Llagar de Titi. (Granda) Orgía, de comida, en horario infantil

Lo bueno de una tierra es cuando crees que la conoces y te sigue dando sorpresas. Grande Asturias, su gente, sus playas y montes. Pero sobre todo su gastronomía tan rotunda que asusta en ocasiones pero que nunca engaña.

Por las cercanías de Oviedo está Colloto, un centro de la comienda astur. Por allí resopla el Terra Astur en el que tan buenos ratos hemos pasado y por esa zona (cerca) en Granda, Siero, observamos al pasar por la carretera el Llagar de Tití. Somos gente viajada, leída y sabemos más por viejos que por sabios, así que BING! nos suena una campana cuando vemos sitios que merecen la pena. Es como un sexto sentido gastronómico, que nos ha evitado errores, horrores, sitios comunes y nos ha servido para encontrar allá donde hemos ido lugares ideales. Hay que reconocer que, a veces, nos equivocamos. Pero son pocas.

En el Llagar de Tití acertamos. Por fuera una apariencia de gran lugar de comidas de bodas, enormes comedores, laaargos, elegantorros en el sentido clásico de la expresión. Con una gigantesca parrilla que nada más verla te pones muy contento. Muchas familias y niños entretenidos porque, en sabia decisión de marketing, Titi ha creado Titilandia un pabellón anexo con tracciones para los pequeños y con personajes animados como el oso Yogi que se pasó al comedor a saludarnos. Mi acompañante me prohibió hacerme una foto con el plantígrado.  Ey, Ey, Ey, Ey, Ey!, una lástima BuBu.
Se fue Yogi, nos sentaron, nos trajeron la carta y la cosa comenzó a prometer éxito. Nos atendió solícito Víctor  un camarero de los que ya no quedan. Mi ideal de camarero: atento, empático, cariñoso y esforzado hasta la extenuación. Se ganó una propina y nuestro agradecimiento perpetuo. Un crack.

El Llagar de Titi y Titilandia al fondo en una bella instantánea cedida por http://www.elllagardetiti.com/

El Llagar de Titi y Titilandia al fondo en una bella instantánea cedida por http://www.elllagardetiti.com/

Pedimos ensalada de salmón, jamón y pixín, de segundo pulpo a la parrilla y de tercero taquitos de cerdo ibérico. Victor levantó una ceja e inquirió: “¿los señores son de buen comer?. Por supuesto, afirmé sin rubo… pero aceptamos sugerencias. Bueno -dijo él- quizás sea una comanda excesiva, les recomiendo pedir sólo media ensalada. De acuerdo, sentenciamos.

Fue llegar la media ensalada y empezar  la risa floja. Pensamos que, si esa era la media, cómo diantre sería la entera. Una montaña de jamón ibérico excepcional, estratificadas capas de salmón ahumado, enterrado entre una lechuga aliñada con maestría una ración de rape que podría habernos alimentado una semana y con una base de tomate que, de manera unánime calificamos como el mejor tomate comido esa temporada.

Con ese comienzo era difícil seguir arriba pero se hizo lo que se pudo. El pulpo a la brasa crujiente por fuera, blando por dentro acompañado de patatinas y con algo de exceso de sal para nuestro gusto, se dejó querer. La ración también quitaba la razón.

Y de tercero, los taquitos de cerdo ibérico en un bello eufemismo. Taquitos sin diminutivo enterrados en una montaña de patatas fritas. Somos fanes.

En ese momento, presos de una euforia incontrolada y de tres botellas de sidra que habían servido  para bajar nuestro ardor, nos lanzamos a la piscina, en el sentido figurado.

Un postre para dos es poco decir cuando pides el Helado Peñasanta con nueces. Una inmensa bola de helado, trufado con nueces como para atascar a una bandada (manada?; grupo? jauría?) de ardillas y una torre de merengue coronando la jugada que ríase usted de la ascensión en estilo alpino por la cara norte a la misma Peña Santa. Salimos del brete como buenamente se pudo, pagamos, hicimos una amago de abrazo a Víctor y juramos volver con gente para que atestiguasen que no hemos exagerado en esta crónica. Todo por sesenta euros muy sensatos para la calidad y la cantidad ofrecida.

Por cierto chupitos de orujo en barra libre, mode free, para acabar, pero ya estábamos demasiado destrozados para aguantar ese envite. Como les dijimos somos de Bilbao pero no del mismo centro.

dicky nació en Larrinaga, cerca de Begoña, por lo que no se acaba los postres ni se bebe todo el orujo

El llagar de Titi
Carretera General nº 40 (Carretera Nacional 634)

Granda – Siero
Asturias

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