Restaurante Cáceres (Cáceres). Reinterpretando el producto típico

Detalle del comedor del restaurante Cáceres, que no pisamos.

En nuestra última visita entramos con mal pie en Cáceres. Engañados por una falsa sensación de confort, nos sentamos en los sillones de mimbre de La Minerva Tapas & Restaurant, pagamos nada menos que 2,50 euros cada cerveza (como en Biarritz) y vimos cómo el camarero de pelo-pincho y aire autosuficiente (Néstor, le identificaba la cuenta) no nos mostraba la carta de vinos (“están todos ricos”, nos dijo con nulas cortesía y visión comercial, perdiendo así la segura venta de una botella o más botellas, y los correspondientes descorches) y, además, nos dejaba sin tapa. Cuchillo preguntó al marchar, “¿Por qué no nos ha sacado tapa a nosotros?”. “Porque han salido más tarde, no sé…”, respondió el pelo-pincho, sin aportar una justificación de fuste, ampliando así un repertorio de características entre las que se cuentan la falta de actitud y aptitud para la tarea, la ineficiencia y la lentitud. Genial. Así está la hostelería.

Pero no estamos aquí para airear las miserias de La Minerva, aunque aprovechemos para hacerlo, porque el contraste experimentado incrementó la sensación de satisfacción en el cercano restaurante Cáceres. Este local, ubicado también en plena Plaza Mayor, rompe con el tópico del mesón de plaza de pueblo, que no deja de ser, la mayoría de las veces, un chiringuito de secano. Se distinguió por el trato cordial y eficiente de la camarera que nos atendió, en contraposición al colegueo no solicitado, ni deseado, que desprendían hace un año el “¿qué pasa family?” y el “venga family, ¡que se nos junta la cena con el desayuno!”, que nos dedicaba un mesero en el Bar Restaurante Español de Plasencia (donde nos empujamos Torta del Casar gratinada al modo de la Vera y sartén de huevos rotos con torreznos y pimientos fritos; rollo dieta, ya ven). Y por la originalidad de las preparaciones, donde se aprecia el deseo de actualizar el recetario tradicional, el producto típico, poniendo énfasis en la presentación sin mermar el sabor. Un acierto.

Tapa de solomillo del Cáceres (f: cuchillo)

En el Cáceres probamos tapas a base de punta de solomillo de cerdo ibérico sobre hojaldre napado en salsa de hongos; de pollo relleno de espinaca, ciruela y piñones; de sabroso bacalao con cebolla caramelizada; y de boletus con foie a la plancha. Y también tosta de Torta del Casar, recia pero sabrosa, estupenda con las botellas de Huno 2007, el afinado Ribera del Guadiana que pimplamos. Todo bien rico. Incluidas las mollejas con que rematamos, aunque las prefiramos levemente empanadas y consideremos un error regar con crema de Módena las chips que decoraban el plato.Menudencias, cuando uno contempla desde la terraza la entrada al barrio monumental, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1986: el Foro de los Balbos, con un pilón de la época de los Reyes Católicos; la almohade torre del Horno y la gótica de los Púlpitos, por sus matacanes cilíndricos; el Arco de la Estrella…

Recreada la vista y satisfecho el paladar, a la hora de pagar nos descontaron el pan que no habíamos comido (algo inaudito y, por tanto, doblemente agradecido) y nos invitaron a chupitos de crema de orujo. Un lujo. ¿Nuestra recomendación en Cáceres? El restaurante que dio nombre a la ciudad. Concretamente, la formula que por 24 euros/pareja permite recrear la vista con el derroche de piedra de la capital extremeña y degustar cuatro tostas o tapas elaboradas, dos postres, una botella (50cl) de vino (o “dos tubos de cerveza”) y un bollo de pan. Para qué más.

(Igor Cubillo)

web del restaurante

ver ubicación

Plaza Mayor, 30; Cáceres (Extremadura)

927 24 10 00

Vista parcial desde la terraza del restaurante Cáceres (foto: cuchillo)

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