Ferran Adrià es el nuevo Elvis y la gastronomía es el nuevo rock and roll

Somos mitómanos en Lo Que Coma Don Manuel. Sabemos que no es ajustado a las normas del periodismo ponerse de parte de sujeto a reportajear antes de reportaje pero, en este caso, no lo podemos evitar. Ahí está, Ferran Adrià, master & commander de El Bulli. Una leyenda viva, una figura emblemática del pop del Siglo XXI, un icono, un loco o un genio, y está en exclusiva para nosotros y un grupo reducido de afortunadas gentes. Telefónica ha sabido ver las sinergias de unirse a un cocinero que trasciende la cocina y le lleva de gira para que conversos, fieles o ateos, se unan a la Fé de Ferran. El marco incomparable, un Guggeneheim en una noche de noviembre espectacular. Saludamos al cocinero que sentado en una silla parece pequeño, pero que se nos hace grande en cuanto sube al escenario. Adrià es fan de Adrià y lo cuenta muy bien. Es un maestro del storytelling y nos narra su historia y la del Bulli, y nos traslada en un recorrido por la gastronomía y la vida.

Y empieza por su mañana. Adrià se levanta con el sonido de la alarma que le suena en su smartphone, consulta Internet “más que nada para saber si el mundo sigue ahí”, desayuna, va al trabajo, consulta su correo, trabaja, accede a Internet para ver alguna característica de un producto, come, ve las noticia en la red, manda correos y al final del día se da cuenta de que un día de un creador, de un cocinero, es básicamente comer y servir como nudo de la  información que llega por nuevas tecnologías y distribuir ese conocimiento. Así que es consciente de que todo lo creado en un pequeño restaurante, situado en lugar alejado y con propuestas arriesgadas no puede ser puesto en valor sin una comunicación efectiva. En eso está ahora este hombre que gesticula y mira con una intensidad que ralla en la vesania a su audiencia. Adrià ha pasado a la siguiente pantalla de su juego. Del restaurante El Bulli a la plena metamorfosis de la Fundación: “seguiremos dando comidas -nos cuenta- y, de hecho, será mi primer invitado aquel del público que me sepa decir en menos de 15 segundos tres platos brasileños que tengan naranja entre sus componentes”. Lástima, ya ha pasado el tiempo.

Como buen tendero nos explica que no entiende a aquellos que con negocio no presupuestan. Que su empresa cada mes establece un entorno presupuestario porque “si no controlo ingresos y gastos no sé a dónde va mi negocio”. Y que decisiones meditadas como el anuncio del cierre del restaurante le han supuesto importantes quebraderos de cabeza porque “uno controla lo que hace pero no sus consecuencias”. Algo que es importante cuando tu eres el responsable de una empresa en la que muchas decenas de personas dependen de ti.

El Ferrán avisa, el Bulli está en plena Fundación

El Ferran avisa, El Bulli está en plena Fundación (foto: cuchillo)

Pero Adrià nos quiere hablar de tortillas. De la parábola de la tortilla y la minifalda. Nos explica que existen miles de recetas de tortillas y que, probablemente, se puedan inventar otras miles. Nadie se acuerda a estas alturas de la primera persona que hizo una tortilla, pero sí de quienes han atrapado la idea y la han elevado a la categoría del arte. Lo importante no es ser el primero, asegura, sino conceptualizar la idea, depurarla, refinarla, sublimar lo que está ahí preparado para que cualquiera con un mínimo de interés lo aproveche.  Sólo en el Amazonas hay más de 400 frutas desconocidas, no comercializadas, con sabores diferentes, con texturas no probadas. Eso, aplicado a la cocina, “son miles de recetas todavía sin inventar”.

Adrià hace una pausa, coge aire, se sincroniza con los audiovisuales, repasa la historia de su restaurante. Cuenta cómo decidieron cerrar seis meses al año, porque los beneficios del verano se iban en el invierno. Eso les proporcionó tiempo para pensar, lo que fue un circulo virtuoso. A más tiempo de investigación mayor excelencia, a más excelencia más prestigio, a más prestigio más tiempo para investigar.  El Bulli fue quemando etapas, retiró la carta, cerró a los mediodías, creo un espacio de I+D separado del entorno del restaurante y, finalmente ¡la traca final! Cerró. En la cala ahora está creciendo una Fundación con la ayuda de arquitectos visionarios, con el apoyo tecnológico de Tecnalia, con la visión de Adrià, un loco, un genio, una estrella del rock. Un señor que no necesita más dinero, ni más prestigio, ni más clientes. Un humorista que provoca. El creador del anillo de caramelo de aceite de oliva, la esferificacion, la sopa dentro de las letras, los espaguetis de dos metros, el nitro coco, los huevos de dinosaurio con leche de coco, las momias de salmonetes, las frutas de mentira… El que puso semillas en un plato y al que un antropólogó trasladó que en esa receta había descubierto el origen de la Humanidad. El que cocina “para hacer pensar”.

In Adrià we trust. Es sólo comida pero nos gusta.

1 Comentario

  1. El Marquez /

    Pese a lo mucho que se le criticó nos complacen mucho las señas del restaurante Bulli. Mucho más que un almorzadero. Creo que Ferrán Adriá es como dicen ustedes en su reseña con mucho tino una pura estrella de la cultura popular y verdaderamente un filósofo bacano. Nos gusta leer artículos y bitácoras en los que se cuenta algo más que lo de siempre y por ello les damos las gracias.
    Un fraterno abrazo desde Colombia.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *