Los Pollos Hermanos. La franquicia de comida mexicana de Breaking Bad. Now we’re cooking

Oct 16, 13 Los Pollos Hermanos. La franquicia de comida mexicana de Breaking Bad. Now we’re cooking

Publicado por en Destacado, Gastrocine, Recetas

(+89 rating, 18 votes)Cargando... Cualquier cosa que te diga si NO has visto Breaking Bad, sobrará. Cualquier cosa que te diga SI has visto Breaking Bad, sobrará. Para no fusilar al lector con spoliers de esta serie de tv que hace bueno el axioma de que el mejor cine del Siglo XXI se está proyectando en la pequeña pantalla, diremos que, después de su apoteósico final, determinados críticos ya están empezando a considerarla la mejor serie de la historia de la televisión. Esa calificación, con permiso, en mi opinión, de Los Sopranos, The Wire, Band of Brothers y Six Feet Under . Breaking Bad, en traducción libre “volviéndose malo”, narra la historia de Walter White, un honrado y apocado profesor de Química en un Instituto americano. La típica persona que siempre ha pagado sus impuestos, que jamás ha tenido una multa de tráfico, amable con los vecinos y los cuñados, y a la que, pese o precisamente por eso, nadie respeta. Por bueno, por pringado y por poca cosa. Y que, de repente, ante la liberadora noticia de que le quedan apenas unos meses de vida, decide volverse malo y cocinero. Malo porque se convierte en narco y cocinero, porque el hecho de fabricar meta es conocido en el argot como cooking. Esta es una serie que creemos que ha construido un universo propio: fronterizo, canalla, de clase media, sobre la banalidad del mal, con una filosofía y una ética de lo que está bien, o no, que hace que sus personajes se conviertan en uno más de la familia. Yo no les diré, como dicen muchos, que está a la altura de grandes obras de la literatura universal, porque la mayoría de los que afirman eso no se han leído, por ejemplo, Henry V, de Shakespeare (y yo sí -y en inglés…-), pero esta serie es, sin duda, una gran obra de ficción. Un hito de la cultura contemporánea que seguro que envejecerá tan bien como algunas películas clásicas del pasado Siglo XX....

leer más

Kentucky Fried Chicken. Paladar anestesiado, saliva espesa y mucha, mucha sed

Jugaba el Athletic en Manchester y, dado que ya había estado en Moscú, no podía permitirme otro viaje. Así, el mismo día que acudí a las taquillas de San Mamés para comprar las entradas del partido de vuelta, me entró la pena, sentí sana envidia respecto a los muchos aficionados que se habían desplazado a la antigua Mamucium y decidí darme un capricho en el mismo Bilbao: acudir a un típico restaurante inglés, para tener la sensación de que estaba al otro lado del Golfo de Vizcaya. Lo han adivinado, decidí ir a un Kentucky Fried Chicken, esa franquicia (estadounidense) que tiene tantas sucursales en Inglaterra. Y en otros 108 países. Escogí la que está frente a Lencería Coqueta, local que, bien cerca del puticlub (con perdón) Doña Urraca, despacha todo tipo de ordinarieces para profesionales de saldo y esquina. Era mi segunda vez en el local (en el KFC, eh) y pedí lo mismo que la primera: menú BoxMaster, por 7,05 euros, lata de Mahou Clásica incluida. La publicidad prometía sabor delicioso, energía y crujiente placer; ¿cómo resistirse? Y en estos sitios prefiero especializarme. Como Enrique Iglesias, a quien una vez escuché decir que, de gira, siempre come en McDonalds, pues así se ahorra sorpresas: lo servido siempre sabe igual, esté en China o en Argentina. Lo mismo me sucede a mí con sus discos, añadiré. Además, no puedo negar que sus cubos con alitas de pollo y tiras de pechuga empanada (“crispy strips”) me inspiran cierto temor. No en vano, El Tal Iván era consumidor asiduo y satisfecho de esos buckets, tamaño gigante, cuando pesaba nada más, y nada menos, que 190 kilos (oé, oé, oé, oé… oé, oé…). Y el experimentado Zuloko me los ha presentado como un bonito cúmulo de grasas insalubres. En fin, antes de sacar el filo, primero destacaré la excelente atención de una chica negra que se ofreció a informarme de lo que hiciera falta (“estamos aquí para ayudarle”) y a llevarme la bandeja a la mesa, pues el BoxMaster...

leer más