Restaurante Riu Calabres (Posada de Llanes). Un placer con vistas al Cuera

Jun 18, 12 Restaurante Riu Calabres (Posada de Llanes). Un placer con vistas al Cuera

Publicado por en Asturias, Llanes

El Riu Calabres es uno de esos sitios en los que el corazón se siente reconfortado y el estómago agradecido de haber acudido a su elegante comedor.

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Restaurante La Trainera (Getxo). Ni recados ni fregados

Muy esporádicamente hemos ido al bar-restaurante La Trainera, ubicado en pleno centro de Las Arenas, y siempre hemos salido contentos. Nunca hemos ido a alimentarnos por necesidad física ni espiritual, sino a papear fuera de casa para no hacer recados ni fregar. Acudimos por vagancia, o sea. Generalmente dudamos, pero al final entramos y salimos tan campantes. El comedor está al fondo a la derecha, tras la larga barra de pinchos, y no tiene ventanas pero sí decoración marinera y los camareros lo atienden con rauda eficiencia para llenarlo dos veces cada mediodía. Sus mesas las suele ocupar una gente muy rara, a veces triste y solitaria como figurantes neorrealistas. Ahí se sientan desde jubilados hasta pijos despistados, desde currelas no muy sucios hasta inmigrantes integrados, desde comerciales y bancarios hasta… La Txurri y el que suscribe. Todos vamos motivados por el precio (10,10 euros), la rapidez del servicio, la centralidad del local y la amplia oferta de comida popular. Yo hago memoria y caigo en que a menudo elijo paella (y yo que creía que no me gustaba el arroz). En nuestra última visita, un jueves, había muchos primeros para elegir: alubia blanca de pinta estupenda y posibilidad de barquito con guindillas; alcachofas salteadas muy tentadoras; unos gruesos espárragos con huevos rellenos que observé en la mesa de al lado y me decían ‘cómenos, cómenos…’; unos tres tipos de ensalada más lo que elegimos nosotros: yo paella de carne (pollo y costilla), con sus hongos y pimientos verdes, bastante aparente, o sea muy buena; y Susana, aunque intenté en vano disuadirla, ensaladilla rusa. Pero estaba estupenda, llegó muy bien presentada, la veteaban bastantes pimientos rojos, la empapaba una mayonesa chispeante y ella le añadió un alegre chorretón de vinagre. La torre rusa estaba rodeada por huevo cocido, trozos de espárrago y langostinos cocidos de esos del super… Me hice un pincho con los ingredientes periféricos y lo armonicé con el clarete de batalla (tempranillo más garnacha), que estaba potable, quizá rico, para qué negarlo.  Sonaba...

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Restaurante La Lonja de Comillas (Comillas). A pesar del servicio del bueno de Jesús

El último día de mis merecidas minivacaciones pre-Semana Santa paseaba de mañana triste por la playa y el puerto de Comillas cuando se me levantó el ánimo al toparnos con La Lonja, bar que luce sus ofertas en el cristal de la puerta de entrada: carta corta, bodega escasa pero muy competitiva, precios con IVA incluido y la garantía de que el producto fuese fresco y marino. El garito recientemente renovado tiene dos pisos y entramos por la terraza superior, donde algunos turistas tomaban el aperitivo. El comedor, con suelo de cemento alisado, mesas y sillas de madera, manteles granates y servilletas blancas -ambos de papel de calidad-, estaba protegido del calor exterior por listones traveseros y permitía vistas a la playa apacible, a los barquitos pesqueros, a los acantilados cantábricos, a la citada terraza… Ahí estuvimos hora y media, compartiendo comedor con una familia que se decantó por el menú del día y padeciendo el servicio distraído y tan lento como el de un mexicano bajo el sol de Jesús, un hombre maduro bien conservado («¡y guapo!», apunta Susana) que parecía funcionario por lo lento y poco eficiente y fuera de lugar. Superado por las circunstancias a pesar de la serenidad imperante, Jesús nos atendió con demasiada demora para agravio de La Txurri: «sabe que vamos a la carta y da prioridad a dos cocacolas en la terraza». A pesar de requerírselo con la amabilidad que me caracteriza, no me trajo el vino solicitado para empezar a libarlo sin prisas (no dudé mi elección: Bracamonte Rueda, verdejo 2010, por 10 euros de nada, levemente ácido, rico y frutal, a buena temperatura que se mantuvo a pesar de que Jesús no lo sirvió en cubitera o similar). Jesús además olvidó traer el agua de ella (Montepinos de medio litro, 1’30 euros, fría; «fría ha de ser, no tengo natural», le aclaró él cuando se la reclamó ella). Aparte, Jesús no nos ofreció medias raciones a pesar de insistirle educadamente («aquí no es costumbre», se justificó, pero se refiriría...

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Bar Restaurante Baste (Bilbao). Rústico sin rubor

Hace años visité con mis primos este restaurante popular del Casco Viejo bilbaíno y comí mucho y bien. Además está muy cerca del bar Muga, el templo roquero bilbaíno. El comedor del Baste se halla al fondo de la barra del bar, barra que Pato y yo frecuentamos en fiestas de Bilbao, donde maridamos sus célebres mejillones rellenos con crianza de Rioja, y sus exuberantes huevos cocidos y langostino con verdejo de Rueda… El comedor carece de ventanas y lo embarga una atmósfera rústica: techo de cestería entrecruzada, vigas de madera, grueso gotelé verde en las paredes, otra pared de piedra barnizada, cuadros costumbristas en relieve de chistularis y demás, colgadores de forja, suelo de terrazo añejo y de batalla… Para sentirse como en casa, vamos (lo digo sin ironía). Se puede papear a la carta pero en el Baste ofrecen un competitivo menú para un mínimo cuatro personas. Con tres colegas reservé un domingo. La experiencia y satisfacción fue similar al día con los primos. Llegamos los amigos, entramos y la mesa estaba preparada, con algunas raciones ya servidas y esperándonos. Faltaban las bebidas: agua Sierra de Cazorla helada, Voll Damm de caña para Topo, y el vino, media botella por comensal, tinto Edulis, crianza 2006, de Bodegas Altanza, en Fuenmayor. 18 meses en barrica, aroma genial a vainilla y pase suave. Hicimos justicia al picoteo y yo lo disfruté más pensando que eran pinchitos de los bares (ya ven: siempre evadiéndome). Compartimos cuatro espárragos tiernos, sin hilos, gruesos y sabrosos, guarnecidos con mayonesa y tiras de zanahoria; luego ensaladilla rusa rústica con gruesos pedazos de patata, poca mahonesa y trozos de bonito en escabeche (escabechado en exceso para Gabi; a La Txurri le habría encantado); después ataqué los ibéricos, dispuestos cual minirración en un platito con jamón sabroso empero su pinta, salchichón muy bueno y grasiento, chorizo contundente y como Dios manda (a Carlos no le gustó, pero es que desde que va al yoga se le nota muy raro) y lomo seco...

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