Los precios sin IVA y el octavo Mandamiento

May 05, 18 Los precios sin IVA y el octavo Mandamiento

Piensan los cándidos que ésta de periodista y gastrónomo es una profesión entregada al trago gratuito y la bacanal diaria, un tobogán de pecados capitales, una invitación a la gula y al despitote. En su mente todo el monte es orgasmo (sic), vaya, y piensan mal. Porque resulta que sí, que ayer me apreté un horseneck antes de tomar asiento en un lujoso restaurante, dispuesto a comer ostras y caviar, pero no es menos cierto que hoy escribo esto mientras desayuno un lamentable café soluble descafeinado, una muestra gratuita y conmemorativa del 50 aniversario de una multinacional de alimentación cuyo consumo preferente se recomendaba antes de septiembre de 2006. La estancia es manifiestamente pequeña, no coqueta (cuando se habla de habitabilidad no valen eufemismos) y la cama está revuelta, pero únicamente se aprecia hundido un lado del colchón. La soledad es así de caprichosa, de izquierdas o de derechas, busca el abrigo de la ventana o esa metafórica salida de emergencia que es el frío pomo de la puerta. No hace prisioneros.

Pienso en ello, en los barrotes de nuestras sofocantes celdas interiores, en nuestras fatigas, pesares y melancolías, y rebuscando qué leer me topo con un artículo reciente de La Viña (hosteleriamadrid.com), ente que nació allá por septiembre de 1882 como asociación de tiendas de vino de sexta clase de Madrid. Reproduzco a continuación su segundo párrafo. Reza así: “Si los precios no figuran con el IVA incluido, ese negocio estará incumpliendo la Ley 44/2006, de 29 de diciembre, de mejora de la protección de los consumidores y usuarios, que establece que la información sobre los precios de los productos que figuran en las cartas, listas de precios o cualquier soporte informativo de precios del restaurante, bar, cafetería o similares, deben incluir el IVA, es decir, el precio final que el cliente va a pagar por el producto”.

Ya escribí sobre ello hace muchos meses: podemos idear el cuento que se nos antoje para maquillar el desajuste (‘El chef con botas’, ‘La hostelerita despistada’, ‘El empresario durmiente’, ‘El sumiller valiente’. ‘Hilario en el país de las maravillas gastronómicas’), pero el ánimo de aparentar un precio inferior, el deseo de embaucar, de engañar y alucinar, de ofuscar o seducir haciendo que se tome una cosa por otra, es el motivo real por el cual las cartas de demasiados restaurantes y bares de esta tierra de nunca jamás continúan sin incluir precios netos. O sea, con todos y cada uno de sus lacerantes impuestos.

Moisés con las tablas de la ley. El octavo Mandamiento: no dirás falso testimonio ni mentirás.

La infame letra pequeña es el pan nuestro de cada día en muchos de esos documentos: “El IVA no está incluido en los precios”, “+ 10% de IVA”, “IVA no incluido”… Coletillas sangrantes ante las cuales asociaciones como la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) y FACUA (Consumidores en Acción) invitan a rebelarse. No paguen más del importe que aparece junto a cada plato, niéguense a ello, animan, como si tal resistencia fuera sencilla en un país pícaro y cainita donde el libro de reclamaciones ha sido un garrote escondido bajo el mostrador o exhibido amenazante en la pared, junto a décimos de lotería y botellas de Soberano.

Es obligatorio incluir el IVA en el precio mostrado

Tal vez ese disuasorio elemento folclórico ha resultado determinante para que convivamos con una ilegalidad que a mí, particularmente, me irrita. Y más en refectorios de postín, de sol Repsol y estrella Michelin, que es precisamente donde más cobran por sus creaciones y, consecuentemente, más tentador resulta el tender la trampa. Y escribo ” ilegalidad”, insisto, porque el artículo 60 de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios también refleja la obligación de indicar “el precio total, incluidos todos los impuestos y tasas”. Y la ley dicen que es para todos, guste o no, también para los popes del comer, que tampoco encajarían con una sonrisa el hecho de verse obligados a pagar 1,603 euros la gasolina que se anuncia en el luminoso a 1,325 euros. Ó 2.176,79 euros por ese bonito abrigo que en el escaparate luce una etiqueta de 1.799 euros.

Otro día hablaremos de lo que señala el último párrafo del texto de La Viña: “Finalmente, según el texto refundido de la Ordenación de Restaurantes según la Orden Ministerial de 17 de marzo de 1965, en su artículo 6, habla de que ‘Ningún restaurante podrá percibir cantidad alguna por los conceptos de cubierto, carta, reserva de plaza o cualquier otro similar”. De esa felonía, otro día.

(Igor Cubillo)

Mal. El IVA debe estar incluido (foto: cuchillo)

IGOR CUBILLO

Periodista especializado en gastronomía y música. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Manager del foro BBVA Bilbao Food Capital, director de la weg Lo Que Coma Don Manuel, responsable de programación gastronómica de Mundaka Festival y responsable de Comunicación en Ja! Bilbao. Aún escribe de música en Kmon y de comida en 7 Caníbales, Gastronosfera, BiFM y Guía Repsol, y la buena gente de eldiario.es cuenta con sus textos coquinarios en distintas ediciones.

Vagabundo con cartel, se dobla pero no se rompe, hace las cosas innecesariamente bien y ha pasado la mayor parte de su existencia en el suroeste de Londres, donde hace casi 30 años empezó a teclear, en una Olivetti Studio 54 azul, artículos para El País, Ruta 66, Efe Eme, Ritmo & Blues, Harlem R&R ‘Zine, Bilbao Eskultural, Getxo A Mano (GEYC), DSS2016, Den Dena Magazine, euskadinet, ApuestasFree y alguna otra trinchera.

Como los Gallo Corneja, es de una familia con fundamento que no perdonaría la cena aunque sonaran las trompetas del juicio final, si es que no han sonado ya. Y si es por él, seguiréis teniendo noticias de este hombre al que le gusta ver llover, vestirse con traje oscuro y contar historias de comida, amor y muerte que nadie puede entender. Eso sí, dadle un coche mirando al sol, una guitarra y una canción, una cerveza y rock and roll, y no le veréis el pelo más por aquí.

Ah, tiene perfil en Facebook, en Twitter (@igorcubillo) y en Instagram (igor_cubillo), pero no hace #FollowBack ni #FF. Se le resisten ciertas palabras y acciones con efe. Él sabrá por qué…

2 Comentarios

  1. Igor Cubillo /

    El blues y el rock and roll unieron nuestros destinos en los años noventa, cuando él comandaba The Flying Rebollos y yo tomaba cervezas en el Bluesman bar de Portugalete,, buscando inspiración y contenido para Harlem R&R ‘Zine. Las olas del mar me han devuelto a Edorta Arostegui, quien ahora gobierna un velero de 12 metros de eslora y MARMITAKO SAILING, empresa que aúna navegación, gastronomía marinera y rocanrol. Que no nos falte (que no, que no).

    El jueves disfruté de lo lindo el Marmitako Tour que comercializa. Salimos al El Abra navegando a vela y luego recorrimos la ría, hasta donde nos permitió la altura del mástil y ya a motor, para que no se cayeran las copas de txakoli y tinto de Rioja Alavesa con las que acompañamos el “gazpacho portugalujo” (bonito en escabeche, cebolleta y aceituna, bien aliñados); endivias con piquillo y anchoa; un marmitako de rechupete; y queso con membrillo y nueces. Salió el sol, tuvimos a Txus Alday de grumete y visitamos a Txarly en su refugio del Museo Marítimo. Fue un dia grande.

    Una experiencia más que recomendable, necesaria. Keep on rockin’! Keep on cookin’!

    http://www.marmitakosailing.com/

  2. Igor Cubillo /

    Qué bello eso que escribió Julio Camba del erizo, extracto de mar, hálito de borrasca, esencia de tempestades. Ojalá estuviera a la altura de su prosa para ensalzar nécora y cigala, a quienes contemplo como reinas del marisco, crustáceos que representan la elegancia, la delicadeza y la sabrosura escondidas bajo una cáscara. Y para remarcar por qué considero a Gotzon, que acaba de cumplir 50 años, el mejor restaurante de Bakio y de muchos (muchísimos) kilómetros a la redonda. Las hermanas Gotzone y Sorkunde Longarai derrochan pasión, savoir faire y simpatía a la hora de atender al comensal y preparar con verdadero tino estandartes de la cocina tradicional vasca, como son pescados y salsas primorosas, lo mismo una vizcaína para callos y morros que una densa tinta, bien trabada, para el begihaundi. Unan a ello un local espléndidamente diseñado por Verno, una cuidada selección de vinos y una terraza con jardín enlosado frente a la playa, e imaginarán mi gozo al rechupetear esa nécora a la plancha, aliñada con whisky, manzanilla, limón y sal, que he regado con txakoli de Bakio, Doniene Gorrondona. Por no hablar de tres manjarosas cigalas que Gotzone había frito con aceite, brandy, ajo, limón y sal. Un almuerzo espléndido, pardiez.

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