Bar Restaurante Saburdi (Vitoria). Esto es una barra con clase y lo demás son mamarrachadas

Esta Semana Santa me ha tocado cuidar del barrio, qué le vamos a hacer. Todos los posibles compañeros de viaje tenían que trabajar alguno de los días festivos y, como soy de esas que me aburro conmigo misma, la opción de viajar on my own tampoco me entusiasmaba mucho. Así que, además de hacer el vago vuelta y vuelta en el sofá durante cinco lluviosos días, lo único que hice de provecho fue escaparme el Jueves Santo a nuestra flamante European Green Capital 2012 (Vitoria-Gasteiz, para el que no esté al tanto) a saltarme la vigilia. Siguiendo las recomendaciones de mis compañeros alaveses, para los que el pintxo-pote de los jueves por la tarde es más sagrado que las procesiones, reservamos mesa en el restaurante Virgen Blanca para comer un más que digno menú del día (festivo), con crianza Fernández de Piérola incluido, por 19,90€ por barba; no sin antes cumplir con la tradición familiar de tomar tres vinos con sus correspondientes pintxos antes, de sentarnos a la mesa. La ruta elegida fue el clásico Sagartoki (ya comentado por Don Manuel en otras ocasiones), el Usokari (lo reconozco, me equivoqué con este… tenía mejor pinta desde fuera) y el gran descubrimiento de la jornada, el bar Saburdi, en plena calle Dato. No me atrevo a afirmar que no haya visto nunca una barra mejor que la del Saburdi, pero de verdad que no os engaño si os digo que si la he visto, no me acuerdo. Ni en García Rivero, ni en la Plaza Nueva, ni en Donosti, ni en ningún sitio. Brutal. Las bandejas no podían estar montadas con más mimo y los pintxos no podían tener mejor pinta. Además de la apetitosa barra y la carta de pintxos recién hechos, disponen de pintxo-menú (5 pintxos + bebida), por 8,50€, y de brunch los fines de semana, por 15€. Porque ya teníamos la mesa reservada en el Virgen Blanca que, si no, allí que me quedo a probar el almuerzo a lo yankee...

leer más

20+20+20 = el nuevo Olárizu (Gasteiz)

(+5 rating, 1 votes)Cargando... En plena semana de Pascua, Igor Cubillo y un servidor estuvimos en el nuevo Olárizu, de la calle Beato Tomás, en Gasteiz, con la idea de tener una comida de trabajo en torno a un menú del día. Yo había estado anteriormente en el viejo Olárizu, supongo que en alguna despedida de trabajo -no, creo que fue en una pequeña celebración de la puesta en marcha de un proyecto- y sólo recordaba que era un local grande. La entrada nos dejó un tanto confusos: por el aspecto y la iconografía, más bien parecía que estábamos en una sauna gay -he vivido medio año en Chueca, y tengo criterio bien formado-. Descendimos los albos escalones y nos encontramos con un sótano, blanco todo él, y laberíntico. Curioseando llegamos a contactar con el personal que habita esos alegres subterráneos… y aquí aparece el primer punto positivo. La atención fue en todo momento exquisita, muy por encima de lo habitual en un menú del día. La mesa que nos tocó, en uno de los quizá infinitos comedores, estaba agradablemente separada de las inmediatas, ocupadas por una familia de tres niños y una mesa larga en la que algo se estaría celebrando. Otro punto positivo: cada plato (incluso el entremés) fue seguido de un cambio de vajilla y cubertería. Pequeños lujos para un menú. La siguiente sorpresa apareció cuando nos trajeron la carta. “¿Puede traernos el menú, por favor?”. “El menú es todo lo que ven”. A saber: 20 primeros, 20 segundos y 20 postres. Aunque hay que agradecer el esfuerzo, la experiencia me dice que los menús tan extensos suelen defraudar. Mejor concentrarse en tres buenas opciones por plato. Y hay que decir que las expectativas se confirmaron. Después de un prescindible entremés, Igor y yo elegimos, respectivamente, un marmitako al laurel y unas verduras asadas. Igor no se quejó de su marmitako y, viniendo de él, es un halago. Las verduras, en cambio, no parecían asadas, sino medio guisadas, y consistían mayoritariamente...

leer más