No show, son unos ladrones

Ene 05, 18 No show, son unos ladrones

“El mundo está mal, hemos pasado por los periodos Jurásico, Proterozoico, Terciario y hemos acabado en la Era Idiotozoica”. Me lo escribía ayer mismo un cocinero, y sin embargo amigo, después de que los integrantes de tres mesas no se presentaran en el comedor de su restaurante, sin suspender previamente la reserva existente y sin responder al teléfono con posterioridad, para explicar el desaguisado. Nada menos que dos mesas de cuatro personas y una tercera de ocho, lo que suma 16 inciviles cobardes.

Llueve sobre mojado, pues no se trata éste de un caso aislado; la no comparecencia sin previo aviso en los locales donde uno ha reservado para disfrutar de nuestra gastronomía está a la orden del día, con el correspondiente perjuicio para los emprendedores. Es normal, entra dentro de lo previsible y comprensible que un inconveniente o malentendido obligue a alterar un plan, así que basta con telefonear para anular la reserva y permitir que otros comensales ocupen el lugar, sin más quebradero de cabeza. El verdadero problema surge cuando al impedimento se unen mala educación y falta de valor (tan en boga hoy en día), cuando el interfecto no se toma la molestia de advertir de su ausencia y, además, no tiene la valentía de descolgar el móvil para escuchar al hostelero interesarse por su circunstancia o cantarle las cuarenta, que también está en su derecho, pues el capricho altera el desarrollo del servicio, afecta a la gestión de alimentos y genera pérdidas económicas.

Sospechosos habituales

No show, un gran problema nuestra hostelería (foto: Cuchillo)

No show, un gran problema para nuestra hostelería (foto: Cuchillo)

La situación tiene un nombre bien conocido por el personal de los hoteles, “no show” y, lamentablemente, su reiteración ha provocado que toda la ciudadanía sea considerada sospechosa habitual y cada vez sean más los negocios que interponen filtros. Lo que tradicionalmente ha sido un sistema basado en la confianza, como lo es el monetario desde que sal, conchas, especias, oro o piedras preciosas no son utilizadas como moneda de cambio, se empieza a desmoronar por la ineptitud de una minoría. Así, cada vez es más frecuente que a uno le pidan el número de la tarjeta de crédito o el adelanto de una cantidad de dinero cuando realiza una reserva en un restaurante, con el fin de cubrirse las espaldas en caso de espantada; aunque denote desconfianza, nadie se debe llevar las manos a la cabeza, pues ya es práctica habitual en los referidos hoteles e incluso se paga con antelación en los despachos de comida basura, y ahí nadie chista.

Y si el hecho ha sido bautizado con un anglicismo (no show), sus perpetradores merecen un sustantivo más castizo y miserable: ladrones. Con todas sus letras, pues su comportamiento termina privando de dinero a sus víctimas y, de propina, nos perjudica al resto de clientes. Ya basta de menospreciar el trabajo de nuestros profesionales, pues no todos nadan en la abundancia, aún no es posible llamar a la Policía Gastronómica, ni siquiera existe un TripAdvisor para que sean ellos quienes valoran a los clientes y este tipo de comportamiento afecta sustancialmente a su actividad y a su economía. Respect.

(si no puede ir, avisa con tiempo Igor Cubillo)

IGOR CUBILLO

Periodista especializado en gastronomía y música. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Manager del foro BBVA Bilbao Food Capital, director de la weg Lo Que Coma Don Manuel, responsable de programación gastronómica de Mundaka Festival y responsable de Comunicación en Ja! Bilbao. Aún escribe de música en Kmon y de comida en 7 Caníbales, Gastronosfera, BiFM y Guía Repsol, y la buena gente de eldiario.es cuenta con sus textos coquinarios en distintas ediciones.

Vagabundo con cartel, se dobla pero no se rompe, hace las cosas innecesariamente bien y ha pasado la mayor parte de su existencia en el suroeste de Londres, donde hace casi 30 años empezó a teclear, en una Olivetti Studio 54 azul, artículos para El País, Ruta 66, Efe Eme, Ritmo & Blues, Harlem R&R ‘Zine, Bilbao Eskultural, Getxo A Mano (GEYC), DSS2016, Den Dena Magazine, euskadinet, ApuestasFree y alguna otra trinchera.

Como los Gallo Corneja, es de una familia con fundamento que no perdonaría la cena aunque sonaran las trompetas del juicio final, si es que no han sonado ya. Y si es por él, seguiréis teniendo noticias de este hombre al que le gusta ver llover, vestirse con traje oscuro y contar historias de comida, amor y muerte que nadie puede entender. Eso sí, dadle un coche mirando al sol, una guitarra y una canción, una cerveza y rock and roll, y no le veréis el pelo más por aquí.

Ah, tiene perfil en Facebook, en Twitter (@igorcubillo) y en Instagram (igor_cubillo), pero no hace #FollowBack ni #FF. Se le resisten ciertas palabras y acciones con efe. Él sabrá por qué…

3 Comentarios

  1. Iñigo más lago /

    Estoy contigo,hay gente que reserva en varios restaurantes el mismo día y va al que le apetece o cerca le pilla..y encima no anula la otra..falta de respeto!!!un saludo!!

  2. antonio concejo /

    Yo guardaba en la agenda el número y la próxima vez que llamasen para reservar, les decía que sí y el mismo día de la reserva les llamaba para decirles que donde las dan las toman. Por sinvergüenzas.

  3. daviduvi /

    Es triste leer esto solo desde el punto de vista del hostelero, pues a la inversa también ocurre. Hace unas dos semana reserve para el día de reyes y por qué me dio por llamar para decir que llevábamos silla de ruedas, porque resulta que no había sitio. La reserva la hice desde la web propia del restaurante y la respuesta llamando el día 4 con una comida para 11 el día 6 fue que no había sitio. Comprueban mi reserva y me llaman, que se canceló y me informaron… a mi no…. y me dicen que de todos modos he reservado a través del tenedor (falso) pero me aclaran que sus reservas de su web son a través del tenedor y que “llame yo al tenedor para quejarme” ¿qué llame yo? Faltaría más que tenga yo que solucionar el mal funcionamiento de su contrata. Me queje claro, y quedaron en llamarme. Llegamos al día 5 a las 13 horas, hasta el momento sin respuesta. A esa hora me llaman, tenia yo razón y nadie me dijo que no tenía sitio… mil disculpas y que nos habían hecho sitio… tarde, yo no podía esperar respuesta para el día después, ya busqué alternativa.
    En fin, que estos sucesos son bidireccionales y por lo tanto, ¿le pido yo la tarjeta al dueño del local?

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