Les Bonnes Soeurs (París) Francia. Un delicioso bistró en Le Marais

París es una Villa  preciosa pese a que, como se dice en broma,  no exenta de vitriólica verdad, está llena de parisinos. Lo compensa con su abundancia de parisinas, que mi educación sentimental siempre ha colocado en el top de la mujer sexy.  Esa prototípica morenita, con el pelo a lo garçon, piel pálida  ojos verdes, fuerte de carácter, boina azul calada y vestido vaporoso al viento. No sigo porque me pierdo y es que esto es un blog gastronómico de los de comer comida y no de los de paladear otras cosas. En serio, cada vez que acudimos, nos gusta más el callejeo por sus avenidas parisinas, el subir hasta la colina  Montmartre, mirar los cuadritos y los pintores, esquivar japoneses e intentar adivinar por dónde se esconde Amelie o  la rata cocinera. Los franceses presumen de haber inventado la cocina moderna y no seremos nosotros quienes les neguemos la mayor. Ir a París y comer mal es peor que un error, es un pecado.  Ciertos tópicos como el del exceso de nata y mantequilla o la profusión de pochados son tan exagerados como cuando se  le achaca a la cocina española el estar bañada en ajo. Hay hoy cocina francesa moderna, otra con influencias internacionales y luego está la que nos mola, por aquello de lo popular y lo auténtico (y lo no demasiado caro). Nos referimos, naturalmente a los bistrós. En París tenemos nuestras zonas preferidas y entre ellas está Le Marais.  Un barrio  lleno de estilo, con galerías, luthiers, tiendas de moda, judíos ortodoxos, petardeo gaylo  y un alegre paisanaje, mestizo como todo lo actual. Allí nos sentimos como en casa, y la zona pese a estar cercana al meollo turístico está lo suficientemente blindada  para que cualquiera que lo desee pueda hacer la vida de los locales y no quedar como un guri de mérde. En Le Marais está  Plaza de los Vosgos,  que para nosotros y para muchos otros,  es de las más bellas del mundo. Su particularidad, leemos en wikipedia, ...

leer más

Bistró Guggenheim Bilbao. El vino, un insulto al talento del chef

Jun 11, 12 Bistró Guggenheim Bilbao. El vino, un insulto al talento del chef

Publicado por en Bilbao, Bizkaia, Euskadi

La primera preocupación del hostelero debería ser que el vino que sirve ‘de serie’ maridase mínimamente con la comida.

leer más

Ikea Bistro (Barakaldo). Un desastre irresistible

Si uno acude a Ikea sin víveres y se empeña en completar el recorrido que indican las flechas del suelo, lo normal es terminar sediento y hambriento. Por eso habrá que juzgar acertada la decisión de plantar un área de comida rápida y a precios irrisorios en la misma salida, frente a la línea de cajas. 50 céntimos un hot dog, 50 céntimos un cono de helado (de nata sola o con listones de fresa o chocolate), otro medio euro un vaso que puedes rellenar con café cuantas veces desees, un euro el vaso para beber tantos refrescos de sus grifos como quieras… Tentador, ¿verdad? Pues bien, todo eso y más (rollos de salmón, donuts de pega, muffins…) puedes llevarte al estómago en un espacio de piso pegajoso, con profusión de servilletas y otros despojos, y donde frecuentemente encuentras máquinas cerradas o estropeadas. Ante tamañas gangas, ¿quién se atreve a protestar? Además, a los críos les encanta acudir a los surtidores de ketchup y mostaza, ponerse ellos los helados y accionar los distintos grifos de bebida. La semana pasada ‘cenamos’ allí por 6’50 euros. Cuatro personas. ¿Por cabeza? No, los cuatro. Eso nos cobraron por tres hot dogs sencillos, otro con cebolla y pepinillo, un vaso para refrescos, un botellín de agua, dos muffins de chocolate y otros tantos helados. Ahí es nada. Los refrescos son aguachinados, insustanciales, opten por cola, limón o naranja. ¿Han probado el de arándanos? Háganse un favor: no lo hagan. Los muffins son muy esponjosos, demasiado. ¿Y qué esperan de los perritos calientes? No se hagan falsas ilusiones; a mí, qué quieren que les diga, el mío me pareció ciertamente insípido, como llevarme un pedazo de plástico a la boca. Aun siendo mi elección el hot dog con cebolla frita y pepinillo (1 euro). No nos hemos atrevido nunca con el rollito de salmón, una especie de fajita. Demasiado audaz. Y tambien nos ha faltado valor para llevarnos a los labios su caté, aunque, por si mantienen su fé en el ser...

leer más