Casa Méndez. (Villafranca del Bierzo) La comida berciana y los pimientos anhelados

Don Manuel, cascarrabias y grosero,  me lleva varios días diciendo que las lectoras las prefieren cortas. A las entradas me refiero. Así que, para hablar del Casa Méndez, en lugar de desviarme por los cerros de las Médulas, que era donde pensaba acudir y bucear en su historia romana de ruina montium y toneladas de oro, de contar cómo recobramos el Silencio en un bello hotel leonés y de narrar el paseo  por la señorial Villafranca del Bierzo, diré sin rodeos cómo, por cuánto y cuándo allí comimos.

Somos europeos de horarios cuando estamos de vacaciones. ¡Viva Europa, coño!, nos ha costado siglos construirla y ahora nos la quieren arrebatar en cuatro días por quítate allí una crisis y unos cuantos ombligos. Somos europeos, digo,  y nos gusta  la cena temprana tras poteos cortos y luego, reposo y trago largo, cama blanda, sueño largo y lo que se tercie por el camino, pero a conciencia. Y en Villafranca, la verdad es que la búsqueda de la cena  por eliminación  horaria quedó reducida a pocas opciones, por no decir a sólo  una.

Nos hizo gracia el nombre de Casa Méndez. Conocemos a un tal Méndez, empresario y mentor, al que profesamos cariño desde que decidiera con sus dineros montar una emisora de radio en la que perdimos la virginidad profesional y  también algunas de las otras. Esa, amiguitos,  es otra historia (guiño, guiño).

Casa Méndez es un restaurante pequeño que, por lo que adivinamos tras la rápida mirada a su comedor se surte fundamentalmente  de los alojados en el hostal aledaño. Los comensales eran cultos abuelitos solitarios centroeuropeos que cenaban lo que, presumimos,  era un menú del día (en este caso de la noche). La camarera un simpática argentina (creo) intentaba hacer comprender a los ancianos lo que eran los platos que les iban a servir. “Estee,  mirá vos, soooppa de fideo” y el abuelo miraba a la camarera como las vacas a los ferrocarriles y sin entender nada decía “eso”, lo que inevitablemente me recuerda al chiste del repollo. Yo en estos casos siempre trato de ayudar,  pero la compañía me corta el rollo y acabo por mirar angustiado cómo los guiris comen cosas que ni  en sueños imaginaron  que se iban a meter en la boca y de las que no tienen ni idea. Desde este blog me ofrezco a los extranjeros  las extranjeras que visten mis zonas urbanas y rurales  como catador, describidor y guía gastronómico. Work for food, oigan.

foto de la web del Casa Méndez

foto de la web del Casa Méndez

Nosotros desdeñamos el menú, que vimos que era corto y poco emocionante y nos tiramos a la carta, con respeto, eso sí.  Allí, en el pedido,  hubo una anécdota o sucedido  con la mesera argentina. Estaba empeñado, ya que estábamos en el mítico Bierzo, tierra bella, gente buena, en comer como aperitif unos pimientos de la zona asados al horno de leña. Somos fanes de los  que embota “Prada a tope” aunque somos más partidarios de asarlos a la leña nosotros mismos con nuestro mecanismo (habrá post del cómo). En cualquier caso ese capricho no pudo ser atendido y eso que en la carta había un plato denominado “Ternera guisada en salsa de vino, cebolla, zanahoria y pimiento del Bierzo” y otro llamado “Lacón casero con pimientos asados del Bierzo”. Le decía, “es sencillo, si vos tenés ese plato, por pelotas tendrés pimientos del Bierzo en la cocina;  me separás uno pocos, me los salpimentás, con un sofrito de ajos y me hacés el pibe más feliz de Villafranca”. No hubo manera, en la rígida disposición estatutaria el pimiento no se concebía sólo sino en compañía de otros.

Así que, por no comer demasiado empezamos con una ensalada de producto de la zona, sabrosa y bien aliñada (5 euros), seguimos con  Cordero lechal al horno (14 euros) del que tenemos un buen recuerdo con un punto conseguido, buena cantidad y de género de calidad. Y para terminar, más carne en un homenaje a lo local,  una enorme Chuleta de ternera del Bierzo (14 euros) que al ver el tamaño nos hizo pensar en cómo serían las dimensiones de lo que ellos denominan chuletón. La vaca berciana que dio origen a esa pieza maestra debió de llevar muy buena vida porque el sabor era espectacular y los pedazos se fundieron sofly with his song  en nuestra agradecida boca. Regamos la comida con un satisfactorio vino de las bodegas locales Peique, un tinto de la uva mencía, con notas de frutos rojos maduros, flores azules y carácter mineral. Se reveló con una excelente carnosidad en la boca, perfumado, amplio y sabroso. La relación calidad precio de otra galaxia, 9 euros,  nos avisó que debíamos aprovisionarnos de una caja en la cercana bodega. Así fue.

Rematamos con una tarta casera de fruta de temporada con bizcocho, crema pastelera y nata (4 euros). La experta en postres dijo que no estaba nada mal y yo corroboré picando una esquina (“¡siempre igual, por qué no te pides un postre para ti solo!”). Después un té para apurar el momento (cortesía de la casa, gracias por el detalle). Y para acabar, cuenta, más gracietas y risitas con la camarera para enfado de mi acompañante y paseo por las viejas calles de Villafranca, villa medieval, en el  noroeste de la Comarca de El Bierzo, a la entrada de Galicia y puerta del Parque Natural de Los Ancares, en pleno Camino de Santiago. Pero como el post debe ser corto, de las vistas y recorridos hablo otro día. Prometido.

 Trata de hacerse entender en argentino con escasa fortuna dicky

Casa Méndez

Calle del Espíritu Santo, 1

24500 Villafranca del Bierzo
987 54 00 55

http://www.casamendez.es

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *