Restaurante Beti Alai (Tolosa). Alubias para salir muy contento

Lo reconozco, tengo (tenía) olvidada a Gipuzkoa. Es un territorio que recorrí, con grandes compañeros,  operadores de cámara,  y compañeras, ayudantes de producción, allá cuando reinó Karolo . Unos lugares en los  que, por encargo de la entonces vigente diputación, grabé rutas turísticas para animar a que el turisteo se perdiera por esos valles , costas y montañas. Mi función era guionizar la cosa, hablar con los paisanos, y luego montar el material y locutarlo.  Miro, sin ira,  hacia atrás y reconozco que esos minireportajes pecaban de cierta ingenuidad pero, amigos y amigas, sólo me arrepiento de lo no ejecutado. Lo hecho, aunque haya sido un zurullo monumental,  me lo apunto en el apartado de experiencia y siempre le saco algún beneficio contable. Me enternece recordar esos viejunos esfuerzos publicitarios que acompañaban a años de plomo, los later 80’s,  en los que la gente desconfiaba de lo vasco y de nosotros los vascos (y vascas). De nosotros/as agrupados/as y en individual. En los que a un paisano de abajo del Ebro una visita a Bilbao le sonaba a hacer un trekking en las montañas de Afganistán y recorrer el Gohierri a algo similar a recorrer Alepo en una tarde tonta de intercambio de fuego graneado de RPGs. Ahora, con la cosa tranquila y el país relajado, muchos se están animando a visitar nuestras áreas urbanas y  también lo rural y flipan. Es que esto muy auténtico y muy aseado y la gente cuando le rascas un poquito esa timidez y desconfianza norteña son agradables, educados, con cierta retranca y bones vivants. Y la calidad de la gastronomía en cualquier pueblo es impresionante y los paisajes son idílicos. En fin, todo lo que contaba en esos vídeos añejos , ahora salpimentado por el buen rollo que da una sociedad apaciguada en el amplio sentido del término. Cuando escribo esta entrada es temporada de setas, aunque algunos se despistan y se tiran a los rolex. Por eso visitamos Tolosa con la excusa escasa de probar algunas...

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