San Sebastián Gastronomika 2014. Las dos italias

Jul 03, 14 San Sebastián Gastronomika 2014. Las dos italias

Publicado por en Destacado, Donostia-San Sebastián, Euskadi, Gipuzkoa, Italia

Del 5 al 8 de octubre, el Kursaal hablará italiano, respirará aromas mediterráneos y verá desfilar unas cuantas estrellas Michelín vestidas de Armani. Ese toque italiano.

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Bodega Donostiarra (San Sebastián). A cualquier hora

(+45 rating, 10 votes)Cargando... A lo largo de mis frecuentes paseos por la capital guipuzcoana, he visto no menos de tres bares identificados como Bodega Donostiarra. Uno hace esquina en lo viejo, otro me lo topé en la calle Matia y el tercero se ubica en esa cuna de grandes hombres que es el barrio de Gros, a dos pasos del Kursaal y de La Zurriola. Y es este tercero el que me seduce, por lo que sirve y por su amplio horario, pues no cerrar cocina en una ciudad de hábitos afrancesados como Donostia, es una auténtica bendición. Caer en esa ciudad a las cinco de la tarde y no tener que resignarse a la ingesta de comida basura o de pintxos que llevan toda la jornada languideciendo, de charla con la clientela de las mil y una tascas, una verdadera satisfacción. Queda dicho que los motores de Bodega Donostiarra rugen durante todo el día. De 9:30 horas a la medianoche, franja en la que uno puede solicitar cualquier plato de la carta; para comer in situ o para llevárselo a donde quiera, pues también atienden a los nómadas urbanos. Otro rasgo característico del lugar es ese algo atávico y satisfaciente del compartir mesas corridas, con quien sea que te toque. Aunque también existe la posibilidad de comer acodado en la barra o en las cuatro pequeñas mesas del fondo, que logran una atmósfera algo más ‘reservada’. Poco más. Esas son algunas de las distinciones actuales de un local abierto, originalmente, en 1928 y que debe buena parte de su fama al tiempo en que fue regentado por Miguel Mendinueta y Pili Mintegi, quienes le imprimieron carácter y despacharon encurtidos, conservas y embutidos, a toda mecha y durante más de tres décadas, hasta finales de 2007. Los actuales gestores han limpiado su cara, pero han querido mantener esa esencia, y los llenos diarios dan fe de que la decisión ha sido acertada. Así, al mostrador de este despacho de bebida y comida se...

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Tsi Tao (Donostia). El cuento chino de los restaurantes japoneses

Me gusta comer sushi, desde luego. De hecho, el arroz es una de mis debilidades. Y cuando ingiero tempura por el ancho mundo tengo la impresión de que como sano sanote, sin reparar en la calidad del aceite ni en su posible sobreutilización. Quizá por eso me gustan los restaurantes japoneses, además de por ofrecer la posibilidad de comer con palillos chinos. Pero el hecho de que me gusten no implica que esté dispuesto a pagar cualquier precio por sentarme en sus mesas. O que lo haga a gusto. De hecho, la idea principal que quiero transmitir aquí es que, por lo general, me parecen excesivamente caros. Se pasan. Entiendo que amparados en la coartada del exotismo, no ya de la calidad de sus ingredientes o la dificultad de sus preparaciones. Digo esto con la base de mis visitas a Shibui Bilbao, donde nunca pago menos de 60 euros. Demasiado. Y tras mi reciente visita al Tsi Tao donostiarra, local que pretende aunar cocina japonesa, vietnamita, tailandesa y china, y donde lo mejor fue la compañía de mi hermana sister y mi cuñado, junto al placer de tomar un rico txakoli de Bizkaia a orillas del Urumea, frente al Kursaal. Aunque el camarero lo escanciase como un campeón. ¿¡¿Dónde vas?!? El txakoli de Bizkaia no se escancia. Es un vino en toda regla. ¿Acaso escanciarías un albariño? Pues eso. Y sírvanlo en copa, plis, no en vaso de sidra. La verdad es que el apartado cristalería no lo descuidaron en Tsi Tao, pero sí me quedó la sensación de haber comido en un chino muuuuuuuuy caro. Y eso que dosificamos y optamos por compartir dos menús degustación, a los que sumamos una ración de maki (seis piezas, 10,95 euros) y otra de tempura de verdura (10,40). Ya ven, eso más la botella de Itsasmendi (11,80; un buen precio), un litro de agua (3,85; un precio prohibitivo) y dos cafés (2,40 euros, cada uno): 108’96 euros. 36,32 por cabeza, compartiendo. Y sin obtener mucha más...

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Nicoletta Acerbi,una bella mirada al Mugaritz

Nos encanta el restaurante Mugaritz. Las veces que hemos podido visitarlo nuestra torpeza descriptiva y visual se queda siempre condenada a no poder contar nada más que la superficie de una gran obra coral. De un escenario único, de una filosofía impecable y de un genio de los fogones. Ha sido siempre así y quizás por eso estamos  esperando a hacer  nuestra crónica del Mugaritz y del trabajo de Andoni Luis Aduriz. Una espera  en un barbecho de paciencia y de sabiduría (de la nuestra, la que nos falta, para llegar a contarlo). Por eso el otro día, en el transcurso de una visita inolvidable al San Sebastián Gastromika del 2012, una edición más redonda y equilibrada que la del año pasado en nuestra opinión, encontramos la manera de hablar del Mugaritz mediante una de las mejores visiones que se han hecho hasta la fecha del establecimiento. Ojos claros, mirada franca, una gran mochila a la espalda y la firme determinación de que nada se le pasara por alto, nos fijamos de inmediato en Nicoletta Acerbi. Fotógrafa y filósofa de la fotografía, especializada en el ignoto y complicado campo de la fotografía gastronómica. Una parcela de la fotografía en plena expansión, sin reglas aun definidas, con mucho gurú y con pocos artesanos con ingenio y con delicadeza. De esa raza de artesanos, descubrimos,  es el caso de Nicoletta. Hablamos de fotografía, claro, de fotógrafos que fotografían a fotógrafos y a fotos  De cómo, los buenos profesionales como ella, buscan coreografiar los espacios (como su book trufado de excelentes  reflejos del  Mugaritz,  el Arzaz, la Osteria Francescana,  el Celler de can Roca y otros tantos lugares de comidas) para que luego el resultado sea impecable, casi operístico, un reflejo de las ideas de cada chef , de su hábitat y de su equipo. No se entiende ya la gastronomía sin un relato que la explique y la acompañe. Una narración que describa lo que el cocinero autor ha preparado en el silencio de los fogones durante meses. Que anticipe la emoción a los futuros comensales, que enseñe a los profesionales y...

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San Sebastián Gastronomika – Euskadi Saboréala 2011. Revisita

Llueve en San Sebastián, entra un nordeste fuerte y racheado. Intentamos dejar el automóvil en el parking del Kursaal pero el espacio se ha quedado pequeño. Hay una larga cola de automóviles que desmienten al luminoso que anuncia que aún restan siete plazas para el completo. Abandonamos el intento de aparcamiento y nos metemos por Gros, barrio bello y salvaje, otro de nuestros barrios preferidos donostiarras junto a El Antiguo y Amara. Bueno, e Igueldo, pero según Izaguirre eso no es un barrio, eso pretende que sea la república independiente de su casa. ¡Cómo son estos independentistas!, empiezan por un país, siguen por un barrio y acaban independizándose definitivamente hasta de sus primos de zumosol (nos alegramos, viva la independencia, con criterio). ¿Por dónde íbamos? Gros, lluvia, mojadura y llegada al Kursaal. Nos acreditamos. Nuestras txartelas, aunque ponen un enorme  VIP (gracias a Edu), no son tan glamourosas como las serigrafiadas con el nombre de este blog, pero nos sirven igual. Comienza ‘le grand tour’ (bis)  por los puestos del San Sebastián Gastronomika – Euskadi Saboréala 2011. Somos dos los enviados y cada uno con un ritmo diferente. N. es nervioso, apresurado y quiere abarcarlo todo. D. es taciturno, melancólico, un moñas. Su ideal de una feria es encontrar a un sólo tipo que merezca la pena y le sorprenda y hablar horas y llegar a conclusiones filosóficas que se recuerden en los próximos diez años. Llegamos a una solución de compromiso entre los dos enviados. Un ritmo rápido con paradinhas. El primer encuentro es con los cuates de las gastronomía mexicana. Sirven unas tortitas de pollo con mole que, perdón por lo obvio, molan. Les pedimos que nos reten con su chile más bravo y probamos varios tipos de chile habanero. Se llora, se suda, se afloja uno el cuello de la camisa. ¿Un chapulín?, nos preguntan. Claro. Es nuestro primer saltamontes, esta bien churruscadito y se impregna de un chocolate y hace cras, cras en la boca. Lo podríamos poner de sustituto...

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