Sidrería El Estupendu (Posada de Llanes). God save the colesterol


Cada vez que estoy de bajón o me toca los cataploides algún gilipitxis  me acuerdo del Estupendu. No es que esta sidrería me deprima o que, cada vez que acuda a la misma me  refroten los jardines colgantes de babilonia. Al contrario. El Estupendu, la sidrería, me sube la moral y no es necesario acudir a la misma para ello. Basta con el recuerdo para empezar a salivar. Su decoración clama al cielo, el gotelé es de los de grano 12, pero opino que si no pretendes ir a la excelencia decorativa no es mala alternativa ese decorar en la excrecencia. O en lo auténtico si lo prefieren: candelabro de forja, pintura verde baratillo y luz tenebrosa. Da igual. Nos encanta el Estupendu. Y su gente. Auténticos. Desde el dueño a la cocinera, pasando por el imperturbable camarero, Johnny be Cool,  son un paisanaje en vías de extinción. Son la caña, son tan  peculiares como una araña en su tela bailando con una mariposa.

Y si además hablamos de la comida comenzamos a meternos en palabras mayores. Grandes las rabas, grandes, muy grandes las croquetes (qué bechamel!,   bechame mucho) y buenos pescados, recién pescados, y sobre todo la carta de sartenes.  Una oda a la gula, al colesterol, a la alegría de vivir y a las arterias obturadas. El que come una de las sartenes del Estupendo es un individuo que cree que no habrá un mañana y ha decidido disfrutar del hoy. No future! que decía Sid Vicious. O si hay futuro que sea con una cerveza de litro disfrutando de un megamix de todo aquel producto que, te lo anticipo querido amigo, te prohibirá el aguafiestas de tu médico en cuanto cumplas los cincuenta.

(no cuida ni un pelo su colesterol dicky)

C/ Posada Herrera, s/n 33500 Llanes (Asturias)

985 40 30 07

ACTUALIZACIÓN noviembre 2011

Si esperas la perfección en esta vida, espera sentado. Nos gustaba el estupendu pero nos dejó. Se fue a los territorios de caza de sus antepasados. Dejo el huevo y adquirió fuero de camarero en la cercana Gijón. Fue un buen intento; nosotros y nuestras arterias lo recordaremos con cariño.

1 Comentario

  1. Qué bien escribe, señor. Este post le ha quedado cojonudu. Fabulosu, diría yo.

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