Restaurante Iñaki Rodaballo (Vitoria). Aquí no unta nadie

Iré al grano. Un tío que se llama Cuchillo no puede andarse con circunloquios. En este caso la retórica se antojaría forzada, filosofía barata, simple juego de palabras. Y lo que a mi me interesa es dejar meridianamente clara la siguiente opinión: por norma general, en Vitoria se come algo más barato que en Bilbao y Donostia, sí. Es así, hablemos de menú del día, degustación o carta. Pero no se come mejor que en Bilbao y Donostia, no. Dicho esto, arderé en el infierno y tal, pero no conviviré con el dolor que supone morderse la lengua. El penúltimo ejemplo de expectativas no satisfechas lo viví recientemente en el restorán de Iñaki Rodaballo, donde entré ilusionado, con muchas ganas, y salí con cierta sensación de vacío. No por quedar con hambre, que no fue el caso, sino porque tras el veloz trasiego de platos (un aperitivo, tres entrantes tres, pescado, carne y postre) no salí con la decisión de querer aconsejar el lugar a nadie. Tampoco de desaconsejarlo manifiestamente, conste, pero esperaba más. Es lo que tiene acudir sabiendo que ha cosechado premios a tutiplén. Me suele ocurrir. En un par de ocasiones, desde la cocina del Sagartoki y del Niza, este exactor de la compañía Sobradún ganó el Campeonato de España Cruzcampo a la Mejor Barra de Pinchos y Tapas. Y el pasado año, sin ir más lejos, también triunfó en el Campeonato de Euskadi de Pintxos celebrado en Hondarribia. Lo hizo con Chip’s & Ron, según hemos leído, una composición en copa de cóctel de chipirones a la plancha en medio de una crema de patata con chips de yuca y unas lágrimas o esferificaciones de ron. Todo aromatizado con un twist de limón y unas hebras de eneldo.Ponente habitual en congresos gastronómicos, desde Gipuzkoa hasta Japón, Rodaballo comanda ahora un bar restaurante (el antiguo Skala) con su nombre. La primera parte del local esta preparada para beber y degustar comida en miniatura, e incluye incluso un pequeño hueco para show...

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Cervecería Cruz Blanca (Bilbao). Qué cruz, señor, qué cruz

Como en octubre todavía hemos podido disfrutar de unos días maravillosos en Bilbao,  nos decidimos a pasar el día fuera de casa. Tras una mañana estupenda, gozando de columpios, parques y demás temática infantil, por completar el disfrute dejamos que fuese el pequeño de la casa quien decidiese dónde comer. Deberán entender, señores lectores, que cuando uno es tan joven (cerca de 7 años) no controla bien esto del disfrute gustativo y puede ocurrir, como en este caso, que el sitio elegido no sea, digamos, un buen sitio. Sobre el local, ubicado en el Centro Comercial Zubiarte, nada que objetar, franquicia repetitiva donde las haya, con mesas y sillas de madera y, en este caso, con terraza interna puesto que, aunque estas en el exterior del “restaurante”, es un segundo piso que da hacia el patio interior. Aparece el camarero, muy simpático, muy correcto y atento en todo momento (probablemente, lo mejor del local) y nos deja las cartas de aproximadamente 60 x 50 cm; a los adultos nos cuesta pasar las hojas, pero el niño se lleva por delante las copas de la mesa. ¿Tan difícil es hacer las cartas de un tamaño mas comedido? Salvo el pequeño, que se zampó un menú para él solito, a base de patatas, salchichas, croquetas, postre y agua, por 5,95 euros, los demás decidimos compartir lo siguiente: Una ensalada caliente (8,90 €), que más bien era una ensalada fría donde añadieron trozos de champiñón pasados por la plancha. Mucho verde y poco acompañamiento. Unos nachos con queso (4,95 €), abundantes de cantidad pero escasos de queso, con todo en el fondo, lo cual hacía que los primeros estuviesen secos y los del final totalmente empapados, pero aun así estaban bastante apetecibles. Unas patatas seis salsas (3,95 €), gordas, grasientas, congeladas y con unos cuenquitos de salsa ínfimos. Si te decantabas por una de ellas ya podías ser rápido, porque se agotaba en un periquete. De postre sacamos sólo un brownie (4,20 €), pues la aceitosidad de...

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