La rumba está triste. El miércoles se apagó definitivamente la voz de Pedro Pubill Calaf, aka Peret, el rumbero que cantó a las chicas, cantó al tabernero, cantó a la portera, cantó a lo que sea, cantó al mundo entero. Cantó incluso a los filetes con huevos, esos para chuparse los dedos. Y a la sopa de tortuga, la langosta a la vizcaína y la pierna de cordero, qué cosa más fina. Lo hizo en ‘El mesón del gitano’, composición que dio título a esa película dirigida por Antonio Román, y estrenada en 1969, donde interpreta a un joven gitano al frente de un mesón atestado de turistas.

Pero no hace falta ser extranjero para desear pasar la vida chupa que chupa, que chupa y rechupa. No es mal plan pero, puestos a escoger (descartando las opciones procaces, que esto lo leen los niños), mejor si es en el mesón del gitano donde, ya lo sabrán, hay quien se chupa los dedos y hay quien se chupa las manos.

La canción transcurre con ritmo y alegría, guitarra en ristre, entre sugerencias dignas para cenar. Sirva este Momento musical de homenaje a un embajador de la alegría del canto y del baile. A un hombre valiente; de los cobardes nunca se ha escrito nada.

(Igor Cubillo)

https://www.youtube.com/watch?v=dv8RMowskOQ&rel=0

El gran Peret, embajador de la alegría del cante y del baile (foto: Yolanda Cardo)
El gran Peret, embajador de la alegría del cante y del baile (foto: Yolanda Cardo)

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Periodista y gastrósofo. Heliogábalo. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Director de Suite, el único foro gastronómico sin cocineros de este país.

igorcubillo.com