la vez, parezcan tersas y brillantes, sin pinta arenosa. Concluiré que el raf no resulta fácil para esta presentación, el kumato pinta un poco friki, el pera no se sostiene ‘de pie’ y el tomate en rama lo reservo para salsas y gazpacho, cuando mi casero (el que me regala perejil) no me vende el de su huerta a buen precio porque “empieza a perder alegría”. Así dice. Si el tomate es rico per se, algo harto complicado últimamente, yo lo preparo con su piel. Pero, si intuimos que la piel va a quedarse entre los dientes de nuestros...

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Cocina para vagonetas: percebes cocidos

Mar 03, 14 Cocina para vagonetas: percebes cocidos

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(+15 rating, 3 votes) Cargando… Aunque para estar a la última se antoja más apropiado prepararlos a la brasa, como hacen en el restaurante Porrue, en el mismo Bilbao, hoy tenemos el gusto de reproducir una receta gustosa de percebes cocidos. Una fórmula, totalmente indicada para cocinillas vagonetas, que nos ha hecho llegar uno de nuestros colaboradores más holgazanes. El tío jeta ha copiado la receta en verso de Alfredo Tella, recogida en ‘La cocina práctica’ de Picadillo, y la ha enviado a la redacción de LQCDM, esta weg, sin ningún tipo de decoro. ¿Quién ha sido? Bueno, se dice el pecado, pero no el pecador. Es tan rico el refranero español… Tanto, o más, que los crustáceos cirrópodos. ¡Ñam! “No es necesario ser madame de Thebes, ni saber brujería o cartomancia, ni haber nacido en Inglaterra o Francia, para guisar percebes. Lo difícil del trance es darse traza para encontrarlos gordos en la plaza; ya que, no siendo buzo o marinero, le es imposible a todo cocinero procurarlos en medio de la caza, como se alcanzan liebres y perdices sin miedo a romperse las narices; que es muy fuerte arañar en duro risco por la busca y captura de un marisco que, cuando está bien gordo y comestible, se oculta bajo un mar inaccesible, y sólo está al alcance de la mano si se halla delgaducho, o en verano, cuando sabe el indino que el comerlo trastorna el intestino. Una vez el molusco en la cocina, la receta cualquiera la adivina. Con el agua y sal, en pote, van al fuego, se sopla un poco y a comerlos luego. Como fin de la receta, no los comáis jamás sin servilleta que os tape todo el busto, si queréis evitaros un disgusto”. (receta de Alfredo Tella, recogida por Manuel Puga, ‘Picadillo, en su libro ‘La cocina...

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Cocina para vagonetas: buey de mar cocido

Feb 17, 14 Cocina para vagonetas: buey de mar cocido

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(+25 rating, 5 votes) Cargando… Bien, yo les contaría cómo libo néctar digno de dioses y engullo ostras de Arcachon en el yate que tengo amarrado en La Rochelle, pero no quiero cansarles con el cuento de nunca acabar, porque es largo, es muy largo de contar. Otro día. Hoy me limitaré a dejar clara mi admiración por el buey de mar, ese acorazado que yo querría tener de mi lado si se lía una trifulca en Fondo de Bikini. Ese crustáceo cuyo sabor tanto me gusta y al que, paradójicamente, pese a su apolínea corpulencia, veo estirar la pata (las diez) lentamente en el fondo del puchero. Porque, sinceramente, y que quede entre usted y yo, apreciado lector, ir al supermercado y comprar un buey de mar ya cocido (o peor aún, cocido y congelado) es una tontá mayúscula. Que sí. Que cocer un buey es lo más fácil del mundo (si no contamos los guiones de algunos musicales producidos en España). A no ser que seas un aprensivo superlativo, como la concursante de Masterchef que gritó “¡Oh, no! ¡¡Yo nunca he matado a nadie!!”, cuando le presentaron un bogavante para cocinar, es más sabroso, más reconfortante e incluso más barato comprar el bicho vivo y seguir esta sencilla receta: sumergirlo en agua bien salada (sin miedo) y fría, encender el fuego pertinente y dejar que se haga. Muerte lenta. A 800 gramos de bicho, le bastan 8 minutos de hervor. Tan sencillo. Un lujo al alcance de (casi) cualquier economía (en muchos supermercados tienen peceras donde los despachan a 5€ la pieza, ya ven) y habilidad (esto incluye a los vagonetas). Ah, es muy importante no pasar por alto la palabra “vivo”. Aunque te ofrezcan el cadáver a mitad de precio, e insistan en que “hace un rato estaba corriendo por el mostrador”, mi recomendación es dejar el antojo para otra ocasión, o buscar en otro lugar. ¿Y si murió de desamor? ¿Y si el mal de amores es contagioso? ¿Eh? (siempre...

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¿Ajo cocido, ajo perdido? Yo digo que no.

Oct 01, 13 ¿Ajo cocido, ajo perdido? Yo digo que no.

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(+30 rating, 6 votes) Cargando… Gastronomía y corazón van más unidos de lo que creemos. No hay más que echar un ojo al papel couché (sí, el que sólo ojeamos en la pelu, ¡ja!) y descubrir esas perlas que salen de ciertas boquitas pintadas. Desde el mítico “Andreíta cómete el pollo”, hasta el archiconocido “España huele a ajo”. Olé por la exspicegirl-diseñadora-empresaria. Qué tendrá ella en contra del rey de los ‘antis’: antiséptico, anticoagulante, antiinflamatorio. Se ve que en su dieta alcalina ni gazpacho, ni alli-oli, ni ajoarriero. ¿Sopas de qué? Excuse me, Vicky. Pues yo soy infinitamente menos glamurosa pero mucho más mediterránea, dónde vamos a parar. Y en mi casa jamás faltan ajos. A cascoporro. Los adquiero por ristras, bien ricos, y los cuelgo en la despensa. Que se atrevan los vampiros. Y como, además, soy muy vaga, echo mano de la memoria y procuro fusilar aquellas recetas que me han resultado curiosas, sabrosas y sencillas, como una de ajos cocidos que hace mucho degusté en Asador Gomilaz (Ochandiano). Allí presumían de larga cocción tradicional y presentaban los dientes (de ajo, claro) sueltos, regados con una suave vinagreta. Pero como en esta sección me han dicho que tengo que parecer holgazana, opto por la rapidez del microondas. Y, en escasos minutos, pongo cara de interesante y doy el pego. Peazo receta. Importante, que la materia prima sea buena. Nada de ajos chuchurridos. Yo preparo la cabeza entera, retirando la piel más áspera y externa; realizo un corte en la parte superior, a modo de tapa, la coloco en un recipiente, riego con un chorrito de aceite y tres minutos a máxima potencia (dependerá de cada microondas, ajustar el tiempo hasta que los dientes se noten blanditos). Listo. Me gusta emplatarla entera, sin separar las unidades, y casi mejor sin vinagreta, que el ajo queda suave y se disfruta más su sabor. El aliño puede prepararse aparte, y disponer de él a gusto del consumidor. Y, sí, diría que es más que recomendable...

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Mueble Bar: valenciano, ese postre

Sep 28, 13 Mueble Bar: valenciano, ese postre

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(+25 rating, 5 votes) Cargando… De gentilicios va la cosa. Verán, en mis sobremesas nunca un postre ha suscitado tanto asombro, expectación, admiración y polémica como el más simple del repertorio: el valenciano. Y eso ha ocurrido con castellanos, madrileños, catalanes y andaluces. Así que recurro al amparo de Don Manuel para reivindicar la exquisitez de lo sencillo y abrir el debate sobre este, al parecer, gran desconocido invento de los dioses. En tierras vascas, la presencia del valenciano en las cartas de postres es algo habitual, llegando en ocasiones a presentarse como combinado o bajo el epígrafe de los cafés de gentilicio europeo, como el irlandés o el escocés. Sin embargo, siempre que preparo esta delicia a gentes de otros lares se repiten las expresiones de albricias, incredulidad y satisfacción. Algo así como si todos los comensales susurraran a su vaso eso de “¿dónde has estado durante toda mi vida, oh, valenciano?” Una o dos bolas de helado de vainilla. Zumo de naranja natural. Un chorrito de Grand Marnier. Ésa es la fórmula, inmerecidamente ninguneada, de la perfección. Aunque he de reconocer que, cuando la situación es acuciante  admite todo tipo de ‘aberraciones’, tales como usar zumo embotellado, o Cointreau y Drambuie en vez del Grand Marnier. No es lo mismo, pero sigue estando fetén. ¿Algún ‘manuel’ ha tenido el placer de descubrir a un neófito esta combinación magistral? ¿Quién fue el iluminado que creó el valenciano? ¿Es valenciano el valenciano? ¿Es postre el valenciano, o es un combinado? Y, por cierto, en busca del bocado ideal, ¿prefieren ustedes esperar a que el helado se derrita, o son de los que meten la cucharilla cuando el mantecado aún mantiene la textura? (reivindica el valenciano, Ana Romera)...

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Cocina para vagonetas: hojaldres de morcilla, txistorra…

Mar 18, 13 Cocina para vagonetas: hojaldres de morcilla, txistorra…

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Ya me lo decía mi madre: siempre hay que estar preparada, por lo que pueda pasar. Que nunca sabes quién llamará a tu puerta; da igual jueves que domingo, incluso miércoles. Y allí se plantó ella, la madre que me parió. La que sutilmente, y sin dejar de mediar palabra, va a revisar, con el rabillo del ojo, si en el cajón de la verdura lucen tersos puerros y aún más tersas zanahorias, cebolletas, ajos tiernos o cebollino. La misma que me enseñó a cortar en cuartos, paisana o juliana, y que cocina como los ángeles… Y ya que dicen que bodega no me falta, aunque en ocasiones no cumpla con la cerveza, no voy a agasajarle con una simple lata de berberechos, que aunque con limón y pimienta no resultan nada despreciables, no me dejan a la altura de las circunstancias. Por eso no está de más abastecerse con un par de rollos de masa de hojaldre, ni guardar una txistorra envasada al vacío, ni descubrir que no olvido la morcilla de arroz. De Burgos, preferiblemente. Y mientras ella lleva a cabo la prospección de mi cocina (que nos conocemos), precalentamos el horno, extendemos la masa, enrollamos cada media txitorra y la morcilla entera. Y, sin demasiada precisión, troceamos pedazos irregulares con un toque informal, que estamos en familia. Colocamos todo en una bandeja a media altura… y, poco a poco, aquello va cogiendo color, mientras paso el examen de mi pulcra cocina. Y con mis guantes de horno, tinerfeños por cierto, emplataremos la comanda, con cierta delicadeza, y presumiremos de aperitivo que, aunque sencillo, resulta de lo más aparente. Sí, yo confieso. Lo dicho. Mejor estar preparada. Nunca sabes cuando alguien va a apreciar que tu camisa no está adecuadamente planchada. (Uve) PD: si te animas con esta preparación, como buen vagoneta, sigue sin rechistar las indicaciones, concernientes a temperatura y tiempo, del fabricante del...

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Cocina para vagonetas: alegría para tus pizzas

(+5 rating, 1 votes) Cargando… Esta sección se llama Cocina para vagonetas por un sencillo motivo, porque somos bastante vagonetas. Pa’ qué negarlo. Tanto es así que, puestos a reetiquetar una vieja entrada que tiene encaje en el nuevo apartado de recetas requetesencillas, hemos decidido recuperar y poner fecha de hoy a ese viejo post en el que empezábamos asegurando que al otro lado de la muga hemos comido buenas pizzas… A botepronto, recuerdo una de foie y jamón de pato que probamos en Hendaia. Muy recomendable. Pero en las pizzerias de Iparralde hay dos detalles generalizados que importaríamos sin dudar: nada más sentarte te ponen en la mesa una botella o una jarra de agua, cortesía de la casa, con lo cual la factura puede reducirse considerablemente; y en la tabla no suele faltar un recipiente con aceite picante que casa con todas las pizzas. ¿Por qué no adoptar las buenas costumbres foráneas? El agua corriente no escasea en estos lares. Y el condimento lo puedes preparar en tu casa. El menda metió en una botellita aceite de oliva, piparrak (guindillas) frescas pero bien rojas (compradas a una aldeana en Portugalete), cayena y granos de pimienta. El resultado es estupendo. Alegría garantizada para tus platos, añadido el complemento una vez han salido las pizzas del horno. Al gusto. Si te pasas con la dosis, podrás cantar a voz en grito eso de Hiiiiiiiiiiiiighwaaaaay to hell!!! Como lo hacía Bon Scott. Olvídate del foniatra. (consejo ofrecido por cuchillo) El autor: CUCHILLO Es el pequeño de los Cubillo Brothers. Nació en 1991, en el mismo Bilbao, es más de salado que de dulce y acostumbra a disociar, con lo cual cambia de apariencia física con frecuencia. Como Robert de Niro antes de rodar Toro Salvaje, pero a lo tonto, por la cara. Él es más de toro tataki. Aprendió pronto que Dow Jones no es un cantante, le incomoda la fama de criticón, pues siempre ha sentido simpatía por el débil, y una máxima guía su proceder: “más vale...

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