Sopitas (Arnedo). Alegría Riojana

Tenemos reciente nuestra visita a Arnedo. La Rioja, tierra fronteriza, cuna del castellano y del euskera, solar de grandes poetas como Gonzalo de Berceo y huerta florida de la que salen conservas para todo el orbe cristiano. Acudimos al pequeño pueblo con intención de hacer una canónica visita a bodega (que será motivo de otro post) y atraídos por la merecida fama de sus outlets de calzado. Os diremos, oh! amantes de la gastronomía, que si necesitáis unos nuevos zapatos,  el modelo de negocio que ofrece Arnedo es espectacular. Mucho y bueno, todo junto y por toneladas. Va a ser verdad eso de que la crisis agudiza el ingenio. Pero nosotros, además de subir a castillos roqueros, comprar zapatos, ver el valle de Cidacos, potear  por las calles de Arnedo (del latín arenetum, lugar de arenas) y disfrutar con el vuelo de las cigüeñas,  acudimos al afamado  restaurante Sopitas. Nuestra llegada  coincidió con la de un aluvión de parejas y grupos que tuvieron la misma idea que nosotros. Y el jefe de sala, un joven, dinámico, atento e implicado profesional tuvo la gentileza de acomodarnos tras una invitación a un vino en la barra que hizo la espera más grata. Nuestra idea era comer a la carta, pero nos pusimos en la piel de los marmitones que, casi cerraban ya la cocina,  y pedimos el menú degustación que por el imbatible precio de 22 euros estaba compuesto nada menos que de cuatro platos, surtido de postres y un vino más que bueno, un Mocete de maceración carbónica. Un caldo de la cooperativa la zona, Nuestra Señora de Vico, con escaso filtrado, con boca fresca y untuosa y con un final que, como indica su bella etiqueta,  recordaba a las ciruelas y a las pasas. Una locura de precio, por lo económico  para los tiempos que corren. Pero hablemos del establecimiento. El susodicho jefe de sala, con el que hablamos poco para no interrumpir su frenético ritmo, nos comentó que el restaurante fue, en su día,...

leer más