Le Bistrot du Moulin (Villeneuve lez Avignon). Los mínimos para comer a gusto

Ago 01, 14 Le Bistrot du Moulin (Villeneuve lez Avignon). Los mínimos para comer a gusto

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Resulta que en junio acudí como acompañante a una boda cerca de Mónaco en la que sólo conocía a una persona; a la que, como adivinaréis, estaba acompañando. La propuesta en su día me pareció de lo más interesante, así que accedí y allí que nos fuimos en coche, a recorrernos toda Francia en un roadtrip de cuatro días escasos y muchos incidentes de tráfico. Decidimos parar de camino. A la ida en Toulouse (que a mi edad me acabo de enterar que es Tolosa en castellano) y a la vuelta en Avignon (esa maravilla que volveré a visitar con más tiempo).

El azar y la falta de atención quisieron que entendiéramos que estábamos reservando un hotel en el centro de Avignon cuando, en realidad, lo estábamos haciendo en el centro de una población cercana llamada Villeneuve lez Avignon. Tras un pequeño disgusto inicial, por tal metedura de pata, descubrimos que, lejos de ser una torpeza, habíamos acabado en un lugar idílico y tranquilo, y con un hotel de esos que se autodenominan románticos por algo. La pena es que era un viaje de amigos y el romanticismo, en nuestro caso, brillaba por su ausencia.

La carta de Le Bistrot du Moulin (f: Jarvisey)

La carta de Le Bistrot du Moulin (f: Jarvisey)

Sólo íbamos a estar un día, por lo que tocaba hacer la visita de rigor a toda prisa, pero el intrigante dueño del hotel nos hizo una recomendación: “Si quieren cenar bien un domingo, aquí sólo les recomiendo un sitio: Le Bistrot du Moulin”. Disfrutamos de un breve tour a pie por Avignon, pero el tiempo apremiaba y había que volver para poder cenar, ya que nuestra reserva era para las 20.30, horario tardío francés (menos mal que reservamos porque estaba literalmente lleno).

Llegamos y nos encontramos un restaurante de esos en los que no puedes evitar utilizar muchas onomatopeyas cuando entras: “¡ayyyy!, ¡ohhh!, ¡uyyy, qué bonitooo!, ¡ohhhh, qué chulo!, ¡mira mira mira! ¡Pero, ohhhh!”, ya me entendéis. Nos quedamos en la terraza, que hacía calor para eso y para piscina de hielos. Un diligente camarero nos trajo la carta tamaño real. Nos recomendó la grillade du bistrot (“grillade du bistrot, frites maison, salade verte aux croûtons, olives et parmesan”; 14,50 euros) y nosotros, que somos muy confiados, allá que fuimos. Y nos aventuramos a pedir también el salmón ahumado en una tartaleta de pasta quebrada (error) y el tartar de buey (error). Compartimos todo.

En Le Bistrot du Moulin (foto: Jarvisey)

En Le Bistrot du Moulin (foto: Jarvisey)

Con sinceridad, no puedo decir que comimos de maravilla. No soy yo muy fan de la comida francesa, en general, de sus condimentos y la sobreutilización del cilantro, pero los mínimos para poder comer a gusto se cumplían todos. El punto de la carne, la calidad de la misma, las patatas caseras, el salmón muy suave (a pesar de la crema que lo acompañaba).

En realidad, es posible que parte de culpa en las quejas que he enumerado fuera mía, por no saber elegir. Vi platos mucho más apetecibles en el resto de mesas y el lugar merecía mucho la pena. Dentro hay un salón a dos alturas que parece el salón de un castillo medieval y, a un lado, hay una estancia con artículos para decorar tu casa a la venta, todo muy vintage.

En resumen, ¿recomendaría este sitio a alguien que pasara por ahí? Pues yo creo que, en general, sí. Aunque preparando la cartera, ya que te cobran hasta los licores de hierbas. Te sacan carta y tu miras alucinado los precios de esos vasitos gratuitos en nuestro territorio. ¡Y qué precios!

(Jarvisey)

web de Le Bistro du Moulin

ver ubicación

74, Rue de la République; 30400 Villeneuve lez Avignon (Francia)

04 90 25 45 59

contact@bistrotdumoulin.com

Salmón ahumado, en Le Bistrot du Moulin (foto: Jarvisey)

Salmón ahumado, en Le Bistrot du Moulin (foto: Jarvisey)

Un comedor de Le Bistrot du Moulin (foto: lebistrotdumoulin.com)

Un comedor de Le Bistrot du Moulin (foto: lebistrotdumoulin.com)

La autora: JARVISEY

Foto perfil JarviseyPeriodista de carrera, que no tanto de profesión, aunque sí de afición. Con el corazón partido por medio Europa, de manera caótica y descompensada. Defensora de causas perdidas, amante de los animales, soñadora empedernida y gastrónoma frustrada. Mis tardes de lluvia y manta las paso acompañada de buen cine. Obsesiones confesables: Allen, Kubrick, Ophüls, Catalina de Rusia, Bowie, Brel y Escandinavia. Inconfesables; el cine y la música de los 80, Truffaut, Gardel y los documentales de guerra. Absténganse aficionados a encuentros deportivos varios, cine de palomitas y hit parades. Soy esa rara avis que siempre cae mal en las primeras conversaciones. Qué le vamos a hacer.

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