Restaurante Héctor Oribe Jatetxea. (Páganos) Para perderse entre viñedos y comer mejor que Brangelina

No tenemos ni la pasta de Brad Pitt, ni los carnosos y sensuales labios de Angelina Jolie, así que pese a que nuestro plan del día era conocer las bodegas del marqués del Riscal, decidimos comer en un lugar más asequible que el restaurante que alberga el edificio de Frank Ghery. Brangelina se pueden permitir pagar 500 euros por un menú y además dejar mil de propina, pero seguro que no comieron ni la mitad de a gusto que nosotros y además pagando la centésima parte. Es que estos pop-stars no saben que lo ecosostenible es pagar justiprecios. Por eso nosotros completamos la excursión enológica-arquitectónica del día acercándonos hasta el restaurante que Héctor Oribe posee en la diminuta localidad de la Rioja Alavesa de Páganos. Allí, en un otero, con la vista a la Toscana riojana y a sus cepas teñidas del color sangre del otoño nos decidimos por su imbatible menú del día de 18 euros, vino incluido. Les aseguro que por mucho que viajen y por mucho que coman en sitios de postín será complicado que coman mejor en la relación entre calidad y precio. Allí, en ese largo comedor  con hechuras de almacén agrícola, uno se siente reconfortado y reconciliado con la hostería y la restauración. Si hay alguna vía para que este sector se salve y tenga futuro Héctor Oribe tiene las claves. Así que mucha atención a ese lugar de comidas y a su propietario. Resulta increíble, inefable, casi inaprensible,  comer por 18 euros un menú que integra entre sus delicadezas un primer plato de penca rellena de bacalao con pil-pil de boletus. Uno de los mejores pilpiles de nuestra larga experiencia en la salsa ligada, con una acelga que podría haber pasado por espárrago cojonudo, un bacalao jugoso cocinado con atención y los boletus escondidos pero presentes. Un si es no es del boleto, no se si me entiende. Diez al plato. De segundo unos chipirones encebollados diminutos en tamaño, plenos en sabores, yodados acompañados de un rebozo que, ciertamente, no llenó de alborozo. El tercero un...

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