Asador Hondartzape (Gorliz). Pescatería, marisquería, entropía

NOSÍ (+25 rating, 5 votes)
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Imagen tomada de trivago.es

A menudo he zampado invitado en el Hondartzape de la playa de Gorliz, restaurante pescatero tradicional de nivel, a pesar de la apariencia exterior del local: desde fuera parece un chiringuito y un cartel advierte que está prohibido entrar sin camiseta. Hombre, si colgaran el menú en la entrada, muchos se cortarían de colarse. Pero es que esta es la gran pega de ese local. Su gran truco. La pega por todos los visitantes observada es que no sabes lo que te van a cobrar por lo que pides. No te enseñan la carta, o sea. Te cantan lo que hay ese día, y si te pasas del presupuesto, pues ajo y agua. Si insistes, puedes conseguir una carta de vino, pero para lo que sirve… La última vez pedimos un crianza riojano, Viña Alberdi de 2003, que estaba a 14 euros en la citada carta y a la postre nos cobraron 17. Je, je…

Por fuera el Hondartzape se erige como un reducto amenazado por la remodelación urbanística de la playa. Su futuro pende de un hilo y su supervivencia actual despierta sospechas sobre irregularidades y conchabeos con las autoridades. A la entrada el restorán tiene una barra de bar pequeña y el amplio y diáfano comedor se abre a la bahía por numerosos ventanales que muestran los montes, el mar, el arenal, el paseo… Si vas a papear en otoño/invierno no ves paisanos, ni paseantes, ni peña en bañador. Y si das la espalda al ventanal, cuyas paredes se van descascarillando, puedes mirar cómo cocina a la brasa el encargado de turno.

Pues eso, que a menudo he ido invitado por mis suegros. Casi siempre hemos comido besugo estupendo y gambas exquisitas, todo regado con riojas tradicionales: Muga, Viña Alberdi… Antes mi familia política solía compartir de entrante una ensalada de bonito y años me costó imponerme y convencerles de que más bien era una ensalada de cebolleta.

A pesar de sus apariencias, el Hondartzape es un garito caro, ¿eh? Por 90 euros por cabeza se puede librar. Suelen frecuentarlo parejas de jubilados con posibles y familias burguesas con adolescentes que ojalá sepan apreciar a lo que les convidan (pasé envidia viendo comer un chuletón a unos chavalucos). La dueña del garito (últimamente su hijo), con una hipócrita cercanía que me disgusta (te tratan de tú, como si fueses amigo) te canta las viandas con voz engolada en caída cansina y te describe los pescados de que disponen y para cuántas personas son. Es decir: no expenden raciones individuales, se debe escoger piezas enteras, enormes, para dos, tres o cuatro personas.

Siempre te intentan convencer para que te pidas más raciones. O te aseguran que el tamaño de un pescado es para dos personas y que va justito, y luego tres personas no acaban con él. O te cuentan que una ración de percebes sale a unos 30 euros y luego te clavan cuartentaytantos más IVA. O, como ya sabéis, indican un precio del vino en la carta y al final te cobran más. Todo así. Es de chiste entrópico. Te hallas a merced del camarero. Embargado por la incertidumbre. Di que a mí me da igual, querido lector, que nunca pago.

78 años
Mi por ahora último día en el Hondartzape, celebrando el 78 cumpleaños de mi suegro, seis comensales ocupamos una mesa redonda en el garito playero. El hijo nos atendió y nos cantó lo que había. Los pescados los recitó tres veces. Se pondría nervioso. Nos ofreció lo que tenían ‘de capricho’ ese domingo; a saber: percebes de Cabo Villano (ahí a tiro de piedra, a 115 euros el kilo le sonsacamos) y chipironcitos frescos a la brasa que eran una delicia, dijo (no lo dudo). Aparte, las ensaladas de pulpo y bonito, jamón, cigalas…

Para compartir pedimos tres viandas que nos sirvieron en orden dudoso. Abrimos con dos raciones de pulpo (25 + IVA cada una), en cantidad generosa (qué menos a ese precio), rico, de buena pinta, blanco, con pimentón y patatas cocidas, y de unos tres milímetros o cuatro de grosor cada corte, o sea delgados. Nos costó terminarlo y luego llegaron dos raciones de gambas (22 + IVA), aunque el tipo quiso colocarnos tres. No obstante, dos docenas de crustáceos para seis personas fue la cifra perfecta: exquisitas, grandes y estupendamente plancheadas. Acabamos los entrantes con los percebes (a 115 el kilo, 350 gramos, 40,25 euros en total), ricos y con sabor a océano, pero muy pequeños.

Nos lavamos las manos con las servilletas de limón y esperamos a los pescados. No elegimos ni merluza, ni lubina «de aquí», ni rey (quizá de Asturias), ni mero (enorme), ni rape… Pedimos besugo y rodaballo. El besugo, pez recomendado por la casa, era de Tarifa y para dos personas, pero tres se satisfarían también de lo enorme que era. Salía a 63 el kilo, y nos sirvieron uno de más de kilo y medio, que en total costó 102,06 euros más IVA. Estaba bien, pero no tanto como otras veces.

El rodaballo era para cuatro personas. Salía a 58 el kilo, pesaba 3,435 kilogramos y costó 141,25 más IVA. Este pescado hacía crecer el Viña Alberdi. La gelatina se entremezclaba con el aceite y estaba apetitoso, pero no comparable con los rodaballos fileteados del Maruja de San Vicente de la Barquera. Los pescados los hacen a la brasa en el Hondartzape y los sirven sin patatas ni guarniciones disimuladoras, únicamente con un refrito de ajo. Las raciones son para explotar: «No existe concepto pequeño», ironizó mi concuñado. «El besugo lo bordan», observó mi suegro Juan Cruz, quien se llevó lo que sobró en un túper, para prolongar su cumpleaños hasta el lunes.

Cepillaron la mesa con el quitamigas y de postre pedimos cuatro tartas (5,75 + IVA) y dos sorbetes de limón al champán (6), éstos en una copa enorme. Mi concuñado lo pidió con alcohol y lo juzgó normal, eso que refrescaba y llegó cargadito. Mi suegra lo ingirió sin alcohol. Las tartas fueron de chocolate («muy rica, como siempre aquí», juzgó mi cuñada), de yogur («muy refrescante, con la acidez de los frutos rojos», dijo mi cuñada) y para mí una pantxineta (robustamente hojaldrada, con almendras potentes y rellena de crema pastelera y yema; muy bien, pero las hay mejores).

Después, tres tomamos cafés, sin más, y la casa nos convidó a tres chupitos de pacharán casero (bermellón y con endrinas desafiantes). Mi suegro pagó 489,82 lereles. Solo bebimos dos botellas de vino y una de agua. Y no nos cobraron el pan, que no es costumbre en el local. Y, vaya, otra vez salimos pensando que qué caro, que cuánta cantidad y que qué rico.

(En táper se llevó el rodaballo restante Oscar Cubillo)

Paseo Bahía de Gorliz, 5; 48630 Gorliz (Bizkaia)

946 770 040

* cierra domingos por la noche y lunes *

DCF compatable JPEG ImgÓSCAR CUBILLO

Otro más de los licenciados en Ciencias Económicas que pueblan la nómina colaboradora de esta web. Cuando le da por ser comunicativo, manifiesta que publicó el mejor fanzine de rockabilly de España (el Good Rockin’, allá por los 80) y la mejor revista de blues de la Europa Continental (llamada ‘ritmo y blues’, editada de 1995 al 2000). Actualmente junta letras por dinero en el periódico El Correo, por comida en El Diario Vasco, por ego en Lo Que Coma Don Manuel y por contumacia en su propio blog, bautizado ‘Bilbao en Vivo’ y tratante, sobre todo, de conciertos en el Gran Bilbao, ese núcleo poblacional del que espera emigrar cuanto antes. Nunca ha hablado mucho. Hoy día, ni escucha. Hace años que ni lee. Pero de siempre lo que más le ha gustado es comer. Comer más que beber. Y también le agrada ir al cine porque piensa que ahí no hace nada y se está fresquito.

5 Comentarios

  1. Pilipekas /

    Que suerte hemos tenido en comer hoy estupendamente con vistas al mar y la playa de plentzia-gorliz. El trato cercano de todos los que trabajan allí hace que te sientas mas cerca de la filosofía de los arrantzales de siempre, el pescado de la zona y recién cogido es el mejor para disfrutar. Buenas cantidades y por todo lo que ofrecen ,barato ,si sabes apreciarlo, hemos comido dos personas por 135€ en el día de san Valentín con mucho amor y rico, rico. Q mas podemos pedir?

  2. Mario /

    La calidad es buena pero los precios son abusivos. No deja de ser un restaurante corrientito, y el sevicio es de tasca.

  3. Gerardo /

    Junio 2012
    Un robo a mano armada, culpa de los que no pedimos la carta, 200 euros por una comida para dos personas, buena eso si, me parece una salvajada teniendo en cuenta el servicio, el enterno y el propio restaurante que no pasa de ser de lo más normal e incluso me atrevería a calificarlo de cutre en ciertos aspectos.
    Como consejo, pedid precios antes o se os atrangatarán los postres.
    Saludos.

  4. jsm1951 /

    Por esas fechas también estuve comiendo con mis aitas, una hermana y mi pareja. Era la 2ª ocasión; en la 1ª no salimos del todo contentos pero decidimos volver por si acaso fue sólo un mal día. En vez de rodaballo, entre otras lindezas, pedimos medio mero para 3 a 50 lereles la ración (más IVA). Y llegó templado-frío a la mesa… Los pescados son de gran tamaño y las vistas atractivas, pero el servicio fatuo, el local necesita mejor mantenimiento y la relación calidad-precio no me parece adecuada. En mi opinión, hay mejores restaurantes por la zona donde darse un homenaje.

  5. Gran reseña, albricias, de enmarcar, supongo que como la factura…

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