Algo Diferente (Bilbao). El restaurante griego del centro

Ene 29, 14 Algo Diferente (Bilbao). El restaurante griego del centro

NOSÍ (+52 rating, 11 votes)
Cargando…Lo primero, y más importante, en el Algo Diferente, el restaurante griego de Bilbao, se come bien. Bastante bien, diría yo. Esa es nuestra experiencia y aunque su menú, para los nuevos baremos “criseros”, sea un poco caro (13,50 euros), el sitio y la comida merecen la pena.

Dicho esto, me preguntaré, una vez más, sobre cuál es el criterio que siguen en los restaurantes para colocar a los comensales. Entiendo que siguen la pauta de la discriminación del tímido o del conforme. Así, a uno, que no es de exigir demasiado, porque creemos que el trato igualitario debiera de ir en el precio, siempre le acaban sentando en rincones o en mesa pegada a otros comensales.

El restaurante griego de la crónica estaba el día 28 de enero de 2014 con poca entrada, pese a que en las anteriores veces que hemos intentando comer menú nos hemos tenido que dar la vuelta por estar lleno. Y, pese a estar con abundantes mesas para repartir a los comensales, nos pusieron, una vez más, pegados a la única ocupada.

Y ahí comenzó el drama. El drama de escuchar una situación que no quieres, ni debes, oír. La pareja de al lado estaba rompiendo su relación. Y ni ellos tuvieron la intimidad que deseaban, ni nosotros pudimos, para nuestra desazón, dejar de oír el proceso de su ruptura. Quien lo dejaba o lo intentaba era él. Y ella se limitaba a llorar calladamente. “No podía aguantar más la situación”, añadía el chico, serio y tranquilo. Y aseguraba que había puesto todo de su parte, pero debían irse cada uno por su lado. Y ellos azorados, y nosotros tratando de mirar al infinito. Y me acordé de otras rupturas vividas en primera persona, y en especial de una de hace 25 años, que sucedió en un centro comercial de Córdoba. Y allí fui yo quien dijo que lo nuestro se había acabado, pero ella ya lo sabía antes que nadie, porque ya estaba a otra historia. Y, a pesar de que yo tuve que dar el paso, acabé llorando. Y agradecí tener sitio e intimidad para el desahogo. Pero, sobre todo, ahora que ha pasado el tiempo, he dado mil veces gracias por dejar una relación tan tóxica y porque la ruptura me dio la oportunidad de encontrar proyectos más provechosos, y no seguir atado a una persona que, ¡ay!, no me quería como yo la quise.

Desde aquí te digo, M, dos décadas y media después, y sin rencor alguno: “¡qué te den!, y que te vaya bonito, o no”.

En fin, que la comida fue buena pero el trago fue amargo, porque nosotros somos una pareja empática y porque ellos, educados, nos desearon que nos aprovechara la comida. Pero hubiéramos preferido que la camarera, simpática, atenta y profesional, nos hubiera colocado, ya que había más mesas, con un espacio entre los lugares ocupados.

El menú incluía de primero ensaladas, mollejas de cordero a la griega (que, aficionados a la casquería, estuvimos a punto de probar) alubias con salsa de marisco y, nuestra elección, la kakavía, una espesa sopa de marisco muy bien ejecutada, con un especiado sabor a pescado. Mi bella acompañante se decidió por la eufónica Spanakopita, pasta filo con espinacas y queso feta, gustosa y densa. Un señor plato. Y mención especial al pan, con un sabor a orégano sutil y abundante, como debe ser.

Algo diferente, el comedor un poco apretado

Algo diferente, el comedor un poco apretado

De segundo ofrecían los poco griegos flamenquines y un salteado de verduras. Nuestra elección fue un divertido hatillo de pasta filo, el pitakía, relleno de verduras, queso feta y carne picada; y la shakshuka, una cazuela con un huevo escalfado, verduras y el omnipresente queso gratinado. Muy correctos ambos platos y suficientes para llegar a los postres bien comidos.

Y de postre varias clases de un excelente yogur griego, claro, y una tarta de chocolate (casera) que ya no hubo manera de acabar.

La comida se acompañó con sendas copas (más bien vasos) de un verdejo y, a favor del servicio, diremos que se nos repuso una segunda copa sin incrementar la factura, un detalle que desde aquí agradecemos.

En definitiva, Algo diferente es una alternativa para comer en la zona centro de Bilbao de una manera mediterránea, sana y divertida. El local es pequeño y coqueto y su servicio es profesional y dedicado. Sus propuestas son diferentes (valga la redundancia) y volveremos para probar sus arroces, de los que nos han hablado muy bien, y su espectacular brocheta de cordero a la brasa.

web de Algo Diferente

ver ubicación

Henao, 30; 48009 Bilbao (Bizkaia)

94 427 27 63

dicky del hoyo 2014Dicky del Hoyo Periodista, multitarea, en red desde bastante antes de Internet. Le ha dado y le sigue dando a todos los palos del periodismo: cultura, política, nuevas tecnologías, prensa, radio, televisión e Internet. Trabaja para diversos Medios y también realiza  labores de asesor para empresas y entidades. Aunque es del mismo centro de Bilbao es un poco Zelig por los afectos y se mimetiza perfectamente, allá por donde va, con el paisaje y el paisanaje. Cree que a este mundo hemos venido para disfrutar y en eso se empeña, sólo o en compañía. Estar en @lqcdm y la comunicación gastronómica es sólo una excusa para pasárselo bien y dárselas de connosieur.

@zuloko en twitter

dicky@delhoyo.com .

 

4 Comentarios

  1. Dicky, según he empezado a leerte me he dicho a mí misma: Qué bien!!!! Por fin un griego en España donde se come bien! Que además es algo que no entiendo porque he estado unas cuantas veces en Grecia (península e islas) y me parece una gastronomía increíble y sanísima, pero que en su desarrollo en el extranjero solo consigue mediocridad tirando a cutrez.
    Pero es que luego con tu relato de la pareja, el tema de la comida ha quedado en segundo plano. Qué situación por Dios.. que mal trago. Me imagino que esa pobre mujer tenía que estar acordándose de todo Olimpo al verse protagonista de tal vergüenza ajena y la par del mal rato.
    Te digo que a todos nos ha pasado algo similar y efectivamente con el tiempo te das cuenta del gran favor que te hiciste a tí mismo o te hicieron, pero tenerlo que compartir con la mesa de al lado me parece cruel e innecesario. Ahora que también te digo que mi adorado Txubillo es del pelo y ya he vivido situaciones de estar inmersa en una discusión de las que acaba prácticamente con navajas, y la pareja de al lado no dejar de mirarte porque están prácticamente pegado a ellos…

    Algunos lo llaman restaurantes con encanto, yo digo que el encanto muere cuando podrías opinar perfectamente sobre la conversaión de el de al lado aunque esté susurrando.

    • Zuloko /

      Hola!

      Y sobre todo, si el problema es que no hay sitio se entiende, pero si sobra el espacio, se agradece un poco de intimidad.

      En ese sentido y de nota es una hamburguesería de Bilbao (Peggy Sue) a la que dejamos de ir porque, siendo pareja siempre nos colocaban en mesas diminutas aunque el local estuviera vacío. También nos pasó eso en el japonés de moda de Bilbao, el Shibui, que a algunos de los que escriben esta WEG les parece fantástico y a mi sobrevalorado.

      En cualquier paso la gesión del espacio es una asignatura pendiente de muchos restaurantes. Tener sitio y no saber utillizarlo para la satisfacción del cliente es una política comercial nefasta e incomprensible.

  2. Mira, no deberia, pero no veas la risa que me ha entrado: por nuestras conversaciones de despechados, de relaciones tóxicas, de gente que (menos mal) hemos dejado por el camino, por esa ciudad andaluza, por ese petardo de S que dió paso a J… en fin, qué nos vamos a contar! 😉

    Respecto a la comida, la primera vez que fui, fue todo muy bien, la segunda, PÉSIMA. Tan mala fue, que ni he escrito un post, porque el cabreo, la atención y la cena, fue de levantarse e irnos. Empezando por un dueño que se toma demasiadas licencias para vacilar a la unica fémina de una mesa de tres, (yo misma), que no se da cuenta de que no hace nada de gracia, que pasa olimpicamente de la decisión de los comensales y a su criterio nos trae un vino griego, que chico, tó pa él. Una cena, a la carta, donde no son capaces de decirnos que la ensalada que hemos pedido es la misma que viene como acompañamiento en los tres segundos que vienen después; tampoco nos ofrecen el aperitivo que sirven al resto; mi hamburguesa, fria, con la carne medio deshecha; la brocheta de mis acompañantes, dura, imposible de masticar; de repente, apagón en el restaurante durante 15 minutos interminables para que la mesa del fondo cantase el cumpleaños feliz, a la luz de UNA vela, la de la tarta. Mejor no sigo… Por cierto, Lu’um ya tenía un problema de frio en ese local con la puerta que mal cierra, y ese aire acondicionado/calefacción que apenas tira. Y no lo han solucionado los de Algo Diferente.

    Ale, un besito, artista! Muacks!

    B.
    A mi no me vacila un griego. Never more.

    • Dicky del Hoyo /

      Jodó, qué experiencia más chungalí.
      Decir que al susodicho ni le vimos, estaría de libranza, pero las camareras, como menciono en el post, muy profesionales.
      Imagino que el menú del día lo tienen bastante más rodado.
      Besos, y de despechados ¿nada! ellos/as se lo han perdido, por atontaos!

Trackbacks/Pingbacks

  1. Diez tipos de clientes tóxicos en los restaurantes | Lo Que Coma Don Manuel - […] el otro extremo están las parejas que deciden romper su relación de manera traumática en un territorio neutral y…

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *