Restaurante La Dársena (Suances). Misterio resuelto

Jul 18, 13 Restaurante La Dársena (Suances). Misterio resuelto

Publicado por en Cantabria, Destacado

La chica de La Dársena cantó ‘La Traviata’: la chica cantó ‘La Traviata’: “El menú es el mismo todos los días. No lo colgamos por eso. Además, si lo anunciásemos, esto se pondría a tope cada día. Y preferimos dar carta”.

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Restaurante Amita (Suances): Gozando del producto del mar

Me gusta mucho Suances, el municipio costero cántabro, a media hora de Santander, encima de Torrelavega, a la derecha de Santillana del Mar. Voy siempre que puedo, con la parienta, claro, que es la que conduce. Paseamos sobre las olas de sus dos playas principales, compro embutidos ibéricos y huevos navarros en la cadena de supermercados Lupa, tomamos potes en la zona del puerto (una ronda típica sería: Amita, Cholo, Sidro, La Dársena y el antiguo Socaire, ahora rebautizado Sidney), tomo gin tonics mirando al mar en El Castillo, almuerzo de menú del día o a la carta o de guay, y en general holgazaneo en mi burbuja. Calculo que hemos estado en nueve de sus numerosos hoteles y nuestro favorito es el Albatros (paredes con hiedra, habitaciones pequeñas y coloreadas, piscina rechula, serenidad exterior…), aunque en función del precio cada vez nos hospedamos más en El Caserío, agraciado con vistas increíbles a la bahía. El bar-restaurante Amita está un poco esquinado, alejado de las terrazas que dan a la playa y de los bares que dan al puerto, pero tiene mucha clientela. La Txurri y el menda lerenda lo frecuentamos. Cañas, tónicas y vinos tomamos en su barra, y nos suelen poner tapa. En su terraza concurrida nos hemos animado a pedir raciones, sobre todo de mejillones con tomate: enorme cantidad, precio barato (¡5’60 euros!), pan para mojar, sabor para recordar… Tomando potes en esa terraza he mirado con envidia a otras raciones de los clientes, como las de ventresca con pimientos asados (10,60). Hasta La Txurri se anima en la terraza: «Un día pedimos una tabla de quesos», comenta. Un día, en el bar, a ella le dio por curiosear el libro de visitas, donde los comensales escriben sus impresiones, y yo pensé al leerlas: «En cuanto podamos, venimos a comer aquí». Y lo que me costó convencerla y encontrar la ocasión propicia, pero al salir ya quería ella volver. Un sábado por la noche reservamos en la propia barra. Había cola...

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