Restaurante Sangotardo (Bilbao). Opción casera y asequible

Arroz marinero del Sangotardo (foto: cuchillo)

Todo el mundo sabe que hay restaurantes con una lista de espera del copón de la baraja, que El Bulli pudo presumir durante años de no tener una mesa disponible para lo que restaba de siglo, y que cualquiera se debe resignar a guardar cola en la céntricas sucursales de las franquicias. Pero donde realmente hay tortas para comer a diario es en restaurantes modestos como Sangotardo, local bilbaíno cuya comida es tildada recurrentemente de casera, lo que le convierte, al ser también asequible, en un santuario para aquellos que comen fuera de casa a diario. Hasta hace unos días ésa era para nosotros únicamente la teoría, y nos la sabíamos muy bien, pues a menudo nos habían hablado de las bondades de su menú del día, de su pericia a los fogones y de sus precios contenidos, así que teníamos ganas de pasar a la práctica.

Anchoas del Sangotardo.

Lo hicimos la semana pasada y optamos por llegar a última hora, para ahorrarnos la pelea del primer turno. Lograr un asiento entonces en su austero comedor te permite ahorrarte la espera en un negocio que no cuenta con una zona específica dedicada a tal fin. Esto es, te evita tirarte un rato en la calle, a la intemperie, hasta que alguien libre su lugar. Pero hay que andarse listo. Y madrugador. Así que optamos por la estrategia contraria, por llegar los últimos, casi a las cuatro de la tarde, pedir permiso y esperar tranquilamente, sentados, a que recogieran y prepararan la mesa que nos asignaron. Ni un mal gesto. Fuimos tratados con amabilidad y en ningún momento fuimos apremiados. Bien. No son pocos los lugares en los cuales te dan paso, a regañadientes o no, y terminan pasando la escoba por tus zapatos. No fue el caso.

La camarera, tras acercarnos la botella de Viña Alberdi crianza (2005) que solicitamos fuera de menú, nos recitó los primeros platos: ensalada, crema de calabaza y arroz marinero. La decisión fue unánime, todos nos decantamos por el arroz y no nos equivocamos. Pese a la tardía hora, el grano estaba en un punto idóneo, ni duro ni pasado, con una textura casi cremosa y bien sabroso, con sus chirlas y sus mejillones.

Entrecot del Sangotardo.

De segundo hubo división de opiniones: el sector masculino optó por completar un menú marinero, dando buena cuenta de unas anchoas, y el femenino se decantó por el entrecot con patatas. Las anchoas se presentaban fritas, con espina y sin cabeza, ligeramente enharinadas, una pizca más hechas y algo frías para mi gusto. Aquí no se lucieron. En cocina se reservaron para la carne, que apareció en ración generosa, pieza fina pero amplia, bien escoltada y luciendo un envidiable color rojizo en su interior. El punto se antojaba perfecto y mi bella esposa se pronunció: “está tierno y en su punto. Muy rico”. Qué suerte, arroz marinero y entrecot…

Flan del Sangotardo.

Pude desquitarme con el postre, pues al haberse terminado las natillas, y descartados helado de vainilla y zumo de naranja, pude disfrutar con un flan de huevo igualmente casero, sabroso y delicadísimo. De primerísima división. Por 12’50 euros, entre Diputación y la Plaza del Ensanche, una zona donde cualquiera te cobra 4 ó 5 euros más, se come muy bien en Sangotardo, un local sin ínfulas, excesos de diseño, ni pretensiones más allá de eso mismo, dar de comer bien a su fiel parroquia.

(amplía su Top Ten de menús bilbaínos asequibles, Igor Cubillo)

ver ubicación

Diputación, 2; 48009 Bilbao

94 424 35 97

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