Comer pollas. Del Concepto a la práctica

Aviso para los jovenes de corazón. De lo que vamos a hablar a continuación no es de un plato de buen gusto. Es un trago amargo, pero el interés informativo hace que lleguemos hasta al fondo de la cuestión. Como dicen en Tele 5,  “la sociedad nos lo demanda”; eso,  el SEO,  el desaforado deseo de visitas que hacen que las miserables existencias de los que escriben en el blog tengan algún sentido, hacen que descendamos, una vez más, a los infiernos de la antropofagia. Un canibalismo localizado. Vayamos por  partes. El idioma de Cervantes es muy explícito en lo que se refiere al sexo oral cuando el sujeto paciente de la cuestión es un hombre del sexo masculino. “Comer pollas” es una expresión que en sus derivadas es tremendamente rica en significados. Desde el insultante me vas a comer la p. a los neologismos eres un@ “comep.” y así en un largo etcétera. El castellano,  en lo tocante a palabras soeces, es un idioma vibrante y expresivo. Los extranjeros cuando lo aprenden descubren alborozados un mundo de posibilidades en cuanto al insulto y la grosería. Los localismos del sexo oral perpetrado en miembros masculinos son infinitos: “bajar al pozo”, en Puerto Rico; “conferencia de prensa”, en Chile; “comer la empanada”, en Uruguay; “limpiar el sable” (en celebrada expresión popularizada por Torrente); “hacer unos wend’ys”, en México. El límite, la imaginación. Naturalmente, nadie en su sano juicio pretende llevar la frase a su literalidad. Salvo que uno se llame Mao Sugiyama, un artista japonés que se define como “asexual” y que ahora es “asexual” en toda la crudeza de la expresión. Mao decidió que sus genitales no eran una parte vital para su anatomía, por lo que el pasado 8 de abril decidió escribir en su Twitter el siguiente mensaje: “Estoy ofreciendo mis genitales (pene, testículos y escroto) como comida por 100.000 yenes. Los prepararé y cocinaré como pidan los compradores en el lugar que elijan”. Como hay ‘gente pa to’, hubo seis personas,...

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