Casa Porto À Noite (Oporto). La recomendación que haría un amigo

Tripas de Porto À Noite (foto: Igor Cubillo)

Nos gusta Oporto. No es una ciudad rutilante, sino más bien destartalada, pero nos agrada.  Apreciamos la elegancia del tramo que va del ayuntamiento a la Praça da Liberdade, sus casas abuardilladas y sus señoriales edificios, mas también nos seducen sus miserias, sus fachadas desvencijadas, su ropa tendida a pie de calle, sus rasgos de humanidad. Buena parte de esa realidad, de esa sociedad acuciada por la crisis que nos acogota, se concentra bajo la catedral, en la empinada barriada que desciende hacia la turística Ribeira, con sus paredes desconchadas, sus estrechas calles empedradas de trazado laberíntico, sus andamios y refuerzos, sus pintadas, sus gaviotas, sus cristales rotos, sus imágenes de Vírgenes y tallas de San Miguel.

Ese microcosmos sucio y devoto contrasta con la bajada del edificio consistorial, con la Avenida dos Aliados y la orilla del Duero, donde puedes escoger mesa para comer numerosas preparaciones de bacalao, otros platos y variedad de vinos dulces a precio de restaurante fino. Allá cada cual. Yo comulgo con Julio Camba cuando afirmaba que fuera de casa, cuando uno está sin dinero, la necesidad le obliga a descubrir los pequeños rincones donde se come bien; mientras que cuando se enriquece va a los restaurantes ya famosos, es decir, donde se comía bien tiempo atrás. Me reconforta mucho mas dar, entre esos angostos desconchones y graffitis, con un bistró como Porto À Noite, un local pequeño, humilde, limpio e incluso coqueto donde puedes comer por 6 euros dos platos y bebida. Volveré a escribirlo, para que usted, apreciado lector, no piense que se trata de una errata: “un local pequeño, humilde, limpio e incluso coqueto donde puedes comer por 6 euros dos platos y bebida”. ¡Olé!

La empinada terraza de Porto À Noite.

Como sucede con todos los grandes descubrimientos, dimos con él por casualidad. Bajábamos por el referido barrio, ahora a la derecha, ahora a la izquierda, cuidado con ese palomar, no te caigas por la escalera, agáchate y vuélvete a agachar, cuando pasamos casualmente junto a tres mesas dispuestas en cuesta (toma rima), en continuo desafío a la ley de la gravedad, y llamó agradablemente nuestra atención el contenido de sus platos. Movidos por la imagen, volvimos sobre nuestros pasos y la sorpresa fue mayúscula cuando contemplamos un cartel que ofrecía un menú consistente en sopa + plato principal + bebida por los referidos 6 euros. Como ya se sabe que en ocasiones lo barato sale caro, nuestro escepticismo estaba a flor de piel, nuestros pies dispuestos a continuar con el paseo interrumpido, incrédulos, y fue precisa la educada intervención del singular camarero, un mesero con aires de profesor Tornasol, para decidirnos a tomar asiento. “Frango” fue la palabra mágica. Íbamos con la chavalería y pensamos: “si hay pollo, un problema menos”. ¡¡Ultimo puchi!!

Nos acomodamos en una de sus seis mesas, junto a la pared adornada con azulejos, guitarras y platos de barro, y pedimos de casi todo lo pedible. Antes de que nos diéramos cuenta Tornasol ya había dejado con habilidad sobre la mesa una degustación de croquetas y empanadillas y un plato de aceitunas. ¿Cortesía de la casa? Ya sabíamos que no, estamos mas que al tanto de la ruin costumbre vecina de amagar con invitar y sumar todo todito todo a la factura, pero aquí no pusimos ni una pega. ¿Comer bien por 6 euros? Hombre, pues de algún sitio tienen que sacar margen, ¿no? La chavalería se contentó con agua y los adultos nos entregamos al carácter de una copa de vinho amargo, blanco él. El primer plato era fijo, ya se ya dicho, pero la referida sopa resultó ser una ligera crema de verduras. Sin grandes virtudes ni defectos. Y a continuación hicimos hueco en el tablón a los enormes platos principales. Ellos, buena pieza de pollo de apariencia silvestre acompañada por arroz amarillo, patatas fritas, lechuga y tomate. Ella, un plato típico: tripas. Esto es, callos con alubias, chacinas y un montoncito de arroz blanco. Combinación contundente aunque en absoluto empachadora.

¿Y yo? Bacalao, el orgullo nacional. Puedes escoger, frito o al horno, y lo sirven guarnecido por patatas fritas, lechuga, tomate y cebolla pochada. Mejor que el comido dos días antes en La Alfama lisboeta, a riñón el kilo.

Si te dan igual las vistas, no te salen los euros por las orejas, pero buscas una notable relación calidad-precio y comer mecido por la melodiosidad de bellos fados, yo que tú buscaría Porto À Noite, un canto a lo popular, la recomendación que haría un amigo.

(aún siente un pelín de saudade Igor Cubillo)

ver ubicación

Rua dos Mercadores, 170; Oporto (Portugal)

+351 222 010 774

1 Comentario

  1. personnes tres accueillantes,souriantes,tres bon accueil,on vous attend sur le bord de cette charmante ruelle,on vous fait valoir pour 6 euros une liste de plat.j ai consommé un plat de sardines grillees,un dessert.
    la main du patron m a fait une enorme chaleur sur mon épaule,resultat 55 euros a la demande de la note
    la derniere arete de la sardine m a fit un crochet tte l apres midi
    je ne recommande pas cette casa,personne pas honnete

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