Diez tipos de clientes tóxicos en los restaurantes

Mar 05, 14 Diez tipos de clientes tóxicos en los restaurantes

NOSÍ (+87 rating, 18 votes)
Cargando…Mucho se ha hablado en esta WEG de la calidad de la atención en los restaurantes. De los fallos en el servicio, del amateurismo en los sitios de comida, del falso compadreo y la campechanía malentendida. De hosteleros que parece que te perdonan la vida cuando acudes a su establecimiento y de otros vicios de la hostelería nacional.

Ahora toca hablar de nosotros, de los clientes, que tampoco somos perfectos, sino todo lo contrario. Sabemos, por experiencia,  que un cliente tóxico (o un grupo de ellos) puede arruinar un negocio, una comida y/o el carácter y la paciencia del restaurador o del camarero que lidia con ellos.

Si tuviéramos que hacer una clasificación de aquellos clientes que más rompen las pelotas  a otros comensales, y también a aquellos que les atienden en los restaurantes, éste podría ser un decálogo  aproximativo. Seguro que ustedes conocen más categorías; si lo desean, pueden incluir ejemplos en los comentarios de este post.

1.- Padres atontados con niños asilvestrados

Todos conocen a un padre de estas características. Diez años después del nacimiento de su criatura, sigue siendo incapaz de asimilar que ha tenido un vástago. El milagro de la vida, la continuidad de unos genes prescindibles, el acto más elevado y más epopéyico que conseguirá perpetrar en su gris vida. Seguirá pensando, siempre,  que esto es una hazaña, una epifanía, la hostia en verso. Nota bene: para aquellos que no lo sepan, todo el mundo es capaz de hacer un niño. Sólo hace falta encontrar una pareja (que hay gente para todo) y apuntar bien. Tener un niño es sencillo, educarlo bien está al alcance de pocos.

Lanzallamas modo ON

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Así que ellos flipan con las animaladas que hacen sus hijos en los sitios públicos y creen, en un gesto de magnanimidad, que todo el mundo en el restaurante debe estar agradecido por soportar las carreras, gritos, peleas y empujones de sillas. Los niños, tiernas criaturas, por lo general no tienen la culpa de tener unos padres tan gilipollas y permisivos, pero ese dejar hacer arruina las comidas de otros comensales.

¿Qué se puede hacer ante estas situaciones? Nada es la respuesta. Ni los camareros, ni los dueños de locales, ni por supuesto los otros comensales harán/haremos nada. En nuestra sociedad reclamar buen comportamiento a hijo ajeno está asimilado con la pederastia, el genocidio con gas sarín o la (yumm!) coprofagía. Así que nadie se mete en este jardín y, en esta civilización occidental de menguados y bienquedas, la solución (políticamente incorrecta) consistirá en crear una restauración children-free; y no, no es eso.

Y corolario a este párrafo, los niños insoportables y maleducados son siempre los de los otros, los nuestros sólo son ligeramente traviesos (y encantadores).

 2.- Graciosos

Una de mis amigas, a la que tengo por una chica inteligente, tras ser abandonada por su primer marido cometió la torpeza de casarse (otra vez) deprisa y mal. Se caso con un tipo tonto al que, años después, seguimos sin pillarle las gracias. Bromea por todo y de todo, sin gracia, y eso es cansino y hartante.

Pero el colmo de la vergüenza ajena es cuando acudimos con la pareja a un restaurante y trata, en un gesto de campechanía, de hacerse el gracioso con el camarero. Si a nosotros, que le conocemos, nos cuesta pillar el sentido de sus polleces, los camareros literalmente flipan. Así que me imagino eso multiplicado por diez o doce fulanos al día y, sinceramente, no entiendo que no haya  habido aún asesinatos rituales de clientes, como el que sale en True Detective.

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3.- Prepotentes

Esos que dicen que donde pago, cago. Groseros, maleducados. Para ellos el camarero es una especie por encima del esclavo, pero dos escalas más abajo del siervo de la gleba. Chistean, tutean, chasquean los dedos, imitan el sonido de un beso para llamar la atención. Piden de malos modos y creen que se les debe rendir pleitesía por el hecho de entrar a un restaurante. Y no hijos, no. A lo más que podéis llegar es a que os traten como vosotros tratáis a los demás.

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4.- Ligones

Es una de las situaciones que más sonrojo me hacen pasar en un restaurante. Los tipos (porque hasta la fecha sólo conozco tipos, no tipas) que piensan que, porque les sirva una camarera, tienen derecho a tirarle los trastos durante toda la comida.

Suelen ser señores de tres categorías básicas:

– borrachos patosos

– empresarios casposos

– engendros horrorosos

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La mejor respuesta a uno de estos patanes la escuché de boca de una camarera brasileña en un chigre de pueblo. A los reiterados requiebros de un agricultor nerdentalensis, la simpática muchacha le dijo: “La camarera no está incluida en el menú”. Que lo sepas.

5.- Parejas acarameladas o en proceso de ruptura traumática

Clase de Historia de la Transición Española. Hubo una época, allá por los años ochenta del pasado siglo, en la que los jóvenes y jóvenas que querían pulir sus armas y darles brillo tenían que acudir a ignotos parajes y contorsionarse en vehículos de gama baja. Todo eso es ya historia (con minúscula). Ahora esos padres, de los que hablaba en el primer punto, dejan que sus adolescentes se desfoguen en el cuarto propio (con tele) de las criaturas. Los que no tienen esa prebenda pueden, por un módico precio, ocupar una habitación de hotel low cost en las afueras de las urbes o en los agroturismos norteños.

Así que es asaz incomprensible que existan parejas que utilicen el restaurante como meublé. Pero los hay. Hemos sido testigos de una felatio bajo mesa en un italiano palentino, que ya hay que tener estómago y tragaderas para mezclar penne rabiatta con otros tipos de pene.

oh sí, oh sí, oh sí

oh sí, oh sí, oh sí

En el otro extremo están las parejas que deciden romper su relación de manera traumática en un territorio neutral y eligen fastidiar la cena al resto de las parejas de un restaurante con el drama griego.

 6.- Guarros

Sucios y ruidosos. Se hurgan los dientes con palillos, se aburren y bostezan. Se hurgan concienzudamente en busca de petróleo en sus bajos. El eructo ruidoso es signo de cortesía en una jaima del desierto saudí. Recuérdalo para la próxima vez que te invite un jeque árabe para emascularte en su tienda del desierto. Aquí sólo es una guarrada como el campanario de Begoña.

ascooo

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 7.- Estoy esperando

El comedor está hasta las orejas. Llega un par de fulanos, mientras haces cola esperando para que te sienten, y les acomodan por delante de tu turno. Se sientan y dicen con el mayor de los desparpajos que “están esperando a fulana”. Pasan los minutos y desmenuzan pan, charlan distraídos y la fulana (nunca mejor empleado un nombre) ni llega ni se la espera. En este sentido, es ejemplar la reacción de un hostelero llanisco que arrojó la mesa al puerto y dijo a los estupefactos clientes que los peces no esperan.

wish you were here

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 8.- Inapetentes

Soy un tipo que entiende el acto de la comida como una fiesta dionisíaca. Me da igual que sea un tres estrellas que el menú del día de un restaurante de barrio. Voy a comer como si no hubiera un mañana ,y a beber lo que me permita el hígado. Así que no entiendo a aquellos a los que no les gusta comer, a los inapetentes crónicos y a los tiquismiquis. A los, y las, que juguetean con la comida y, al final, dejan todo amontonado en un rinconcito del plato. Desde aquí les digo que ojalá no les toque pasar hambre, porque descubrirán que el ingrediente más exquisito, y el que más estimula las ganas de comer, es la falta de comida crónica.

no me comes nada Thor

no me comes nada Thor 9.- Te cuentan su vida 

Mesas corridas, bodas o restaurantes populares, y justo el que tienes al lado decide contarte su vida. Y no un poco. Tiene carrete para rato y no desiste. Su vida, sus milagros y los de sus niños, que son, curiosamente, los mismos del punto uno.

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 10.- Indecisos

Me vas a traer un bacalao al pil pil. No, espera, mejor a la vizcaína. El bacalao a la vizcaína… ¿qué lleva en la salsa? ¿Sólo choricero o también tomate? Choricero sólo. ¡Ah! Vale, entonces no me traigas bacalao, porque el choricero sin tomate me da acidez…

Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos,

Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza
y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos.

En ese momento el camarero está recitando para sus adentros la escena del Salmo de Ezquiel 25:17 en Pulp fiction. Y para tus adentros piensas en la misma línea y musitas: “cambia de opinión otra vez, te reto, cambia una vez más de opinión, motherfucker”.

 

dicky del hoyo 2014Dicky del Hoyo Periodista, multitarea, en red desde bastante antes de Internet. Le ha dado y le sigue dando a todos los palos del periodismo: cultura, política, nuevas tecnologías, prensa, radio, televisión e Internet. Trabaja para diversos Medios y también realiza  labores de asesor para empresas y entidades. Aunque es del mismo centro de Bilbao es un poco Zelig por los afectos y se mimetiza perfectamente, allá por donde va, con el paisaje y el paisanaje. Cree que a este mundo hemos venido para disfrutar y en eso se empeña, sólo o en compañía. Estar en @lqcdm y la comunicación gastronómica es sólo una excusa para pasárselo bien y dárselas de connosieur.

@zuloko en twitter

dicky@delhoyo.com .

13 Comentarios

  1. Valdría agregar los “cocinillas “.

  2. tienes mucha razonen cuanto al cliente , pero…se te olvida ,la camarera/o maleducada/o ,o el chef descubridor del plato subliminal (a 70 euracos) por cierto,(pagamos a charlatanes/as. y no comemos) y yo me quedo en el txoko .cocino y me sirvo..

  3. Magistral!! Y divertidisimo. Si,es así.

  4. didi /

    Yo incluiría al cliente sobón. Yo le dije a mi jefe que le dejaba de atender o le reventaba la dentadura de un puñetazo

    • Igor Cubillo /

      Horror. Alguien se la tenía que haber reventado, desde luego. Lamento la experiencia, didi. Un saludo.

  5. No se olviden del especial. Se aplica a todo tipo de productos, pero el mejor ejemplo está en un café con leche. Ejemplo:

    Un café con leche, pero que sea descafeinado, pero bien cargado aunque corto de café, pero no por ello con la leche hasta arriba del vaso… ¿te he dicho que lo quiero en vaso?, con la leche desnatada, muy caliente pero no hirviendo, sin espuma, con sacarina, tres sobres.

    Y pobre de ti como te equivoques en algún detalle…

    Por desgracia lidio con esto casi cada día.

  6. Con los del número 1 y 8 no puedo! Me salen úlceras…

    • Dicky del Hoyo /

      Los del ocho, como diría mi abuela, tendrían que pasar una guerra (o dos si son pequeñas)

    • didi /

      Yo no puedo con el 1. A un cliente le dije que no me pagaban por educar a sus hijos, que ya lo haría con los míos

  7. María M. /

    Bravo!!! qué buen sociólogo eres, cómo describes al personal. Más razón que un santo… Para mi, los prepotentes no merecen perdón de Dios, ni de Alá… Qué bochornos hacen pasar al resto… Por mi parte, espero no entrar en la primera de las categorías citadas 😉

    Abrazo enorme!

    • Dicky del Hoyo /

      Lía va a ser una niña ejemplar, que digo ejemplar, va a ser una gastrónoma 🙂

  8. Carlos A L /

    Completa descripción de la, desgraciadamente extendida, mala educación que nos rodea. Todos hemos vivido prácticamente la totalidad de las desagradables situaciones que tan bien narras…………..solo añadirte una vivencia cercana y que añade a tus 10 tipos de Cliente el onceavo mandamiento, el envidioso,,,,aunque fuese en un desayuno………:

    – Que desean los Señores?

    B – Un café con una madalena, por favor.

    A – A mi me pone un pincho de tortilla con un cafe con leche……….

    B- espere, espere……………..la tortilla estará caliente?

    – No señor y el microondas se ha estropeado

    B- Y tendrá cebolla

    – No señor, solo huevo y patata

    B- al menos será de hoy

    – Pues no, la hicimos anoche………..

    B- Bueno……………pongame a mi también un pincho por favor………

    • Dicky del Hoyo /

      Ese tipo no me ha tocado sufrirlo pero leyendo tu descripción merece estar en la clasificación. Un saludo y gracias, Carlos.

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