Casa Cossío (Santillana del Mar). Menú austero, casero, reconfortante y típico típico típico

Entrecot de Casa Cossío (foto: cuchillo)

Fue fácil seguir nuestra pista en nuestra última incursión en territorio astur. Con la Guía Manolín bajo el brazo, y dispuestos a cuidar cuerpo y alma, dimos con nuestros huesos en complejos termales, en Sidrería Moreno, en Restaurante El Jornu… Sólo nos saltamos el guión en el viaje de regreso, cuando tomamos rumbo a Santillana del Mar dispuestos a comprobar nuevamente in situ sus tres grandes mentiras, pues ni es santa, ni es llana, ni tiene mar.

Abandonamos la autovía, pasamos junto al zoo de la localidad y aparcamos gratuitamente en la Plaza del Rey, explanada que en verano exige el pago de 2 euros por hacerse un hueco en ella. Santillana hay que pateársela, que por algo es muy bonita, pero también pequeña. Es un gusto desequilibrarse sobre sus cantos rodados mientras desciendes por su calle central, donde dejas atrás el Parador, varios restaurantes con menús de distintos precios, un Museo de la Tortura que exhibe algunos juguetes de la Santa Inquisición, tiendas que despachan anchoas de Santoña, sobaos pasiegos y Dulces Orgasmos (galletas de manzana) y abrevaderos que no pueden contener tanta agua antes de llegar a la colegiata de Santa Juliana, Monumento Nacional. Y allí nos quedamos, en la misma plaza, donde Casa Cossío recarga con carteles a cual más feo la fachada de piedra de su caserón. Que si este tonel lo patrocina este vinatero, mejor cerveza sin alcohol que luego vienen curvas, tenemos chuletón de buey cántabro, no se pierda nuestros sándwiches, bocadillos y raciones, cómase un helado, mire nuestra carta, hay menú del día… Cuánto mal ha hecho el turismo…

Fachada de Casa Cossío (foto: cuchillo)

Esa última fue precisamente nuestra opción: menú del día dominical a 12 euros, que la crisis nos afecta a todos. Vaya si nos afecta. Ni vino aparte pedimos. Nos tomamos como unos campeones, sin gaseosa ni nada, el que pusieron sobre la mesa, un veneno del que no convenía abusar (ya hemos hecho público nuestro deseo de cuidar cuerpo y alma). Tinto y agua regaron pues una comida desarrollada en el comedor de su primera planta, entre techos blancos, vigas de madera y paredes de piedra adornadas con ventiladores, platos, extintores y clásicos aparadores. Lo que uno se espera en una casa que no cuenta con página web (para qué) y que en los sobres personalizados de azúcar indica su teléfono como antaño, con sólo seis números (anda qué…).

Todo comenzó con el imprescindible cocido montañés (miré hacia otro lado, con aire despistado, y me encontré el plato a rebosar), un plato típico y bien contundente, común denominador de la oferta hostelera local, que en la preparación de Casa Cossío no acarreó pesadez posterior. Casi un milagro cuando hablamos de una receta a base de alubias blancas, patata, berza, chorizo, tocino, morcilla, oreja, manitas de cerdo… Cómo no va a estar buena, oiga.

A la hora de escoger el segundo plato sí echamos un vistazo a las cuatro propuestas antes de decantarnos por dos, entrecot y costilla, guiados en parte por su autoproclamada especialidad en carnes a la brasa y por la visión de su enorme horno-parrilla. Descartamos sardinas con ensalada y merluza a la romana, y solicitamos un entrecot que llegó a la mesa guarnecido por patatas fritas y pimiento rojo, en un tamaño más bien reducido que grande y dotado de buen sabor. Y en el otro plato se comió media costilla como lo haríamos en el monte con los amigos de la barbacoa, bien hecha, sin guarnición y teniendo a mano una salsa muuuuuuy picante, sólo apta para valientes.

La oferta de postres era realmente reducida y sencilla: manzana asada servida en un cuenco sobre recortes de corteza de cítricos, naranja pelada y fileteada regada con Cointreau, y un yogur que no probamos. “¿Flan no tiene?”. “El flan no está incluido en el menú”. Pues vaya con la crisis, ni un humilde flan nos vamos a poder llevar a la boca.

Sumen a lo referido (dos platos, postre y vino peligroso) un solo café solo, y la cuenta asciende a 25,31 euros. No nos arrepentimos de haber traspasado el umbral de este rústico local (bar, restaurante, parrilla, marisquería) de ambiente popular, apto para todos los bolsillos y donde las especialidades se extienden también a los ibéricos de bellota y mariscos del Cantábrico, aunque vimos a más gente comer rabas junto a su barra. Y donde el menú del día es austero, casero, reconfortante y típico típico típico. No extrañaría comer algo parecido en alguna casa cercana, junto a la chimenea y los mayores de la casa. Qué gustazo.

(Igor Cubillo)

ver ubicación

Plaza Abad Francisco Navarro, 12; Santillana del Mar (Cantabria)

942 81 83 55

Comedor de Casa Cossío (foto: cuchillo).

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