Petit Komité (Galdakao). El mejor secreto nunca contado

Oct 06, 11 Petit Komité (Galdakao). El mejor secreto nunca contado

Publicado por en Bizkaia

Me va a perdonar mi redactor jefe, el  curvilíneo  Don Manuel,  pero me voy a saltar los plazos. Este post tenía que salir el próximo lunes pero estoy desvelado, como buen siervo de la gleba,  tras  un día intenso de dialécticas contra Señores Feudales. Creo que la tecla es una de las mejores compañías que puede tener un periodista insomne. Convendrán conmigo (y si no convienen quédense tranquilos que no se lo tendré en cuenta)  que uno de los grandes placeres es el antes y el después. El mientras está sumamente sobrevalorado, aunque a veces también tiene su punto. El caso es que cuando, hace justo ahora una semana,  nos llegó un correo invitándonos a la inauguración de un restaurante llamado Petit Komité todas nuestras alarmas saltaron. Somos independientes, afirmamos en la presentación del blog. Nos tranquilizaron, no querían alquilar nuestra pluma, sólo querían avanzarnos un secreto muy bien guardado situado en Galdakao. Eso fue el antes. La noche la recordaremos. El jueves pasado, a finales de septiembre de 2011, el pequeño país que baila entre montañas había encadenado unas singulares semanas de sol y buen tiempo. El ambiente era calido, casi se podía decir que el viento era mediterráneo. Esos aires que despiertan la sensualidad y te mantienen alerta. A la puerta del bello caserío Iraragorri, un emplazamiento con seis siglos de vida cuya última reforma se inspira en la arquitectura de Iparralde, donde utilizan el color sin complejos, empezaron a llegar criaturas de la noche. Esos seres que hacen del placer y de la charla su modo de vida y que viven para contarlo. Profesionales de la letra negrita y aficionados a la buena gastronomía. Allí estaba lo mejor de cada casa, y nos fijamos en que los grupos editoriales y las televisiones  habían mandado a sus primeros espadas. Los periodistas, para qué negar la mayor,  tenemos fama de perros que devoran cánidos, pero en este caso el terreno de juego era neutral y todos nos saludamos con las mejores de nuestras sonrisas. El lugar, la puesta en escena,...

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