Restaurante La Lonja de Comillas (Comillas). A pesar del servicio del bueno de Jesús

El último día de mis merecidas minivacaciones pre-Semana Santa paseaba de mañana triste por la playa y el puerto de Comillas cuando se me levantó el ánimo al toparnos con La Lonja, bar que luce sus ofertas en el cristal de la puerta de entrada: carta corta, bodega escasa pero muy competitiva, precios con IVA incluido y la garantía de que el producto fuese fresco y marino. El garito recientemente renovado tiene dos pisos y entramos por la terraza superior, donde algunos turistas tomaban el aperitivo. El comedor, con suelo de cemento alisado, mesas y sillas de madera, manteles granates y servilletas blancas -ambos de papel de calidad-, estaba protegido del calor exterior por listones traveseros y permitía vistas a la playa apacible, a los barquitos pesqueros, a los acantilados cantábricos, a la citada terraza… Ahí estuvimos hora y media, compartiendo comedor con una familia que se decantó por el menú del día y padeciendo el servicio distraído y tan lento como el de un mexicano bajo el sol de Jesús, un hombre maduro bien conservado («¡y guapo!», apunta Susana) que parecía funcionario por lo lento y poco eficiente y fuera de lugar. Superado por las circunstancias a pesar de la serenidad imperante, Jesús nos atendió con demasiada demora para agravio de La Txurri: «sabe que vamos a la carta y da prioridad a dos cocacolas en la terraza». A pesar de requerírselo con la amabilidad que me caracteriza, no me trajo el vino solicitado para empezar a libarlo sin prisas (no dudé mi elección: Bracamonte Rueda, verdejo 2010, por 10 euros de nada, levemente ácido, rico y frutal, a buena temperatura que se mantuvo a pesar de que Jesús no lo sirvió en cubitera o similar). Jesús además olvidó traer el agua de ella (Montepinos de medio litro, 1’30 euros, fría; «fría ha de ser, no tengo natural», le aclaró él cuando se la reclamó ella). Aparte, Jesús no nos ofreció medias raciones a pesar de insistirle educadamente («aquí no es costumbre», se justificó, pero se refiriría...

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Fresc Co (Barakaldo). Eso lo dirán ellos

(No Ratings Yet)Cargando... Durante un tiempo se convirtió en mi lugar habitual de comida de fin de semana el Fresc Co, ya que al pequeño de la casa le gustan mucho las pizzas que allí preparan y, como lo de las ensaladas es bastante sano, decidimos volver una vez más. Tengo que decir que la impresión general siempre había sido muy correcta, pero esta vez la nota general iba a ser de suspenso. Llegamos a la franquicia ubicada en el Max Ocio de Barakaldo las cinco personas que componíamos el grupo de comida y, tras servirnos las ensaladas una amable señorita, nos dirigió a una mesa. La amabilidad pronto se convirtió en impertinencia, pues cuando le comentamos la posibilidad de sentarnos en una mesa redonda que le gustaba bastante mas al pequeño, frunció el ceño y pronunció un rotundo, “Os he dicho que en aquella”. Mal empezaba el asunto y todavía no habíamos probado bocado. Malhumorados nos sentamos en la mesa indicada y algunos se dirigieron a la nueva zona de plancha donde esperaban degustar comida ciertamente fresca, y cual fue su sorpresa al ver que lo que allí se exhibía eran restos de lo que días antes  serian entrecot, pizzas duras y recalentadas, langostinos deslavados y pasta que distaba mucho de estar al dente. Continuamos intentándolo con una especie de lasaña de verduras que tenía bastante buena pinta, pero que se quedó en apariencia ya que su textura y sabor fueron para olvidar. Guardaba buen recuerdo del helado de yogur que te puedes servir de postre, también hay de chocolate, pero esta vez todo estaba en nuestra contra; incluso esto estaba malo. Del café desistimos, por si acaso. No se si fue la “amabilidad” que nos brindó la camarera al principio lo que nos guió a lo largo de toda la comida, pero esta vez el Fresc Co fue un Fias Co. Por lo menos fue barato: 13,95 € por comensal. (no le agradan las camareras impertinentes a Iván)  web de Fresc Co ver ubicación...

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