Beti Lagunak (Leioa). Amplio, rústico y barriero

Feb 16, 15 Beti Lagunak (Leioa). Amplio, rústico y barriero

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Varias veces he almorzado en el Beti Lagunak, un amplio garito asentado desde hace muchos años en mi barrio. Ahora se anuncia como Café & Parrilla Beti Lagunak. Algunas voces comentan que es cutre, pero su comedor siempre está lleno de cuadrillas de amigos, de brigadas de policía autonómica, de fieles clientes solitarios sabatinos, de familias enteras… Los findes, como no reserves mesa con antelación, igual no te aceptan, eso que cabe un montón de peña en su amplio espacio, que contabilizan en 500 metros cuadrados y califican de rústico. Yo he comido muchas veces su menú y puedo decir que el servicio es bueno y ágil, que entre los platos siempre destaca alguno por su casera excelencia y que nunca ninguno resulta despreciable, aunque pueda limitarse a la insipidez vistosa. Mi única queja es que, llamándose sidrería, no ponen una botellita de sidra guipuzcoana en los menús diarios.

En bastantes ocasiones he deseado escribir en esta web culinaria sobre el Beti Lagunak (Siempre Amigos, en euskera). Por ejemplo, ese sábado que vi en su menú que había conejo y algo apetitoso también de primero. O cuando hace poco probé su estupenda lengua de ternera; estupenda por cantidad, presentación y sabor. Pero corrían los días y no hacía nada. Le buscaba pegas al garito, sobre todo la de que el vino es flojo. Con decir que te traen vino, gaseosa y agua… Con el tinto no me había atrevido al empezar este texto y ahí suelo beber con clarete. Susana con caña tostada. Y la última vez, un sábado en que almorcé ahí, el morapio estaba a su temperatura ideal y me dije: escribo. De hoy no pasa.

Menestra de verdura, en Beti Lagunak {foto O.C.E.}

Menestra de verdura, en Beti Lagunak {foto O.C.E.}

Ese sábado no era la primera ocasión que salía de casa con intención de gastarme una pasta en almorzar invitando a mi esposa, pero ella, como casi siempre, puso pegas y me propuso mirar antes el menú del día del Beti Lagunak, bar-restaurante-terraza (cruzando la carretera) que cuenta con una buena web que barniza de glamour las instalaciones y anima a comprar viandas con servicio a domicilio. Lo vi y me convenció. Era sábado, valía 11 lereles, vi que había lengua y piqué. Me invitaba Susana y, además, me autosugestioné así: aquí, pagando 22 euros de los dos menús, la salida sale igual de barata que las patas de cerdo que pensaba pedir para mí en el Igeretxe de Ereaga, mi primera opción ya frustrada.

Les sigo narrando. Siempre conozco a gente que come en ese local. Siempre hay rostros reconocibles, fieles de sus mesas, que yo memorizo desde hace… décadas. En el Beti Lagunak siempre hay reservadas mesas enormes, larguísimas, para celebraciones especiales. Siempre hay alguna abuela con hijos y nietos. Y gente joven que sale a fumar constantemente, a la acera de su entrada principal: los tíos echan risotadas y las tías despliegan su lengua viperina. Yo, por comodidad, por descarte, de rebote o por mero apetito, he comido bastantes días en el Beti Lagunak, y salgo regular tirando a bien porque soy un gourmand (o algo parecido, no sé qué soy). Sin embargo, Susana siempre sale encantada. Bebe con cerveza tostada y sale tan contenta.

Berenjena rellena, en Beti Lagunak (foto: O.C.E.)

Berenjena rellena, en Beti Lagunak (foto: O.C.E.)

La penúltima vez que acudimos ofertaban esto de primero: ensalada de rejo (sucedáneo de pulpo; un día la probé y sin más), patatas a la riojana que seguro estaban bien, más lo nuestro. Para mí, berenjena rellena de verduras, bien presentadas en colores remarcados por el tomate Orlando, pero sabor sin profundidad que, más que a carne, le supo a marisco a mi esposa; y eso a pesar del queso gratinado. Susana pidió canelones de carne, sabrosísimos, dos unidades agraciadas sobre un purecillo a modo de cama.

Ella empezó genial, y yo sin más. No obstante, en el segundo plato ambos disfrutamos: ella pidió lubina asada, muy hecha y bastante aceitosa, pero buena y en ración grande; yo lengua de ternera a la jardinera, rica, con setas sabrosas de guarnición y una generosa cantidad de carne que comí metódicamente en bocadillitos y que tragué feliz de la vida con el clarete en su punto de temperatura. Además, acabé la lubineta de Susana, que sería de piscifactoría, pero un poco fría estaba aún más rica. También de segundo había ese día brocheta de calamares con allioli, que volaban vistosas a las mesas, y churrasco de ternera a la parrilla, que no vi por ninguna parte.

Lengua a la jardinera, en Beti Lagunak (foto: O.C.E.)

Lengua a la jardinera, en Beti Lagunak (foto: O.C.E.)

De postre, Susana pidió una tarta de queso que calificó de floja y yo una de manzana para mí costumbre fría pero muy rica. Ella pidió un café con leche que no me mata ahí. Abonó los dos menús, más su volldamm y el café, y otro sábado librado sin ir a hacer recados, cocinar, preparar la mesa, limpiarla, fregarla… En anteriores ocasiones en el Beti Lagunak habíamos comido ensalada de queso normal; pencas rellenas sobre puré muy aparente; pollo asado, un tanto requemado pero correcto; pasta a los cuatro quesos, servida en sartén y gratinada que a Susana convenció; calabacines rellenos sin más –muchas verduras parecen insípidas en ese local, aunque llegan bien presentadas sobre sus camas de puré y sus colores fuertes y naturales-; sardinas asadas con patata panadera, muy sanotas; la lengua a la jardinera que bordan y presentan de diversas maneras; menestra de verduras caldosa, abundante y obreril; o ese sarteneko que pidió Susana un día y que sólo tenía un huevo.

Sopa de pescado, en Beti Lagunak (foto: O.C.E.)

Sopa de pescado, en Beti Lagunak (foto: O.C.E.)

El mismo menú lo sirven con extras: con cochinillo por 7 euros más, cordero por 8, codillo por 3, rodaballo por 5… Y, justo antes de entregar este texto, otro sábado acabamos de rebote en el Beti Lagunak. Yo salí encantadísimo. Veamos: de primero había ensalada de anchoa y pimiento asado, alubia blanca arrocina, y lo nuestro: Susana una lasaña de verduras que le pareció justita, pero a mí bastante buena; para el menda una sopa de pescado aromática a distancia, densa, con buenas almejas y formidable. Susana con caña tostada y yo con vino; me atreví con el tinto, LM, de mesa, estaba fresco y entraba muy bien. Al pagar (ahí creo que siempre ha invitado Susana, yo nunca he pagado) se lo comenté al dueño/encargado y me miró sorprendido. Si es el normal, de mesa, alegó. Ya lo sabía.

Salmón, en Beti Lagunak (foto: O.C.E.)

Salmón, en Beti Lagunak (foto: O.C.E.)

De segundo había en el menú sabatino secreto de cerdo a la parrilla (un poco seco, dijo alguien); bacalao a la vizcaína (yo lo habría probado, pero vi volar un plato con una ración no muy grande); sukalki de ternera; carrillera de ternera estofada que intuyo estaría buena; y salmón a la plancha con salta tártara que pidió Susana y le gustó. Yo pedí uno de esos extras: lechazo a la brasa, por lo que se debe abonar 8 euros más. Vino con patatas fritas ricas, pimientos rojos potentes y una ración suficiente de jugoso cordero, con muchas costillas para chupar y algo de rabo, que iba muy bien con el vino. De postre, un flan muy bueno y una crema catalana de cortar, aparte porque estaba cristalizado el caramelo cobertor. Y, por cierto, el pan ese día estaba muy bueno: chapata de barra cortado en porciones. Jo, qué bien, qué cerca de casa. A veces, cuando me siento misántropo, no me apetece ir al Beti Lagunak, pero si las dos veces últimas hasta el morapio ha estado bien, por 11 euros un finde ese menú es de calidad/precio notable. He dicho. Y Susana siempre ha defendido al Beti Lagunak, y es ella la que paga ahí.

(si incluyera sidra ese menú diario, lo frecuentaría más a menudo Óscar Cubillo)

web de Beti Lagunak

ver ubicación 

Gaztelubide, 3; 48940 Romo-Leioa (Bizkaia)

94 464 35 47

DCF compatable JPEG ImgÓSCAR CUBILLO

Otro más de los licenciados en Ciencias Económicas que pueblan la nómina colaboradora de esta web. Cuando le da por ser comunicativo, manifiesta que publicó el mejor fanzine de rockabilly de España (el Good Rockin’, allá por los 80) y la mejor revista de blues de la Europa Continental (llamada ‘ritmo y blues’, editada de 1995 al 2000). Actualmente junta letras por dinero en el periódico El Correo, por comida en El Diario Vasco, por ego en Lo Que Coma Don Manuel y por contumacia en su propio blog, bautizado ‘Bilbao en Vivo’ y tratante, sobre todo, de conciertos en el Gran Bilbao, ese núcleo poblacional del que espera emigrar cuanto antes. Nunca ha hablado mucho. Hoy día, ni escucha. Hace años que ni lee. Pero de siempre lo que más le ha gustado es comer. Comer más que beber. Y también le agrada ir al cine porque piensa que ahí no hace nada y se está fresquito.

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  1. LQCDM: Beti Lagunak (Leioa). Amplio, rústico y barriero | bilbaoenvivo - […] veces el vino ha estado bueno, me animo a comentarlo en la web ‘Lo que coma don Manuel':…

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