Club Náutico de Vitoria (Ullibarri de Gamboa). Un emplazamiento envidiable

  Nuestra primera visita al Club Náutico de Vitoria (que no de Álava) no tuvo el comienzo soñado. Pese a haber reservado una mesa para tres en su espectacular terraza, al llegar, después de no pocas curvas al volante, descubrimos que se la habían dado a otros. La mesa. Suerte que el chasco duró apenas dos minutos, lo que tardó en librarse otra. Pronto nos acomodamos y nos pudimos entretener mirando al horizonte y contando las numerosas quemaduras de cigarro que condecoraban el mantel, tarea para la cual no nos faltó tiempo, pues el servicio no fue lo que se dice célere. De hecho, a la camarera se la veía agobiada, presentaba síntomas de hartazgo, quizá desbordada por el trajín pretérito, pues realmente ahora éramos muy pocos quienes demandábamos sus servicios. A la hora de escoger tampoco nos lo pusieron muy fácil, pues a las 15.15 ya no quedaban los platos que más nos seducían de su menú del día a 13 euros más IVA. De primero, sí. Yo escogí cogollos y puerros con vinagreta y anchoas, un canto a la sencillez que no defraudó. Y Alberto solicitó una ensalada de cuatro quesos que lucía estupenda, por tamaño y variedad de ingredientes. Huevo, guisantes, espárragos, maíz dulce, lechuga, pepinillo, zanahoria, queso… No hubo tanta suerte en la continuación, pues se habían quedado sin “rapito” (¿sapito?) de ración y sin conejo a la brasa. Nuestro gozo en un pozo. Como somos gente bien avenida, y dado que apurábamos una botella de verdejo Nave Sur (fuera de menú), los tres optamos por bacalao ajoarriero, y ahí pinchó el cocinero. De presencia aceitosa y piperrada vulgaris, la preparación contaba con más champiñón (!!) que bacalao (“yo he devuelto alguna porrusalda por tener mas patata que puerro”, amenazó Oscar) y su sabor era plano, además de vulgar (ya se ha insinuado). Patinazo. La hora del postre permitió recuperar buenas sensaciones gracias a unas delicias de limón caseras, especie de mousse, bien sabrosas. Casi deliciosas. Al final, haciendo cuentas, dos platos gustaron...

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