Restaurante La Muralla (Laguardia). Pros y contras

Jun 13, 13 Restaurante La Muralla (Laguardia). Pros y contras

Publicado por en Araba-Álava, Destacado, Euskadi

Laguardia es mi pueblo vasco favorito. Es amurallado y medieval, y está dotado con numerosos bares y restaurantes. Estos son sobre todo turísticos y suelen servir menús diarios de batalla a precio oneroso, pues te cobran 15 aurelios como si te hicieran un favor. En estas propuestas turísticas abundan las patatas a la riojana y el cordero, con resultados culinarios irregulares. A Laguardia voy siempre que puedo y un día que mi esposa rechazó comer el menú del excepcional y extramuros Restaurante Amelibia (a 16,50), buscando una alternativa, nos topamos con el menú del Restaurante Cueva La Muralla, tasca de la que recordé algún escrito positivo en El Correo. Ese día, miércoles, había cordero y menestra, y barrunté que el vino no estaría mal. Debido al artículo mentado supuse que si no entraba ese día lo haría en una ocasión futura, así que, pensando ‘no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy’, cruzamos su bar en sombras, corto y cañí. Nos acomodamos en su comedor, de diseño pasado de moda y con una mesa reservada para ‘los padres’(imaginé que sería la familia, pero se trataba de dos curas que suelen almorzar ahí), y con las otras mesas repartidas entre habituales locales y turistas de paso que suelen llenar el figón y acostumbran a visitar el comedor de abajo, el de la bodega, el del calado, más atractivo. Bueno, pues ahí fuimos el menda lerenda y La Txurri (alias Mister No), nos sentamos y nos tomaron nota con bastante desparpajo y confianza (la camarera pensaría que éramos turistas de paso y después nos veía y nos saludaba y nos hablaba por las noches en los bares de Laguardia). La espera en La Muralla la amenicé libando el vino Vallobera de año, una buena marca del pueblo que en la barra de esa tabernita sirven por copas a un euro cada una. En el menú diario de entrante inesperado había ensalada, un fijo bien aliñado según Susana, con dos trozos de buen tomate y mucho verde....

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Restaurante Trueba (Bilbao). Comer y callar

Durante un encuentro flamenco, el flaco gourmand Adrián Medrano nos entró de repente y nos espetó quizá espoleado por nuestras pintas menesterosas: «Para comer barato y bien podéis ir al Trueba. A 8 euros las albóndigas y a 12 una menestra estupenda. Con el vino, por 30 lo hacéis». Se piró dándose la vuelta y Pato preguntó: «¿Quién es éste?». Le aclaré: «Un lector del blog de mi hermano y rector de la sala Fever». Entonces Pato se apaciguó: «¡Ah! Ya me sonaba de vista». Yo le hice caso a Adrián, me fié, acudí a la primera oportunidad y le agradezco la recomendación. Al final, un miércoles pude ir con mi amigo Carlos. Previa reserva, claro, pues el Trueba cuenta con una decena de mesas y se suele petar: oficialmente caben 35 comensales. Llegamos puntuales, con margaritas en el estómago por el hambre y los nervios, y ese día coincidimos ahí con el expresidente del Athletic Lertxundi, el alcalde de Urduliz y a nuestra vera con seis encorbatados ruidosos (¿seis bancarios?, ¿quizá seis portuarios?). Al local, incrustado en unas galerías en semisótano, se accede bajando unas escaleritas y es pequeño, sobrio, con las paredes cubiertas con madera y dos tragaluces que dan a la calle del Iruña (foto 1). La única pega es el ruido de las conversaciones, la constante bronca de fondo, semejante a la del restaurante El Abra de Portugalete. Entramos y rápidamente nos tendieron las cartas. La comestible, asaz salsera. La de vinos, ni larga ni barata; por ejemplo, a 15 + IVA tienen el blanco más económico, un Rueda. Yo propuse a Carlos tinto crianza Campillo (18) o Muga (20), pero él terció con un Baigorri Crianza 2007 (18+IVA) y acepté: bonito color, aroma tostado, 14 grados y frutal. «Está cojonudo», Carlos dixit. Y mejoró durante la hora y media que ahí estuvimos gozando. Mientras los bancarios bocazas compartían escasos entrantes de pimientos verdes fritos de Gernika y mollejas rebozadas, y abrevaban de una botella mágnum de Cune Imperial Reserva, nosotros...

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