Casa Lita (Santander). 66 pinchos calientes y 21 fríos

Gildas de Casa Lita.

El Casa Lita es uno de mis bares favoritos de Santander. Junto con el Tívoli (ahí tomo caña o clarete con bocatita de calamares recién hecho), La Cigaleña (vinos extranjeros con tapa de bacalao),el Cañadío (viña Izadi y algún pincho), el Machichaco (un blanco y me arreglo con la tapa… si nos la proporcionan, que no siempre), la Cruz Blanca (birra guiri de barril y alguna tortilla rellena potentísima), el bistró del Lasal (ohh… Lasal… qué gin-tonic de Masters por 7 euritos libé el pasado domingo leyendo el ABC de la casa) y el Café Suizo para tomar un cortado en su terraza. Jo, me molan más los bares de ahí (La Pozona/Santander) que los de aquí (El Bocho/Bilbao).

El Casa Lita abrió en 2003 pero aún parece nuevo a pesar del desgaste de la mucha madera que lo compone. Según publicó el periódico Alerta en diciembre de 2010, es «la barra más espectacular de Santander». Partiendo del cocinero Joseba Guijarro (premiado con una estrella Michelin), el Casa Lita gana concursos de pinchos cuyos diplomas cuelgan por doquier y atrae a una concurrencia transversal y nutrida: turistas, familias, cuadrillas, parejas de todas las edades… El local tiene puertas de entrada (y de salida) a dos calles. En su fachada principal, que da al Paseo Pereda, se abre una amplia cristalera y tras ella se erigen dos mesas altas y redondas que son una gozada para consumir mirando a los paseantes. O para leer el ABC de la casa mientras tomas un gin-tonic a buen precio: 5 euritos el de Tanqueray, 6,5 el de Citadelle o el de Beefeater 24, 9 euros ya el de G’Vine, etc.

Estos precios de los combinados se exponen en un cartel o pizarrita. Otras pizarritas anuncian las copas de vino (Juve y Camps Rosé a dos euros que toma a menudo La Txurri, el cántabro Picos o el Blau de la denominación de origen Montsant que caté la penúltima vez que estuve por 1,90), las botellas de caldos (California, Calatayud, Madrid…) o los pinchos, que también preparan de encargo para llevar. La última ocasión que pisé su suelo, en la pared se anunciaban por 2,40 estos pinchos: picadillo habanero, morcilla con queso, pimientos rellenos, tosta marinerísima, triguero con jamón ibérico…

También esta taberna expende raciones contundentes que el paisanaje ingiere generalmente en las mesas laterales, éstas sin servicio de camareros. No obstante, sí hay atención al cliente en la terraza estival. Otra pizarrita anunciaba así las raciones en nuestra reciente visita: lomo de Jabugo a 15, chorizo Joselito a 12, cecina de León a 12, tabla de Ibéricos a 15, queso manchego a 10, tabla de quesos a 15, espárragos navarros extra gruesos a 13,5, anchoas artesanas de Santoña a 12,60… ¡ñam ñam!

Quiché de calabaza y puerro de Casa Lita.

Sin embargo, los parroquianos sobretodo frecuentan el Casa Lita por sus pinchos, expuestos en una barra zigzagueante en cuyo vértice norte reposa la prensa del día. Los numerosos camareros, en general bastante eficientes (sobre todo ellos, que explican muy bien las cualidades del producto), sirven y calientan los pinchos, caros y protegidos por vitrinas. Hay desde gildas brillantes (un cartelito anima a probarlas) hasta quiche de champiñón o de verduras (los quichés son especialidad de la casa y se presentan en generosas porciones triangulares), la brocheta de pollo al curri con langostino (con una salsa que no pica y un pollo estupendo, un éxito todoterreno que gusta a todo el mundo)… También ya habíamos catado sus sandwiches con vegetales, huevos, chaca, mahonesa y buenos langostinos, y un día luminoso me tomé un taco de bonito matutino tan sabroso que aún evoco hasta en qué postura me había colocado en la barra…En la web del Casa Lita enumeran 66 pinchos calientes y 21 fríos. La última vez que entramos en el local, este domingo, almorzamos de pinchos… Yo elegí tres: primero, de merluza rellena con salsa verde y gulas, una pieza grande que me calentaron y estaba suculentísima -más que el caro y escaso rodaballo que tomé la víspera en Suances-, un pincho con buen langostino y la piel del pescado (lo maridé con un blanco cántabro, un potable Ribera del Asón quizá un par de grados más caliente de lo debido, como le observé al camarero porque me preguntó si me había gustado); segundo, el pincho del mes de mayo, por dos lereles, que era un risotto de carrillera en su salsa, con buenas setas y cremoso arroz y una carne no muy tierna pero tampoco tiesa ni dura (lo maridé con una copa de Pruno, Ribera del Duero violáceo en este caso): y tercero, un quiché de calabaza y puerros, estupendo, trufado de queso, con cebolla caramelizada y leves especias en una porción enorme, de fácil masticación y suave entrada (aquí bebí la segunda copa de Pruno). La Txurri se tomó un par de copas de Juve Y Camps rosé (dos euros cada una, recuerden) acompañando a sendos pinchos: un sándwich jugoso y rico de vegetal y chaca («buenísimo», lo calificó la comensal) y, tras dudar ante un pincho de queso brié y jamón que pidió una dama a nuestra vera, se decantó por un quiché de champiñones que le encantó, un quiche también enorme y con mucho queso tipo feta (preguntamos al camarero por el queso, éste preguntó a la cocina y le contestaron que era queso Edam…; no lo creemos, era más bien tipo feta). En total, por cinco vinos y cinco pinchos, pagué unos 22 euros.

En Casa Lita también ponen mosto rojo en gruesos vasos, vermuts preparados y aromatizados, y como tapa patatas fritas de bolsa en platito. Al principio el Casa Lita no me convencía porque lo sentía demasiado concurrido, promiscuo casi, pero ya le he pillado el callo. Y cuando voy a Santander, nunca fallo. Por cierto, dos fallos suyos son: uno, que no aceptan tarjetas de crédito, y dos, que sólo hay un baño y se forman colas.

(le ha pillado la postura a la barra Óscar Cubillo)

web del bar

ver ubicación

Paseo Pereda, 37; 39004 Santander (Cantabria)

942 364 830

Cierra los lunes y abre a las 12 del mediodía

Raro ver tan vacía Casa Lita. Raro, raro, raro.

2 Comentarios

  1. Este fin de semana hemos estado en Santander y hemos pasado un rato por Casa Lita, que le gusta mucho a mi esposa. Pagaba ella, o sea que no me iba a negar. Fuimos el domingo y el garito estaba lleno de gente hambrienta e inquieta. Nosotros tomamos esto: yo un vino cántabro blanco (1,80), bah, una medianía levemente ácida tipo chacolí, y Susana un cavá rosé Juve y Camps (2,20), que le gustó. «Muy bueno», lo evoca ahora. Comimos las patatitas chip de tapita que nos pusieron hasta que salió el pincho del mes, el que le había pedido al camarero: ‘lubina negra con patatas panadera y pimiento asado’, más el pan de la base y unos daditos de tomatito. Todo por dos euritos. Estaba muy rico el conjunto, bien combinado, y la lubina blandita no era salvaje, pero lo disfruté.

  2. Estuve hace poco en Santander y pudimos pasar de nuevo por Casa Lita. Había poca gente a esas horas (muy atractivas las clientas) y los camareros nos atendieron con la celeridad y el detalle que les caracteriza. Yo bebí un crianza Faustino (1,5, rico, pero un poco caliente) y La Txurri un zurito Amstel (1,20… siempre le digo que pille cañas, que por el precio le compensa). Y yo comí un pincho de solomillo (de cerdo), sabroso, caliente tras el paso por el microondas, y con mucha guarnición sobre el pan (me lo sirvieron en plato y con cubiertos), y ella uno de tortilla rellena de bonito con mayonesa (tan bueno que ni me lo dio a probar). Cada pincho costó 2,40 euros y en total aboné 7,50 y salí contento. El Casa Lita nunca falla. Encima nos pusieron patatas chips de tapa, como casi siempre.

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