Martinho da Arcada (Lisboa). Favorito de Fernando Pessoa

Ago 15, 13 Martinho da Arcada (Lisboa). Favorito de Fernando Pessoa

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Fachada de Martinho da Arcada, en Lisboa.

Fachada de Martinho da Arcada, en Lisboa.

A lo tonto, en diez días en Portugal disfruto de lo que más de dos comidas: unos deliciosos huevos rotos de noche en la Taberna Ibérica, y un par de pastelitos de crema, sucedáneos de los célebres de Belén, que compro de tarde en el supermercado Pingo Doce. No voy a restoranes lujosos, pero sí a bastantes recomendados en guías de viajes. En uno de los que más fe he depositado es en el Martinho da Arcada, uno de los locales favoritos de Fernando Pessoa, el poeta lisboeta venerado en rincones, vericuetos, estatuas y carteles de la vieja capital imperial. Este negocio es añejo y está ubicado en un pórtico de un vértice de la amplia, turística e imperial Plaza del Comercio, abierta a la desembocadura del Tajo. Elijo almorzar ahí impelido por este texto de una Guía Viva del Anaya Touring Club que reza: «Famoso café y restaurante inaugurado en 1782. Frecuentado por Pessoa. Mantiene su estilo tradicional tanto en la carta como en el aspecto. Se aconseja la cataplana, un guiso a base de almejas. Precio 25 €». Al final, por un entrante, dos primeros, un quesito y media botella de vino blanco y una de agua acoquino 75,50 aurelios. Salgo un poco plof, pero así es la vida.

El local se halla muy esquinado y preguntamos cómo se llega a un par de policías portugueses, expertos en maximizar la sombra. Llegamos y hay muchos comensales fuera, en el pórtico, y muchos menos dentro, en el fresco y blanco comedor que te retrotrae más de un siglo en el tiempo. Afuera, las mesas tienen servilletas de papel y se sufre el ruido del tráfico, el estrés de los buses, y cierto viento. Dentro reina el silencio, las servilletas son de tela y el servicio más distinguido y tranquilo. Nos sentamos en una mesa dedicada a otro artista: Júlio Pomar, un pintor cuya imagen preside nuestro hueco desde una foto. Hay más fotos de Pessoa y el salón es tan espartano, con pared blanca y alguna madera oscura, que parece en blanco y negro.

Estudiamos la carta. Susana rechaza la lubina de principal y el pulpo de entrante… Quizá mejor, pues aún desconocemos la generosidad de los platos portugueses. Susana bebe agua Vitalis (2,50) y yo media botella de Marqués de Borba (10,50), un blanco amarillo de final intenso, del Alentejo. Me lo recomienda el camarero joven, creemos que del Este, cuando rechazo el vino verde. Esta vez, como ella tiene hambre, comemos durante el prólogo el quesito (6): muy sabroso y vacuno, según la etiquetita curado y de la marca ‘Lactimonte’. Luego atacamos el primer plato, compartido, almejas a bulhao pato (18,50), que es una suerte de salsa verde con ajos pero alegrada con vino blanco. Están muy ricos los bivalvos y, en vez de perejil, llevan cilantro que La Txurri aparta en lo posible. Untamos bastante salsa con los bollitos de pan rudo (1,50 los dos). El vino va muy bien con las almejas y nos lo sirve el camarero mayor y orondo, que me recuerda a uno del Restaurante Maruja de San Vicente de La Barquera.

Vista del comedor de Martinho da Arcada.

Vista del comedor de Martinho da Arcada.

De principal, ella pide filete a la portuguesa (18,50) y la goza. Es una ración generosa, gruesa y jugosa de carne de ternera delicada, con patatas fritas, aportación de jamón y salsita con vino también. Está muy rica, sí, y revigoriza a Susana para seguir pateando los barrios de Lisboa. Yo pido bacalao a braz (18,50), pues por la calle, en mi barrio, me lo recomendó Marian, que ha visitado a menudo el país. En buena hora: se trata de una suerte de revuelto, con huevo, cebolleta, el inevitable cilantro y bacalao escaso y camuflado cual policía portugués a la sombra a las tres de la tarde. Es un plato seco, como el alma lusa, y tieso. Hay mucha cantidad y poca alegría. «Se te ve más aburrido…», se ríe mi esposa. Además, pienso que está demasiado hecho. Ella conviene conmigo y añade: «He disfrutado la carne como no te haces ni idea». Grrrr…

De acuerdo en que el bacalao tiene fama de comida de pobre fastuosamente preparado en Portugal, pero los he probado mejores en Euskadi: fresco en pinchos rebozados en tabernas, desalado en pinchos y en tajadas al pil-pil en bares y restoranes, o el mejor bacalao que recuerdo: en casa, una Nochevieja, cocinado por mi madre, al pil-pil, en su punto exactísimo de sabor, cremosidad, tamaño, suavidad… Se deshacía en la boca, despertaba las papilas y te volaba la cabeza.

A la hora de pagar calculo que en la Arcada, presuntamente predilecta de Pessoa, me clavarán 80-90 euros. Sin embargo, me reanimo al recibir la nota por 75,50. El camarero nos pregunta qué tal y le soy sincero: todo bien, pero el bacalao no tanto. Y replica: «A mí tampoco me gusta ese bacalao. El sabor está escondido. Vuelve y te preparo un bacalao fresco al horno sabroso». Y aporta mi esposa: «A mí no me gusta el bacalao y este sí lo he podido comer». Insiste el camarero: «Vuelve y verás qué bacalao».

Yo salgo un tanto decepcionado del Martinho da Arcada, pensando que le den al bacalao luso a partir de ya. Pero luego lo reconsidero y concluyo que no ha sido una comida despreciable. Hemos pedido queso, almejas, dos principales y la botella de vino, y han sido cuatro cosas ricas de cinco. Ojalá podamos regresar al local donde adoran a Pessoa.

(aquí probó el bacalao más insípido de su vida, Óscar Cubillo)

web de Martinho da Arcada

ver ubicación

Praça do Comercio, 3; 1100-148 Lisboa (Portugal)

+351 218 879 259

DCF compatable JPEG ImgEl autor: ÓSCAR CUBILLO

Otro más de los licenciados en Ciencias Económicas que pueblan la nómina colaboradora de esta web. Cuando le da por ser comunicativo, manifiesta que publicó el mejor fanzine de rockabilly de España (el Good Rockin’, allá por los 80) y la mejor revista de blues de la Europa Continental (llamada ‘ritmo y blues’, editada de 1995 al 2000). Actualmente junta letras por dinero en el periódico El Correo, por comida en El Diario Vasco, por ego en Lo Que Coma Don Manuel y por contumacia en su propio blog, bautizado ‘Bilbao en Vivo’ y tratante, sobre todo, de conciertos en el Gran Bilbao, ese núcleo poblacional del que espera emigrar cuanto antes. Nunca ha hablado mucho. Hoy día, ni escucha. Hace años que ni lee. Pero de siempre lo que más le ha gustado es comer. Comer más que beber. Y también le agrada ir al cine porque piensa que ahí no hace nada y se está fresquito.

2 Comentarios

  1. Oscar Cubillo /

    Tristemente ya he vuelto de Portugal a este solar donde nadie es lo que aparenta ser ni cree en lo que dice, pero tomo nota por si regreso a Lisboa, lo cual es posible, créeme. Gracias por la recomendación, Wyndorf

  2. wyndorf /

    óscar, si sigues por tierras lusas ve a la Cervejaría Ramiro, es una marisquería acojonante. Y aparte de los crustaceos, te ponen unos bocatas de solomillo que se caga la perra

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